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Opinión | Disidencias

Periodista

Prime

Hay momentos que ni las razones importan cuando una persona se muere por dentro y nadie sabe cómo curarla, aunque todos crean tener el remedio

Veo y escucho a Javi Mayo en Tik Tok (más de siete millones de seguidores en sus redes sociales): «¿sabes cuándo te das cuenta de que estás al límite? Cuando un día por una estupidez se te llenan los ojos de lágrimas. Cuando una palabra o un gesto insignificante te afectan profundamente y eso no significa que seas débil o frágil, no, sino que has estado soportando demasiadas cosas durante demasiado tiempo». El gran poeta uruguayo Mario Benedetti escribió que «yo tuve que morir un par de veces para aprender a valorar la vida. Y cuando hablo de morir no hablo de dejar de existir. Hay situaciones que matan tu espíritu y mueres, aunque estés respirando». Casi en esa misma línea, el otro día vi en un vídeo a una chica de treinta y tantos años que decía llevar cuatro con el alma rota y eso había derivado en una depresión descomunal con efectos secundarios en sus funciones físicas. Quería visualizar su enfermedad mental, así lo definía, desde el primer día que comenzó una nueva medicación para que supiéramos cómo le iba.

A veces, estamos demasiado ocupados, el tiempo transcurre muy deprisa y no nos damos cuenta de que en algún rincón del alma algo se está resquebrajando. O en el alma de alguien que nos importa, a nuestro lado. La tristeza, la melancolía, el pesimismo, la soledad, las ausencias o las pérdidas pueden disimularse tras una sonrisa o un gesto a medias, pero por dentro, tal vez, una persona se está muriendo estando sana. Tendemos a fijarnos y a solidarizarnos con quienes sufren enfermedades físicas terribles y está bien que lo hagamos. Pero la salud también se pierde cuando el alma se apaga, cuando se arrastra, cuando solo ve puertas cerradas. Es un paisaje desolador. Y lo peor es que algunos juzgan sin saber, se ríen por diversión y condenan a discreción. Schopenhauer indicaba que la vida es un péndulo entre el dolor y al aburrimiento, identificando al primero con el sufrimiento del alma. Epicuro consideraba que es el dolor del alma en forma de tristeza, miedo y ansiedad el mayor obstáculo para alcanzar la felicidad. Los existencialistas como Sartre o Heidegger vinculaban el dolor a la angustia existencial y Santo Tomás de Aquino describía la tristeza como una pasión que va consumiendo el alma.

Esto ocurre más a menudo de lo que suponemos. Estamos distraídos con el ruido del mundo y olvidamos lo más importante: vivir en paz consigo mismo y con los demás, respetar a quienes están sufriendo y esperar la reconstrucción del alma rota de quien camina hecho escombros. Puede ser por una tontería o no, pero, desde luego, hay momentos que ni las razones importan cuando una persona se muere por dentro y nadie sabe cómo curarla, aunque todos crean tener el remedio. No entro en el debate de si existe o no el alma y en qué proporciones y facultades, yo creo que existe porque duele y duele más que un dolor de cabeza, un hueso roto, un puñetazo en la cara o un pellizco. Sí, incluso más que un cólico nefrítico, porque por todos ellos he pasado.

Como escribió Miguel Hernández: «Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,/ hoy estoy para penas solamente,/ hoy no tengo amistad,/ hoy solo tengo ansias/ de arrancarme de cuajo el corazón/ y ponerlo debajo de un zapato». Hay una frase muy juvenil y muy de redes sociales viralizada en los últimos meses: «estar en tu prime», que es como decir que uno está en su mejor momento. En realidad, en 2023, el cantante Bad Bunny publicó su canción ‘Nadie sabe’, donde decía que «ya no estoy en mi peak/ ahora estoy en mi prime», es decir, he abandonado el ‘peak’, el pico efímero de mi estabilidad para situarme en otro espacio de mayor confortabilidad y durabilidad.

Dicen que estar cada uno en su prime es estar en el mejor momento de su vida, te sientes bien, rindes, tienes energía, potencial, creces, tienes equilibrio emocional, en fin, todas esas zarandajas que nos venden los libros de autoayuda o motivacionales. Y en realidad, cuando uno no está en su momento prime, igual lo que le sucede es que tiene el alma rota y eso no sana ni de un día para otro ni yendo al cine ni oyendo consejos que no escucha ni saliendo a pasear por el Guadiana. Cuando uno no tiene ganas de comer ni de dormir ni de ver a nadie ni de reír ni de disfrutar de los pequeños éxitos de la vida o las alegrías que a diario se le muestran por el camino, aunque sonría, aunque parezca que todo está en calma, se ha desatado una tormenta, está librando una batalla, no está jugando, sino tratando de no morir, de sobrevivir, de curar heridas, de superar miedos y de reconstruir, si ha identificado lo derruido, si acaso algo o todo eso fuera posible realizarlo.

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