Opinión | En la frontera
El encuentro
Bajé la cabeza apoyándola en el reclinatorio y recé. Recé como cuando era niño, sin pudor, con fuerza, casi en voz alta, pidiendo por mi madre, suplicando
Las palabras en inglés se enredaban en la nieve amontonada a cada lado de la calle. Un muro que no le tocaba, que no le protegía tampoco, sino que amortiguaba el ruido y a la vez se convertía en ruido. Ilegible. Hasta que no chocó con otro hombre no supo que andaba a bandazos, sin una línea cierta, sin ninguna certeza más que su aturdimiento. Hasta que no murmuró ese sorry avergonzado, no supo que en algún momento había empezado a llorar. Me contó cuando le pregunté sobre el motivo de su tristeza. Me corrigió la palabra. La tristeza es literaria, es delicada, incluso bella, lo que yo sentía era otra cosa. Más bruta, más básica, era de pueblo, como yo. Lo que yo tenía era pena. Como la barrena que abre la tierra para buscar agua y hacer un pozo, y deja al aire raíces cortadas, pedazos de rocas que ha partido el metal, los terrones de arcilla, tinta. Y miedo. Un miedo que se me había atado con nudos marineros, un miedo retador, enroscado bajo el esternón, que en unas pocas horas había hecho nido.
Mi madre está enferma. Me lo dijeron esta mañana, está peor. No quise llamarla, porque cuando me mira, me ve y a mí se me trastrabillan los pensamientos y ya no sé qué decir. Así que me eché a la calle haciendo como que no pasaba nada, rodeado de gente que iba aprisa, y de sirenas y de luces y de noche. Solo. Hubiera cantado para acompañarme si hubiera sabido la letra de 'En tierra extraña'. El pasadoble de Concha Piquer, que habla de una Nochebuena en esta misma ciudad, tan fría. Pero no podía pensar, las manos hundidas en los bolsillos, la cabeza gacha para disimular, seguir andando andando, hasta que llegué a una boca de metro. Entre para ir a ninguna parte, pero al menos descansar, y cobijarme, sentarme en un vagón y que viajara por mí, que me llevará, recorrer las estaciones, y adormecerme con su va y ven, olvidado de mi propio olvido.
Pero no sé por qué, me di la vuelta. Los frenos de una bicicleta chirriaron para esquivarme. Él también tenía miedo. Enderecé la espalda, intentando recomponerme ante el semáforo en rojo, las letras rojas de CVS pharmacy me ayudaron a saber dónde estaba. Miré entonces atrás. La escultura de la Virgen, en la esquina estaba iluminada. Crucé de nuevo la calle, deshice el camino y ya sin disimulo dejé que los ay salieran de mi pecho y escaparan desbordadas las lágrimas. Como los niños que se hacen una herida y fingen para que los otros no le llamen quejica hasta que llegan a casa. ¿Por qué entraste, fue porque necesitabas protegerte del frío, tú nunca vas a la iglesia, que paso por tu cabeza?. Nada. No pensé, ni decidí nada, seguí mis pasos, que tiraban, que me conducían, sabiendo la dirección. Crucé la primera puerta, la segunda, y antes de que pudiera ser consciente de donde estaba, los ojos de un hombre se cruzaron con los míos. Sentí los hombros descender, las cejas, las mandíbulas, los puños en los bolsillos deshechos, abiertas las manos. Siguió mirándome. Y bajé del todo la guardia. No me cuestioné nada, no me pregunté nada, no me preguntó nada, con un gesto me invitó a sentarme, y cerré los ojos. Agotado. Desarmado las lágrimas caían ahora suavemente. Oía oraciones en francés, algunas palabras, se me quedaban enredadas entre las pestañas, pesadas, hasta, adormecerme. La respiración fue poco a poco acomodándose, hasta que un cántico bajito, rumoroso, tintineó en mis oídos y me hizo despertar. En otra fila de bancos un grupo de mujeres de Haití entonaban un himno. Frente a ellas, quien me recibió, sujetaba una biblia. Empezó a leer. “Había entre la gente una mujer … que padecía de hemorragias, sin que nadie pudiera sanarla. Ella se le acercó y le tocó el borde del manto, y al instante cesó su hemorragia. "-¿Quién me ha tocado? La mujer, … se acercó temblando y se arrojó a sus pies. … Hija, tu fe te ha sanado —le dijo Jesús—. Vete en paz". Leía de memoria, mirándome. Y yo que hacía mucho tiempo que no escuchaba el idioma, aún escapándoseme el significado de muchas palabras, lo entendí.
Bajé la cabeza apoyándola en el reclinatorio y recé. Recé como cuando era niño, sin pudor, con fuerza, casi en voz alta, pidiendo por mi madre, suplicando.
Sentí un silencio parecido al vacío que deja cuando el avión y la presión desciende, y como si me golpearan, reconocí, a mi izquierda la misma imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro que cuelga sobre la cama de mi madre. A miles de kilómetros de ella, estaba con ella, pude sentirla, olerla, pude apretar sus manos. Mamá. Se pronunció un Amén que parecía abarcarlo todo, concluirlo todo. Una mujer joven y menuda se acercó. Me llamo Anita, ¿hablas francés? Yo, tímido, solo dije “un peu”. A mi lado se presentó también André, el Diácono. Sin apenas circunloquios preguntó "por qué has venido", y solo pude mover la cabeza con un "Je ne sais pas", hasta que volví a sentir sus ojos que me quemaban. "Ma mère est malade", mientras la barbilla temblaba. El cogió mis manos, "vamos a orar por tu madre". Notaba el pulso de los dos en los nudillos apretados, seis manos enlazadas y una oración en francés como un mantra, una plegaria susurrada que, sin embargo, me resonaba dentro como si fueran golpes rítmicos de percusión o de mil latidos. Después puso sus manos sobre mi cabeza y me bendijo. Yo solo entendía mi nombre entrelazado con el de mi madre, la palabra fe, la fuerza de la fe, la fe tan pequeña como un grano de mostaza que sin embargo tiene el poder de mover montañas. Cuando hizo la señal de la Cruz en mi frente ambos sonreíamos emocionados. Anita dijo "el poder de la oración curará a tu madre, rezaremos por ella".
Una mujer mayor se acercó a mí para darme un vaso de té muy caliente, sabía a cardamomo y miel. Tocó mi brazo y asintió. Ve en paz, fue lo último que escuché. Fuera, había empezado a nevar .
- La universidad privada tendrá su primera sede en un edificio que ha comprado a Fundación CB en Badajoz
- La residencia Lisardo Sánchez de Badajoz busca donativos para afrontar una reforma obligatoria y evitar su cierre
- Así es el nuevo hotel Turia de Badajoz por dentro tras la reforma
- El abogado de los dos investigados por la desaparición de Francisca Cadenas: 'Me gustaría que la Guardia Civil no perdiese mucho tiempo con estas personas
- Olivenza se vuelca con una Feria del Toro repleta de ambiente y actividades: 'Venimos porque nos la habían recomendado
- Galería | Feria del Toro de Olivenza
- Sonia Miranda, directora del Circo Encantado tras la segunda cancelación: 'Este espectáculo dará luz en Badajoz, sea como sea
- Un colegio de Badajoz, entre los ganadores del Concurso Escolar de la ONCE en Extremadura
