Opinión | Diario de Sol
Bebe
Se fue a Madrid a volar por los mundos artísticos de los noventa. Ella sabía que así tenía que ser

Marisol Torres con Bebe. / M. T.
20 años, parece que ya todo pasó hace veinte años, o treinta… algunas veces, parece que el ayer puedes tocarlo con los dedos, sumergirte en sus olores, releer poemas de primeros amores, escuchar los temas que te hicieron feliz en la ladera de un castillo o llorar con el corazón roto, pero que te sirvieron para crecer.
En estos tiempos muchas bandas de música, solistas recrean en sus giras sus años de trayectoria musical. El pasado viernes Bebe actuaba en Sevilla, en la sala Pandora, Gira Pafuera Telarañas. Así que con Esmeralda War, nos fuimos caminito de la capital andaluza, bien temprano, para degustar unas tapitas en la Alameda de Hércules antes del evento. A las nueve de la noche, comenzaba la actuación en la que más de mil personas, aforo completo de la sala, comenzamos a cantar los temas con los que Bebe triunfó. Hermanos de Bebe, amigas de Badajoz, Montijo, Zafra, lugares en los que ha vivido y a los que vuelve con frecuencia.
Había ganas en el público, de todas las edades. Daba gusto ver a niños, niñas, adolescentes que han crecido escuchando sus temas. Y sus madres, sus padres, dándolo todo, cantándolo todo.
Que Bebe llegara a triunfar no fue anecdótico, ni tampoco fue la suerte. Fueron muchos años de cargar con su guitarra a trompicazos. La recuerdo en la Cabeza del Toro, mítico local del casco antiguo de los ochenta, con sus cancioncitas de autora que comenzaba. Del instituto Zurbarán a cantar.
Nosotras éramos más mayores y de oscuridades musicales, pero nos encantaba verla cantar. Había algo en ella que envolvía, se dejaba querer y escuchar.
Se fue a Madrid a volar por los mundos artísticos de los noventa. Ella sabía que así tenía que ser.
Perderla de vista para volver a verla hecha una promesa en Búho Real, o en el Café Libertad, salas sagradas musicales madrileñas en las que comenzaba a crecer mi amiga, y de qué manera.
Y grabaría películas y comenzaría a tener su propia banda de músicos, su hueco en una industria musical con pocas mujeres al frente.
Cuando comenzamos en Telefrontera, una de las dos teles locales de Badajoz a hacer el Sónar, vino como Madrina de lujo…
Después realizamos el programa de música El Elefante Sónico, para Canal Extremadura TV y nos concedía entrevistas, siempre.
Como buenas amigas, siempre estuvimos cerca, muy cerca, con tiempos de silencio, que también son necesarios para seguir siendo.
Algunas veces, nos veíamos sólo en Navidad. Cuando ella venía a Badajoz, a casa de sus padres, allí me instalaba yo.
La familia Rebolledo es muy acogedora. Cinco hijos y, ahora, nueve nietos, dan para un portal de Belén bien grande.
Nieves madre, es la señora que mejor luce los sombreros en Ciudad de San Andrés, y don Rebolledo padre, me enseñó a reconocer un buen aceite para las tostadas del desayuno, y que un tiburón puede morder, pero no siempre mata, otras, te hace más fuerte.
Heredó Bebe el hacer hogar, en el que sentirte en el tuyo. Desde los compartidos con amigas, a los que después fue habitando en distintas partes de la vida, de su mundo.
Podías llegar a la puerta de su casa con refrescos del chino de enfrente y encontrarte con Miguel Campello, cantante de El Bicho, buscando su puerta, que venía a grabar un tema con ella.
En 2007 nos hizo felices. Vino a ser la protagonista femenina del corto ‘Atardecer Rojo’, dirigido por Alex Pachón y en el que por primera y última vez voy a estar delante de la pantalla. Si la gente supiese lo difícil que es ser actriz, interpretar un papel, valorarían mucho más el trabajo actoral.
Al publicar ‘Pa fuera telerañas’ y la eclosión musical llegaron premios Grammy, Goya, Ondas y la tempestad de no poder más y querer salir huyendo.
Como ella misma cuenta y canta, «Hay un trozo de luz en esta oscuridad, el tiempo todo calma, la tempestad y la calma».
Llegaron nuevos discos, pero lo más bonito que parió no fue una canción, se llama Candela, a la que me encanta llamar Candelius y ver con ella series de miedo que me quiten el mío a la oscuridad.
En esta no entrevista no hay preguntas formuladas a la protagonista.
Cuando le dije que iba a escribir sobre ella en mi Diario de Sol, me dijo, escribe lo quieras, sé que vas a contar lo que se puede contar.
Un trocito de nuestra amistad está aquí reflejada.
Otras historias que no se cuentan forman parte de nuestras aventuras, travesuras, viajes, vacaciones, Guapos, islas, festivales mediterráneos, lágrimas que se curan con un buen amanecer en los Caños de Meca.
Festivales de la Croqueta junto a nuestro Guadiana que formando de la Bechamel Band nos daban la vida el 26 de diciembre. Balcones en los que aún no hemos sido Antonio Banderas y Evita Perón, pero que no dudamos en conquistar en algún Pregón de Carnaval.
Hoy seré feliz, aunque el invierno sea duro y sea largo. Componer este texto con el corazón roto por tantas vidas que se han ido en los trenes que no llegaron, me costó.
Feliz Vida a todas y todos. Nos encontramos por estas calles nuestras de Badajoz.
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