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Opinión | Elecciones en Aragón

Ricardo Barceló

Zaragoza

Aragón enciende la traca final del 8F

Los aragoneses votan este domingo, pero serán los partidos los que tendrán la responsabilidad de sellar acuerdos (posibles o imposibles) que permitan una gobernabilidad serena de la comunidad

Candidatos a la presidencia de Aragón durante el debate organizado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

Candidatos a la presidencia de Aragón durante el debate organizado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN / Miguel Ángel Gracia

Los aragoneses están llamados hoy a las urnas en una convocatoria electoral inédita, en la que la comunidad se juega mucho más de lo que parece. No se trata de una votación más sino de una cita en la que se va a decidir qué camino elige Aragón para los próximos cuatro años. Y eso son palabras mayores, a tenor del escenario en el que se encuentra un territorio que ha comenzado a desperezarse y puede presumir de mirar al futuro con optimismo. Los aragoneses, en definitiva, tienen que decidir hoy si prefieren vincular su futuro a la ultraderecha o confían en seguir la senda de la estabilidad, el diálogo y el espíritu de pacto en mayúsculas –que no chantaje– en compañía de los partidos con los que se ha ido construyendo Aragón. El resultado, a pesar de los escollos, ha sido más que satisfactorio.

Pero esa responsabilidad no es únicamente atribuible a los aragoneses que hoy depositarán su voto pensando en lo que consideran que es mejor para la comunidad, sino también a los partidos políticos que, una vez conocidos los resultados electorales, tendrán que centrar sus esfuerzos en buscar lo mejor para el conjunto de los ciudadanos a los que representan. Dicho de otra forma, los ciudadanos votarán pero serán única y exclusivamente los partidos políticos y sus líderes los que tendrán la responsabilidad de tratar de alcanzar pactos que permitan una gobernabilidad de Aragón serena y basada en el sentido común y el bien común. Optar por la vía más sencilla no es siempre la mejor, de ahí que sea necesario explorar todas las opciones –las posibles, pero también las imposibles– antes de abrazarse a una ultraderecha que puede marcar un camino de no retorno para Aragón.

El transcurso de la campaña electoral ha sido esclarecedor para conocer cuáles son las ideas, las prioridades y las medidas que cada uno de los partidos quiere poner en marcha durante la próxima legislatura para aspirar a un Aragón mejor. Un cara a cara entre los dos grandes partidos, tres debates electorales (en Televisión Española, Aragón Televisión y El Periódico de Aragón), mítines, entrevistas y actos a lo largo y ancho de todo el territorio han demostrado el esfuerzo realizado por las formaciones políticas por comunicar y ser transparentes a la hora de trasladar sus mensajes. Sin embargo, eso puede que no sirva de nada si el ciudadano no vota en clave aragonesa, si no vota siendo conscientes de que se trata de una decisión más que trascendente para Aragón, única y exclusivamente para Aragón.

Los ciudadanos deciden hoy si prefieren vincular su futuro a la ultraderecha o confían en seguir la senda de la estabilidad y el diálogo

En los últimos días de campaña, los aragoneses han visto desfilar por el territorio a líderes nacionales como Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal, Yolanda Díaz y un largo etcétera de figuras que mañana ya no estarán pateando las calles y los pueblos de Aragón. Es también muy probable que muchos de los aragoneses voten hoy pensando en estos líderes y en lo que representan, para bien o para mal, pero lo que de verdad importa es preguntarse qué es lo que pretenden hacer con Aragón los líderes autonómicos de esos partidos, aquellos que están aquí, que conocen la comunidad y que están obligados a entenderse para que esta autonomía no pierda el título de tierra de pactos que se ha ganado a pulso.

Aragón se la juega este 8 de febrero. No está en disputa quién gana y quién pierde, que también. Lo que realmente se decide en las urnas y el día después de la votación es si la comunidad (votantes y partidos) quieren poner rumbo hacia la prosperidad o si se opta por dibujar un Aragón en blanco y negro, en el que no tienen cabida los inmigrantes, en el que opinar distinto no signifique no poder hablar unos con otros, en el que se escuche a los demás y se responda sin insultar ni crispar, en el que se ponga el acento en la búsqueda de la tolerancia y el respeto, en el que la ideología no se lleve por delante todo lo bueno que se ha construido durante todos estos años, y en el que la búsqueda del talento, la formación, la educación y la sanidad de calidad y el bienestar de los ciudadanos sea la mayor ocupación de quien gobierne.

Los aragoneses tienen hoy la palabra y el voto, pero son los partidos, solo ellos, los que están obligados a buscar la mejor solución para una tierra que no puede permitirse el lujo de perder todo lo conquistado y lo bueno que está por venir. Sería imperdonable.

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