Opinión | Fragmentos de Badajoz
Orígenes de la devoción al Cristo de la Espina
Si la devoción actual que se le profesa es debida a alguien en particular, es en gran parte al médico y presbítero badajocense don Pedro Casas Guerrero

Imagen del Cristo de la Espina. / Pedro Castellanos
El próximo viernes se celebrará en Badajoz el tradicional besapié al Nazareno de la Espina, obra anónima realizada en madera de ciprés en el siglo XVII. Si la devoción actual que se le profesa es debida a alguien en particular, es en gran parte al médico y presbítero badajocense don Pedro Casas Guerrero (1651-1724).Era hijo del barbero Lorenzo Rodríguez Casas y de Juana García Cralo. En su testamento pedía ser enterrado en hábito franciscano «junto al altar del Santo Cristo Nazareno» en la iglesia del convento de las Descalzas. Nombraba como heredera a su alma. Como albaceas, entre otros, a la abadesa del convento, a su sobrino Pedro de Alcántara Casas y al padre rector del colegio de la Compañía de Jesús. Había sido el médico de los jesuitas durante muchos años. También de los franciscanos del convento de San Gabriel y de los de Valverde de Leganés.
En 1709 refundaba una capellanía, que algunos autores han confundido con su cofradía, fundada en 1939, por tener «especialísima devoción con dicha imagen y desear su culto». Entre los bienes de la capellanía figuraba su casa, que heredó de sus padres, que la compraron en 1659 y estaba en el campo de San Juan, hoy plaza de España. Seguramente donde hoy está la casa Álvarez-Buiza. En ella vivirían los futuros capellanes y sus familias. Asimismo, le dejaba varias casas más, una bodega, censos, viñas, olivares y 14 fanegas de trigo del molino de Ballestero en el río Guadiana.
El fundador quería que la imagen fuese venerada públicamente, pues hasta entonces solo lo hacían las monjas del convento. La capellanía se la dedicaba «de todo corazón a Jesús Nazareno, señor y dueño de mi alma y vida; la cual está colocada en su altar en el convento de religiosas descalzas de la Orden de Santa Clara y título de Nuestra Señora de las Mercedes de esta ciudad; para que esta imagen sacrosanta como y en lugar del mismo Jesús Nazareno que representa, sea en el mundo venerada públicamente de todos los católicos y en su obsequio y culto se gaste y consuma cada año perpetuamente el producto y frutos de las alhajas que señalaré. Y suplico reverentemente y humildemente y ruego a la majestad de Jesús Nazareno, que por su piedad inmensa y bondad infinita se sirva de aceptar esta oferta y dedicación, en satisfacción de mis muchos errores y pecados y bien de mi alma, después de las ánimas de mis padres y parientes más próximos. Y para beneficio de las ánimas que se hallaren en el purgatorio, tomo e imploro por mi especial patrona y abogada a la clementísima Virgen Santa María, Madre de Dios Hombre Nazareno, bajo el título del Rosario, a quien con las veras de mi corazón y toda mi alma, encargo humildemente esta petición, haciendo cargo y memoria a su divino Hijo Jesús Nazareno del misericordiosísimo misterio de la Encarnación, a efecto de causar la redención universal».
Encargaba decir una misa rezada a las once de la mañana todos los domingos y festivos, «y en el altar en que se ha de celebrar, será el mismo en que está colocada la imagen soberana de Jesús Nazareno en el convento de religiosas descalzas de santa Clara de esta ciudad». Después el sacerdote diría secretamente un responso sobre la lápida del fundador. Celebrarían también la fiesta del cuatro de mayo, que sería a la Santa Espina. También una misa cantada por el fundador«en alabanza de la imagen sacrosanta de Nuestro Señor Jesús Nazareno, siendo todo dirigido y dispuesto por la discreta dirección y plausible solemnidad que se acostumbra celebrar en dicha iglesia para la mayor veneración y aplauso de dicha imagen».
Con las rentas de la capellanía se colocarían velas blancas en doce candelabros y lámparas que alumbrarían perpetuamente al Nazareno en su altar cada Jueves Santo. También se becaría a una persona para estudiar teología, cánones, leyes o medicina en las universidades que fuesen de su agrado, en Salamanca, Alcalá de Henares o Sevilla.
Don Pedro Casas Guerrero falleció en su casa el 14 de enero de 1720 a los 68 años. Fue enterrado por la Hermandad de San Pedro, de la que era hermano, a los pies del altar del Cristo. Esta sepultura, llamada luego «sepulcro de Casas», la citaba en 1709: «Aplico y doto para esta fundación un sepulcro que tengo labrado para enterrar mi cuerpo en falleciendo, el cual labré en el convento dicho de señoras descalzas, al pie del altar de la imagen de Jesús Nazareno, para quien se funda esta dotación, con licencia del señor obispo don Juan Marín de Rodezno y permiso de dicha comunidad. Y dicho sepulcro tiene una losa de piedra grande [de] mármol que la coge toda la entrada de él con el escudo de la Inquisición, como ministro que soy del Santo Oficio y Tribunal de la de Llerena. Y después de mi cuerpo, el de todos y cada uno de los sacerdotes que al tiempo de morir estuvieren siendo mis capellanes, si quieren enterrarse en él. Y en dicho sepulcro no se ha de enterrar nadie que dichos mis capellanes sacerdotes». Hasta que en 2006 se colocó el actual suelo de mármol de la iglesia sobre el de terrazo se podía ver una sencilla lápida de mármol blanco. Sustituiría a la primitiva, que puede estar debajo. Tenía una inscripción en latín: «Sepvlchrvm doctoris Petri Cassas Gverrero, hvivs civitatis tvm orivndi tvm medici, Sanctae Inqvissionis ministri. Obiit ano Dom. 1720. Et pro capellanis eivs». En castellano:«Sepulcro del doctor Pedro Casas Guerrero, natural de esta ciudad y también médico, ministro de la Santa Inquisición. Falleció en el año del Señor de 1720. Y para sus capellanes».
Su sobrino, el presbítero Pedro de Alcántara Casas, falleció el 9 de mayo de 1749. En su testamento mandaba enterrarse «en el sepulcro que está frente a la peana del altar de Jesús Nazareno, sito en la iglesia del convento de religiosas de Nuestra Señora de las Mercedes Descalzas de esta ciudad. Mando que cuando la voluntad divina fuere servido de llevarme de esta presente a otra mejor vida, mi cuerpo sea amortajado con las vestiduras sacerdotales, puesto en una caja de madera forrada en bayeta negra, inmediato al altar de Jesús Nazareno, donde se halla sepultado el doctor don Pedro Casas Guerrero, presbítero, mi tío, que lo hizo fabricar a sus expensas; y para que sirviese a los capellanes que fueren de la capellanía de misa de once que fundó en dicha iglesia y altar, de que al presente soy actual capellán».
En este convento se encontraba su hermana, sor Juana Javiera de San Ignacio, su única heredera. Ese altar del Cristo no es el actual, estaba a su izquierda. Ahora posee un retablo rococó, seguramente donado por los patronos del convento, los condes de la Torre del Fresno. De esa época es la cruz de guía de la cofradía y que antes llevaba el Cristo al hombro.
La condesa de la Torre del Fresno sufragaba los gastos de la novena del Cristo, que ya se realizaba en 1803: «639 reales y 15 maravedíes vellón que, por tres años, hasta agosto de 1805, ha debido pagar doña Florencia de Arguello y Mézquita, condesa viuda de la Torre del Fresno, por pensión para gastos a la novena de Jesús Nazareno». Su marido fue Joaquín Grajera Roco, alcalde mayor del consistorio. Vivieron en la casa que fue de Juan Francisco Pagola y Estefanía Antonia de Cárdenas, donde después se construyó la Capitanía General de la plaza López de Ayala. Debido a los sitios que sufrió la ciudad en noviembre de 1811, las monjas fueron expulsadas del convento por orden del gobernador Fhilipon, para convertirlo en cuartel. Causaron una «cruel destrucción» del convento por el saqueo que padeció la ciudad el 7 de abril de 1812 por los soldados ingleses cuando se reconquistó la ciudad a los franceses.
En 1867 el Cristo ya aparece con la advocación de la Espina en las rentas de la obra pía de doña Catalina de Vargas: «Dos misas semanales en el altar del Señor de la Espina de las Descalzas. 330 reales».
En 1887 se reanudaba la novena, que se hacía en mayo: «Suntuosa ha sido la novena que las religiosas descalzas de esta ciudad, después de dos años de interrupción, han consagrado en el presente al Señor de la Espina. Magnífico aspecto ofrecía el altar mayor al penetrar en el templo; la presencia de Jesús Sacramentado, colocado en medio de un precioso laberinto de flores y de luces que hermoseaban el altar (…). Al lado del evangelio, y sobre un altar improvisado, destacábase la hermosa imagen de Jesús con la cruz a cuestas».
- Gema Cortés sobre el Circo Encantado: 'El ayuntamiento no negocia donde se pone un circo o donde no se pone
- La teniente de la Guardia Civil Cristina Triguero, destinada en Jerez de los Caballeros, medallista en el Campeonato Nacional Militar de Esquí
- Bioclimático, San Fernando, Bárbara y San Roque: los cuatro institutos de Badajoz donde la demanda ha superado las plazas ofertadas
- El conductor que ha colado su coche en una fuente en Badajoz dio positivo en el control de alcoholemia
- Así es el nuevo hotel Turia de Badajoz por dentro tras la reforma
- Desarticulada en Badajoz una red de trata y explotación laboral en locales de kebab
- Olivenza se vuelca con una Feria del Toro repleta de ambiente y actividades: 'Venimos porque nos la habían recomendado
- El PSOE de Badajoz denuncia que el histórico puente de Palmas se ha quedado sin iluminación artística
