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Opinión

Arqueólogo

Jueces y política

No sé si la gente que presume de su apoliticidad pretende equipararse a las bestias salvajes o a los dioses, aunque imagino que ante la disyuntiva elegirían lo segundo, algo mucho más difícil e inasequible que lo primero

¿Qué chorrada es esta de que los jueces no pueden hacer política? Los jueces están en la obligación profesional de hacer política. La judicatura es uno de los poderes, uno de los pilares del Estado, máxime si queremos vivir en un estado de derecho y bajo el imperio de la ley. Toda acción del Estado, lo que incluye cualquier acción judicial, es política en estado (valga la redundancia) puro. Los jueces tienen una importante tarea como parte del Estado y deben poderla ejercer sin interferencias de los otros poderes, ejecutivo y legislativo, por lo que, en correspondencia, ellos (ya mayoritariamente, si no me equivoco, ellas) no deben interferir en los demás. Pero ello no significa, de ninguna manera, que la actuación de los jueces no sea profunda, colectiva e individualmente política.

Seamos respetuosos con el lenguaje y cuando hablamos de política sepamos de qué estamos tratando, atinemos con el diagnóstico, no confundamos la política con las acciones del poder ejecutivo ni con las acciones de las agrupaciones y partidos políticos que optan electoralmente a ejercer dicho poder. Esto no es más que una parte, importante y muy visible, pero sólo una parte, del conjunto de las acciones necesarias que hacen funcionar una sociedad; es decir, son sólo una parte de la política en su conjunto.

Esta confusión que reduce la política a las acciones de los partidos explícitamente políticos, es el resultado del griterío de las propagandas (políticas) de reaccionarios y totalitarios de variado pelaje que pretendían y pretenden deslegitimar la convivencia democrática y pacífica para imponerse ellos y gobernar por sus santos cojones. Recordemos que el mismísimo Franco decía que él, dictador y jefe del estado nada menos que por la gracia de Dios, no se metía en política. Este griterío lleva tantos años rodeándonos, al menos desde principios del siglo pasado hasta hoy, que incluso suena normal cuando es del todo aberrante. Solo subsiste porque uno de los defectos del sistema de educación general es no entrar a fondo en transmitir conocimientos de civismo y de funcionamiento del sistema al alumnado que un día será ciudadano, con lo que muchos llegan a la mayoría de edad sin una adecuada comprensión del mundo en que vivimos y por qué es como es.

Sigue siendo frecuente oír aquello de «yo no soy político (o: apolítico; o: no me meto en política)». Inmediatamente, recuerdo la tan conocida definición hecha por Aristóteles de que «el hombre es un animal político». Lo que no es tan conocido es lo que dijo a continuación: (traduzco libremente) «y si no fuera político sería o una bestia o un dios». No sé si la gente que presume de su apoliticidad pretende equipararse a las bestias salvajes o a los dioses, aunque imagino que ante la disyuntiva elegirían lo segundo, algo mucho más difícil e inasequible que lo primero. Pero bueno, todos tenemos derecho a nuestras contradicciones.

En fin, los jueces sí deben hacer política, no les cabe más remedio si quieren ejercer su función y profesión. Tema aparte es que se pretenda convertirlos en instrumentos de algún otro operador político para que este último desbanque del área ejecutiva del Estado a enemigos o contrincantes; algo indeseable, peligroso e ilegal. Porque el gran debate social que en estos últimos años tenemos en España sobre el papel político de la judicatura va de esto último, no de la apoliticidad de los jueces y la judicatura. Si fuéramos, si hubiéramos sido, más respetuosos con el lenguaje y con su uso, este gran debate social podría haberse soslayado y viviríamos todos algo más tranquilos.

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