Opinión | Tusitala, el narrador de historias
Leer bajo las bombas
Incluso de las situaciones más adversas y trágicas se puede extraer la energía necesaria para seguir adelante

Persépolis, un clásico de la novela gráfica / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Hay actividades cotidianas que en tiempos de paz damos por seguras, a las que apenas prestamos atención. Alimentarse, conversar, dedicar un rato a la lectura, dar un paseo. No damos importancia a estas cuestiones porque son habituales, no parece que vayamos a perder nuestra capacidad de llevarlas a cabo de un día para otro, ni mucho menos. Pero todo eso puede complicarse en tiempos de guerra hasta volverse prácticamente imposible.
Mientras echamos un tranquilo vistazo a estas páginas de La Crónica de Badajoz, hay guerra en Irán, Ucrania, Palestina y Líbano, entre otros lugares del planeta. Territorios donde el sencillo ejercicio de la lectura ya no está garantizado. Tampoco lo está la vida, desde luego. Se puede argumentar a favor de la indiferencia que esos lugares nos quedan lejos, o que siempre ha habido y habrá guerras en el mundo.Pero no quedan tan lejos en un mundo globalizado, con evidentes repercusiones económicas sobre el precio de la gasolina en España, por poner un solo ejemplo.
Y por supuesto que sí, los conflictos bélicos parecen inseparables del ser humano, aunque aquí debemos introducir una diferencia fundamental respecto a las guerras del pasado: los ataques sobre los países mencionados hacen saltar por los aires el Derecho Internacional, las normas establecidas tras la Segunda Guerra Mundial para evitar que grandes desastres como aquel se repitieran. Si a principios de este siglo nos escandalizaba que la invasión de Irak se realizara a partir de informes sobre armas de destrucción masiva presentados ante la ONU que resultaron ser falsos, ahora se prescinde completamente de la ONU, y se bombardea sin pretextos y sin miramiento alguno por la población civil.
Para colmo, y además de la Rusia de Putin, son dos países teóricamente democráticos, Estados Unidos e Israel, quienes protagonizan estas agresiones y condenan a sus víctimas al hambre, a los desplazamientos forzosos y, en muchos casos, a la muerte. No deja de ser asombroso que el plan anunciado por Trump y Netanyahu para culminar el infierno que han desatado sobre Gaza sea convertir la franja en un paraíso del turismo de lujo... después de someter, expulsar o asesinar a sus habitantes originales, claro está. Conviene recordar que, mientras en Europa nos preocupamos por el aumento del combustible como consecuencia de estas operaciones militares, el ejército israelí sigue ejecutando inocentes en presencia de sus hijos, o bombardeando escuelas y hospitales.
Para combatir la indiferencia disponemos de la empatía, un bien tan escaso como el petróleo. Si no está en nuestras manos ayudar directamente a las víctimas de tanta guerra, al menos podemos protestar contra ella, o tratar de entender sus causas y orígenes. Comprender el mundo es quizá la mejor forma de habitarlo, y desde este rincón literario de Tusitala lo menos que podemos hacer es recomendar libros. Para conocer la historia reciente de Irán es inevitable acudir a Persépolis, un clásico de la novela gráfica, una obra que lleva más de 20 años situada entre los cómics más vendidos y leídos. Narra la juventud de su autora, Marjane Satrapi, desde comienzos de los años 80 cuando es todavía una niña y asiste a la caída de la monarquía en su país, para dar paso a una revolución que pronto se transforma en el terrible régimen fundamentalista islámico que sigue hoy en el poder. Al recorrer las viñetas de Persépolis sorprende que las vivencias y anhelos de la protagonista sean apenas diferentes a los de una joven occidental, y justo ahí reside la fuerza narrativa de este cómic, en constatar aquella frase no por manida menos cierta: es mucho más lo que nos une que lo que nos separa.
Si nos interesa también la invasión de Ucrania, hemos tenido recientemente en nuestra ciudad, invitada por el Ateneo de Badajoz, a la veterana periodista Pilar Bonet. En su libro Náufragos del imperio, la que fuera durante muchos años corresponsal del diario El País en Rusia y Ucrania analiza las raíces del conflicto y nos ayuda a entender toda una época de la historia europea marcada por este enfrentamiento. Pilar Bonet se encontraba en Kiev al inicio de la guerra, y en su libro da voz a los testimonios de quienes la padecen, que son siempre quienes más deberían importarnos.
En el caso de Israel y Palestina son muchas las publicacionesque abordan el tema, pero en primer lugar se antoja necesario recomendar el cómic Paz: antología solidaria por Gaza, que la editorial Serendipia publicará en septiembre, tras una exitosa campaña de mecenazgo. Con la participación de 55 autores, entre ellos los artistas residentes en Badajoz Carlos Correia y Fidel Martínez, se trata de un libro colectivo que persigue el objetivo de transformar el apoyo cultural en ayuda humanitaria, pues sus beneficios serán destinados a dos de las principales organizaciones que trabajan con las víctimas de la persecución israelí, Médicos Sin Fronteras y UNRWA.
No pueden faltar títulos escritos desde la perspectiva del judaísmo, como el ensayo Ser judío tras la destrucción de Gaza, donde el periodista Peter Beinart, en contraste con el discurso supremacista de Netanyahu, reconoce el peligro de venerar a los Estados a expensas de la vida humana, y aboga por el derecho a la igualdad y convivencia entre palestinos e israelíes. En Diario de un joven médico: notas sobre el genocidio en Gaza, el doctor Ezzideen Shehab cuenta su conmovedora experiencia al frente del Centro Médico Al-Rahma, antes de que fuera destruido por el ejército invasor. Y en su libro Aliadas, la periodista catalana Txell Feixas, especializada en Oriente Medio, se centra en la trayectoria de un equipo de baloncesto femenino en el campo de refugiados palestinos de Shatila, en Líbano, que sirvió para dar esperanzas y un futuro mejor a sus jugadoras.
Un abanico de lecturas contra la indiferencia, para leer en solidaridad con quienes malviven bajo las bombas. Incluso de las situaciones más adversas y trágicas se puede extraer la energía necesaria para seguir adelante. Como afirma en su novela María República el escritor exiliado Agustín Gómez Arcos: "del infierno también se sale". Seguro que se sale leyendo.
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