Opinión | En la frontera
De la publicidad y los placeres sencillos
El espíritu práctico americano enfocado no en perder rebajando los precios, sino en no perder con los salones y las salas vacías
Aunque para mí cada vez la receta más recomendable sea descomplicarse en lo posible, cómo no dar la razón a Wilde cuando escribió aquello de que "Los placeres sencillos son el último refugio de los hombres complicados".
Los días malos se suceden. Las peluqueras miran ociosas el cielo y hojean las revistas que se apilan caducadas. Los extras disfrazados de personajes de Disney en Times Square no tienen con quién hacerse la foto. Nadie coge las octavillas de publicidad del musical que han estrenado. Los camareros salen a fumar a la puerta. Las bocinas en los atascos compiten con el sonido de las sirenas de las ambulancias y la policía. Y en esto, a un listo se le ocurrió una idea para que el ambiente cambiara. Y yo se lo cuento, si no lo conocen, para quienes tengan previsto viajar otro año y porque quizá, su éxito, les pueda servir a los de aquí.
Calcularon que unas semanas determinadas en invierno y otras en verano eran las de menos consumo de ocio en la ciudad. La gente se iba de vacaciones o hibernaba. Los únicos que hacían negocio eran los restaurantes que tenían la opción de comida para llevar, las plataformas para ver películas desde el sofá y los supermercados que servían a domicilio. Así que se inventaron el Restaurant Week y el Broadway Week.
De lunes a viernes e incluso el domingo, ofrecían menús o entradas a los espectáculos de Broadway, a museos, … a precios fijos que en algunos casos correspondían a un descuento de un cincuenta por ciento, o más, del precio normal.
Estrellas Michelín, el chef que fue portada del New York Times, la obra que ha acaparado las mejores críticas o el espectáculo que ha ganado más Emys. Todos salen y compiten en la lista sin complejo ni pudor, porque se trata de buscar nuevos clientes que quizá, de otro modo, nunca habrían pensado ponerse en lista de espera para conseguir una reserva en el Empire Steak House y probar su porterhouse steack, por ejemplo, o un crujiente y humilde pollo frito en un garito barato de Harlem, pero que tiene una música en vivo fantástica y una cola insalvable.
El espíritu práctico americano enfocado no en perder rebajando los precios, sino en no perder con los salones y las salas vacías. Publicistas que saben que un reclamo así auspiciado por el ayuntamiento, fomentado por Turismo de Nueva York, hace salir a la gente a la calle a conocer y probar, a experimentar, mueve la ciudad, crea beneficios directos y muchísimos indirectos. De ahí nacen nuevos clientes, quien va el día de la oferta, pero también alguien que descubre un pequeño restaurante francés en el Upper East Side del que después se hace asidua, el que al salir de la cena se toma la copa en el pub de al lado y escribe una reseña en internet, el que hace tiempo mientras toma un cóctel en la barra y hace amistad con el barman y cada vez que se siente solo entra a saludar, el que repite en cada aniversario, el que viene por trabajo y acaba encantado y recomendándolo a sus amigos.
Así bajo un buen abrigo, despacio para que los tacones no resbalen en la nieve o con botas y gorro de lana calado hasta las orejas, y un plumas que te llegue a los tobillos, se sale a descubrir como quien va de excursión. Con la ilusión que dan los pequeños placeres, un vino descorchado en una primera cita y que ya forma parte de su historia, una actriz que deja una emoción que acompaña durante el regreso en el metro, una sopa de cebolla que recuerda a París. Y aunque el termómetro baje y baje y la inercia te ancle ante el televisor, la decisión de salir cambia el ánimo, las neuronas se alborotan al tener que elegir entre tanto, estudiar la historia en la que se basa la obra, la trayectoria de los actores que actuarán esa noche, escuchar desde el día de antes la música para la que has comprado entradas y acabar tarareándola en la ducha cada mañana, leer las críticas de los periódicos, diseñar los trayectos, unirlos, para aprovecharlos con visitas a un museo, a un club de jazz o aquella tienda de tinta y papel tan bonita del Soho. Se alborota la mente y el cuerpo y se espanta el malhumor, la pereza, revoluciona la rutina. Hace sol aunque la sensación térmica sea de menos veintisiete grados Celsius.
Es un lunes de enero y una mujer elige el carmín y la bufanda a juego.
Se propone cruzar la ciudad con el solo propósito de probar un plato sencillo, un guiso que le temple el frío y el alma, que sepa a su tierra, que la lleve de vuelta a casa.
- El último detenido por los ajustes de cuentas en Badajoz es el ganador del cupón de los 17 millones de euros
- Muere un motorista tras chocar contra una farola en Circunvalación
- Dos ancianos heridos graves tras ser atropellados por un todoterreno en Badajoz
- Noche de incendios en Badajoz: arden un coche y una fachada
- Badajoz se tiñe de diversidad: Guía completa para el día grande de Los Palomos 2026
- Detenido un varón en Badajoz al intentar robar con intimidación un estanco en María Auxiliadora
- Un nuevo detenido por su implicación en los ajuste de cuentas entre familias en Badajoz: llevaba una pistola y un chaleco antibalas
- Fin de curso en la Hernán Cortés, única residencia universitaria gratuita del país
