Opinión | Cotidianidades
Raquel González Blanco
Cada vez que tengo alguna duda sobre economía para esta columna le pregunto, y siempre me lo aclara con esa capacidad que tiene de hacer sencillo lo difícil, traduce números a palabras

Raquel González Blanco. / D. A.
Hacía tiempo que no veía a Raquel, el otro día me encontré con ella en la puerta de Fundación CB de la calle Montesinos 22. Yo fui a ver la exposición ‘Rituales de la Iberia mágica’, del fotógrafo Víctor Manuel Pizarro Jiménez, ella iba a participar en la votación para el cambio de presidente de la fundación. Era un día importante para la institución, terminaba su mandato Emilio Vázquez después de 11 años. En la votación salió elegido por unanimidad Francisco La Moneda.
Sabía que Raquel era una de los 14 miembros que ejercen el patronazgo de la Económica, que es como conocemos a la Real Sociedad Económica de Amigos del País, lo que no sabía es la relación existente entre la Económica y la CB.
Raquel pertenece a la Económica en calidad de patrona, aunque ella es y hace muchas otras actividades al margen de esto. Su ocupación principal es la de profesora titular de la Facultad de Económicas y Empresariales, que es a lo que ha dedicado los últimos treinta y pico años de su vida laboral. Los dos primeros dio clase de matemáticas, luego pasó a economía, en la actualidad imparte las asignaturas de economía nacional y regional, también técnicas de comercio exterior.
En la última Navidad hablé con ella para escribir un artículo en éstas cotidianidades. Quedamos para después de las fiestas, no me parecía bien hablar de las clases durante las vacaciones. Así que el otro día, cuando coincidimos, concertamos una cita para el día siguiente a mediodía en la cafetería de la Universidad. Nunca había estado antes en esa cafetería, es amplia con numerosas mesas separadas entre ellas, donde se puede hablar sin escuchar al vecino. Cuando estoy con Raquel me gusta que hable ella, yo escucho y aprendo. La cafetería es conocida como la Catedral por su techo acristalado, como una vidriera, y su gran superficie. Nos sentamos en una de las últimas mesas. Las paredes estaban adornadas con carteles de películas: Casablanca, Ben-Hur, Rebelde sin causas, el Halcón Maltés, Robin Hood… También había en un rincón un futbolín, y más adelante unos sillones verdes que parecían comprados en wallapop. Unos sillones parecidos a los que había en las discotecas antiguas donde se sentaban las chicas cuando empezaban las canciones lentas. Me gustaba la sensación de regreso al pasado, ese aire vintage donde se respiraba el ambiente universitario de poco dinero y mucho estudio, con menús del día a 7,95 y platos combinados a 6. Había mesas ocupadas por alumnos, también había algún profesor, olía a macarrones con tomate y huevo frito con patatas.
Le pregunté a Raquel si se acordaba de cuando dio su primera clase y cuántos años tenía, decía que se acordaba como si fuera hoy, tenía 27 años y le temblaban las piernas, pero que lo disimuló tan bien que nadie se dio cuenta. Le pregunto por alumnos conocidos como el actual ministro de Economía, Carlos Cuerpo, dice que no se acuerda de él, sabe que ha sido alumno de la Facultad, pero que no lo recuerda. Se acuerda más del que fue alcalde de Almendralejo, Lobato, también del concejal Antonio Ávila y sobre todo de Fragoso, porque era muy inquieto. Fragoso preguntaba mucho y se notaba su interés por saber, en la actualidad es también profesor en la Universidad.
Hablando de políticos es inevitable recordar el periodo que fue Directora General de Política Económica, en el gobierno de Monago. Dice que ella no estaba ni está afiliada a ningún partido, que nombraron Consejero de Economía a Antonio Fernández, catedrático de la Universidad y compañero suyo y este la convenció para que se fuera con él a la Consejería. Por aquellos entonces coincidió con María Guardiola, que era Secretaría General de Economía y Hacienda. Raquel tenía claro que solo iba a estar una legislatura, al contrario que otros políticos ella tenía su trabajo en la Universidad y después de los cuatro años regresaría a sus clases. Le pregunté cómo se desenvolvió una novata en el mundo de la política donde hay tanta mala baba y el contrario va más a pillarte, criticarte y ridiculizarte que a trabajar por sacar adelante medidas en favor de la población. Dice que ella hacía su trabajo y cada vez que tenía que intervenir en la Asamblea, en la Comisión de Economía, la trataron bien, con educación. Le digo que me cuenta alguna anécdota y me dice que asistió a una reunión en Madrid de todos los Consejeros de Economía. Ella fue con Antonio Fernández, la reunión la convocó el ministro, Cristóbal Montoro. Cuenta que le llamó la atención cuando llegó el ministro y sonaron a la vez todos los clips de las cámaras fotográficas de la prensa parecían ametralladoras. También me contó otras cosas más importantes de aquella reunión y de otras, pero como esto no es una página política y no estoy seguro de que ella quiera que lo escriba, me lo guardaré por si algún día cambio cotidianidades por política.
Cuando el Consejero que la había nombrado dimitió, o le dimitieron un año antes de terminar la legislatura, aunque intentaron convencerla para que se quedará, se fue a la vez que Antonio Fernández, llegó con él y se fue con él. Guardiola se quedó y terminó siendo Presidenta. Le pregunto si percibía que Guardiola iba a ascender hasta el puesto de presidenta, a esto no me contesta.
Supongo que en la Asamblea empleaba la misma naturalidad en sus intervenciones como hizo durante 10 años en la tertulia del programa de radio “La calculadora” de Onda Cero, presentado por Cristina Martínez, que junto a otros contertulios como Antonio García Salas, analizaba la situación económica regional, nacional e internacional.
Le pregunto qué piensa de la Universidad privada, dice que ella es de la pública, pero que todo aquello que sirva para fijar población joven, estudiantes pacenses que realicen especialidades en los que no tenga que irse fuera de la comunidad, incluso que vengan alumnos de otras comunidades y además se creen puestos de trabajos entre profesores y todo lo que lleva la universidad debería ser bien recibido, a pesar, como dijo al principio, que ella es de la pública.
A Raquel la conozco desde hace unos años por coincidir con ella en actos culturales, conferencias, presentaciones de libro, exposiciones… es una de las pocas personas que tiene una de mis fotografías colgada en la pared de su casa. Raquel me gusta desde el primer día que la trate por su sencillez, por su accesibilidad, que estoy seguro que es la misma que emplea con sus alumnos. Tengo una compañera de trabajo que fue su alumna y habla muy bien de sus clases y de ella. Yo cada vez que tengo alguna duda sobre economía para esta columna le pregunto, y siempre me lo aclara con esa capacidad que tiene de hacer sencillo lo difícil, traduce números a palabras. Me gusta de Raquel, (Profesora Universitaria, Directora General de Política Económica, tertuliana de radio, miembro de la Económica, conferenciante…) su humildad aunque lo que más me gusta es que es una buena persona.
En estos tiempos que ser un canalla o un matón está de moda, siento debilidad por las buenas personas y Raquel es una de esas buenas personas.
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