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Opinión | En confianza

Comunicador audiovisual

El busto es mío

Creo que memoria y democracia también es reconocer la grandeza, honestidad y dignidad del contrario. Si de verdad queremos construir una ciudad donde todos quepamos, tendremos que poner nuestro granito de arena para conseguirlo

La pasada semana escuché en la radio unas declaraciones de Estanislao García Olivares, mi profesor de dibujo cuando estudiaba en el Bárbara. Tani hablaba sobre la estatua a Alfonso IX que ha realizado y que se inauguró, coincidiendo con el día de Badajoz, en el entorno de nuestra querida alcazaba. Supongo que si hubiera sido por algunos la escultura de Alfonso IX la hubieran colocado a hombros de Ibn Marwan para ejemplificar la reconquista de Badajoz. Cosa que jamás existió. Así que me vinieron algunas ideas a la cabeza que hoy quiero compartir contigo en confianza.

En Badajoz tenemos muchas estatuas, bustos y monumentos a figuras importantes relacionadas con nuestra ciudad. Y tengo una opinión muy firme de cómo este conjunto de obras no deja de ser también un mensaje que, a fuerza de repetirse en nuestras mentes con el devenir diario de lo cotidiano, marca la imagen colectiva que representamos como ciudad. Y esa imagen colectiva tiene su aquel, y desde luego, tiene su interpretación política o ideológica, como quieras llamarlo.

Sin ir más lejos, poca gente sabe que en Badajoz tenemos, a pie de parque, una representación a escala de los cuatro apóstoles del Valle de los Caídos en Cuelgamuros. Sí, sí. Como lo oyes. Juan de Ávalos hizo estas figuras como prueba antes de ejecutar las definitivas que hoy coronan aquel monumento levantado por Franco para su mayor gloria y para desgracia de quienes pensamos que nada puede borrar la realidad de lo que fue él y sus 40 años de dictadura: un infame asesino fascista que devolvió a nuestro país a un tiempo de oscurantismo y sin razón.

En definitiva, en Badajoz tenemos un pequeño valle de los caídos en pleno siglo XXI por delante del cual pasamos a diario sin apenas darnos cuenta. Y, como te digo, esto configura la proyección y la idea de Badajoz que tenemos tanto quienes vivimos aquí como quien nos visita.

Coincidiendo con la inauguración de la escultura de Alfonso IX, la concejala de patrimonio, Ana Casañas, defendía que la obra no es solo arte, sino un ejercicio de memoria colectiva. Y tiene razón. Pero la memoria, para ser democrática, no puede ser selectiva. También implica reconocer símbolos que quizá no encajan con tu ideología, pero que forman parte de una historia que merece ser contada con dignidad.

De los más de 40 conjuntos escultóricos que hay en Badajoz, brilla por su ausencia la representación de mujeres. Estas se circunscriben a Carolina Coronado en el parque de Castelar y al Monumento a la Hispanidad, con una alegoría de una mujer que sostiene una espada a modo de cruz, como si estuviera espantando vampiros. Hay alguna representación más, como la escultura de Badajoz sobre el río en Sinforiano Madroñero o, recientemente, la que se ha puesto frente al colegio de médicos, en homenaje al trabajo de las profesionales sanitarias. Poco más. Badajoz va muy cortita en este aspecto.

Me consta que hay una propuesta para colocarle un busto a Matilde Landa, ilustre pacense más conocida fuera que dentro de nuestra ciudad. De hecho, en Palma su figura tiene un reconocimiento que aquí no. También me consta que la propia Casañas se ha negado a facilitar en la plaza de Cervantes, que la vio nacer, el espacio para su colocación. Dice que porque era comunista. No sé, si a día de hoy hay que explicar a algunas personas los sacrificios, concesiones y muertos encima de la mesa que pusimos los comunistas para alcanzar la democracia de la que hoy disfrutamos, es que hay gente que no sabe ni por dónde le viene el aire. Bien harían en leerse algún libro o verse la miniserie 'Anatomía de un golpe' (o Anatop tep, que diría Feijóo), del extremeño Javier Cercas, poco sospechoso de ser comunista.

Creo que memoria y democracia también es reconocer la grandeza, honestidad y dignidad del contrario. Por eso, que te den con una escultura por to la cara no es agradable. Así que, si de verdad queremos construir una ciudad donde todos quepamos, tendremos que poner nuestro granito de arena para conseguirlo. Vale, yo te acepto tus símbolos, siempre que estén acordes con la ley, mientras que no los uses para darme con ellos por la cara. Acepta tú que en una sociedad democrática, los míos deben tener también su espacio. Máxime cuando la ciudad adolece de esa falta de figuras femeninas de referencia histórica. Que haberlas haylas, solo que querer verlas.

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