Opinión | Cotidianidades
Ya no hay jubilados en las obras
De pronto llega ese momento mágico que pasa de una oscuridad tenue a iluminarse el terreno con los colores del amanecer

La grúa se mueve por encima de la obra con movimientos lentos. / D. A.
Tengo unos días de vacaciones en este enero de mañanas gélidas y tardes frías. No tan frías como en Groenlandia. La Groenlandia que se ha hecho conocida en el mundo por ese niño caprichoso, quiero esto y lo quiero ya. Caprichoso y peligroso. Y qué me dicen de regalarle la medalla del premio Nobel de la Paz, eso mejor ni comentarlo, aunque yo debería callar.
A mí me regaló una de sus medallas deportivas Lolo Unión, el mejor deportista extremeño, que sigue compitiendo a sus ochenta y pico años. El domingo pasado estuvo en el campeonato de natación de Andalucía celebrado en Málaga. La medalla que me regaló la tengo guardada entre mis objetos más preciados.
Lolo ha conseguido con su esfuerzo y sus condiciones físicas tantos trofeos que los obsequia a la gente que aprecia. Dice que ya no le caben en la vitrinas de casa. Le dije que las medallas no se regalan, las medalla se ganan, pero él, que en cada competición que participa se trae seis o siete, las da como una muestra de cariño hacia las personas que estima. El trofeo de Lolo Unión lo tengo guardado en un lugar preferente de mi casa y de mi corazón.
La medalla que me llevó Lolo Unión al Centro de Salud donde trabajo, no tiene nada que ver con el gesto de sumisión de Corina Machado con el matón de Donald Trump. ¡Madre mía!, ¡qué presidentes gobiernan el planeta! Trump, Putin, Milei, Netanyahu, Kim Jong-un, Xi Jinping, como sigamos así habrá un día en que la ambición del mundo destruya al mundo.
Vuelvo a mi pequeño territorio, a mi vida espartana, donde como he escrito al principio de este texto tengo unos días de vacaciones, es lo que tiene llevar tantos años trabajando. Lo que no compensan económicamente lo hacen con días libres, y eso está bien. La vida no es solo trabajar para luego pagar a los mismos que te abonan el sueldo una parte importante en impuestos, la otra parte es para el banco si quieres tener un piso para vivir y un coche para desplazarte.
Las vacaciones son necesarias. Hay que gastar tiempo de la vida en cosas que le gusten a uno, como viajar, leer despacio, parar el tiempo, enlentecer la vida, pasear por la ciudad y sus alrededores para luego contarlo y contar la ciudad que uno ve, que no será la misma que ve usted, cada uno tiene su ciudad, su barrio, sus vivencias y anécdotas, sus bares, sus restaurantes, sus tiendas y sus amigos.
En estas vacaciones de invierno, para mí, lo mejor del día empieza por la mañana temprano, cuando todavía es de noche y está a punto de amanecer. Me visto con ropa deportiva y salgo a la calle para recibir en la cara el frescor de la mañana, como un bálsamo relajante, mientras llevo abrigado el resto del cuerpo. Entro en la cafetería Forn de Campos y me tomo mi primer café, un café rápido, luego comienzo a caminar en dirección a Las Vaguadas. Después de pasar por delante de las grandes superficies que todavía tienen las puertas cerradas, y donde se ve a través de los cristales, a los trabajadores colocando la mercancía en las estanterías, sigo caminando y llego a La Banasta. Veo cómo continúan los trabajos de un edificio en construcción por el que paso todos los días. La grúa se mueve por encima de la obra con movimientos lentos, trasladando carretillas con material de construcción. El esqueleto de hierro que un día empezó a crecer, ahora cada vez tiene más aspecto de edificio. Me arrepiento de no haberle hecho una fotografía cada día para ver su evolución. Qué rabia me da que se me ocurran las cosas cuando ya han pasado, cuando ya no tienen remedio.
Sigo andando por el camino de tierra mientras que se va haciendo de día. De pronto llega ese momento mágico que pasa de una oscuridad tenue a iluminarse el terreno con los colores del amanecer, no es un momento concreto, sino un tránsito donde aparece una luz cada vez más intensa dotando al campo de los colores y formas que han permanecido escondidos durante la noche, parece que se está haciendo el mundo. La mayor obra de arte es la naturaleza, instantes que me gustaría captar con la cámara fotográfica y que más que una imagen son sensaciones que entran por la vista afectando al cuerpo y también a los sentimientos, en algunas ocasiones de forma placentera, otras inquietantes.
He ido todos los días de mis vacaciones a vivir esta sensaciones y cada día el amanecer, siendo el mismo, ha sido diferente. Voy andando por un camino que ahora es frío, en algunos tramos tiene barro y charcos, un camino que dentro de unos meses será un tórrido sendero agrietado por el sol. Hace unos años hacía este recorrido corriendo, ahora lo hago andando. Algunas veces pienso qué será de mí cuando no pueda dar estos paseos que me dan la vida, ¿qué pasará cuando el tiempo enlentezca mis músculos y mis fuerzas flaqueen? ¿Cómo seré yo cuando no sea yo? Al igual que los días pasan a gran velocidad, los años también van pasando. Estas vacaciones de invierno son para mí como una preparación para la jubilación. Una jubilación que algún día llegará, aunque cada vez el futuro es más incierto. El juez que va a juzgar a Maduro tiene 92 años y sigue trabajando.
Estoy de vacaciones y estando de vacaciones se piensa de otra forma y, por lo tanto, se escribe de otra forma, ni mejor ni peor, solo de otra forma.
Cuando trabajo y termino mi jornada laboral en el Centro de Salud y llego a casa, igual que me quito la ropa de funcionario y me pongo la de estar en casa, tengo que desnudar la mente y dejar los asuntos de la oficina fuera de mi cabeza para sentarme delante del ordenador y escribir estas cotidianidades que, aunque no sean didácticas, espero que sean entretenidas. Tengo que hacer el esfuerzo de olvidar el Diego currante, borrar de la cabeza papeles, archivos, expedientes, AZ, claves del ordenador, teléfonos, demandas, correos electrónicos… Cambiar el Diego pragmático por el imaginativo y crítico.
Sigo con mi paseo. De regreso vuelvo a pasar delante de la obra, un trabajador coloca el marco de una ventana en un hueco que encaja perfectamente. En la obra echo en falta una cuadrilla de jubilados con las manos atrás mirando y comentando entre ellos. No hay nadie, porque los jubilados ya no están en las obras, tienen muchas otras actividades. El jubilado que no está haciendo recados o cuidando a los nietos, está en la universidad de mayores, o en la universidad popular donde reciben cursos, entre otros, para aprender a arreglar bicicletas, cursos de costura creativa, de portugués, de elaboración de pan, cerámica y muchos más. Los jubilados también están por la mañana en la biblioteca leyendo periódicos, o consultando libros y tomando apuntes. Algunos se matriculan en la UNED, también los hay en la escuela de idiomas. Otros van al gimnasio, muchos hay andando por los distintos circuitos de la ciudad. Otros están de viaje del Imserso, los que carecen de actividad son los jubilados matriculados en la Escuela de Artes y Oficios que lleva dos años cerrada. Así que ya no hay espectadores en las obras, ni siquiera pensionistas en los bares jugándose el vaso vino al dominó o a las cartas. Ahora muchos jubilados tienen más actividad que cuando trabajaban.
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