Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | En confianza

Comunicador audiovisual

La autoridad incompetente (I) Rebeldía

La rebeldía bien gestionada puede ser una herramienta punzante y afilada contra las injusticias que nos amenaza

Si hasta ahora he dedicado tiempo a contaros mi perspectiva sobre el uso común de los espacios públicos, cómo nos relacionamos con ellos y cómo los estamos perdiendo, en esta serie que hoy comienzo quiero hablarte de quién es competente en la ordenación de esos espacios. De la autoridad competente.

La primera vez que sufrí la desproporción del uso de la fuerza por parte de la autoridad competente fue en segundo de párvulos. Había que pegar algo en un folio y me pareció buena idea, además de pegarlo aplicando pegamento de barra detrás a los elementos de papel que debía unir, untar una capa de pegamento a modo de barniz por toda la página del bloc de dibujo, para darle más empaque al asunto. Me parecía que así quedaba mejor. Más sólido. Más mío. A mi maestra no le gustó ese arrebato de creatividad y me cruzó la cara de una leche que todavía siento hoy.

Supongo que lo que para mí fue creatividad, para ella era rebeldía. Y a los niños pequeños, y más si eran rebeldes, hubo un tiempo en el que había que ponerlos en su sitio rápidamente para que supieran de qué va esto de vivir.

Siempre he sido un poco rebelde. Y la rebeldía tiene un precio. Aunque es una actitud ante la vida que considero esencial y procuro alimentarla y gestionarla adecuadamente, no es para todo el mundo, lo sé. Como también he aprendido que en la vida la rebeldía sin control o dirección no sirve de nada. Es solo una pataleta, una rabieta momentánea que se pasa, seguramente, cuando se te pasa el sofocón de lo que te ha llevado a ese estado.

Por mucha razón que tengas, al final las cosas se diluyen. En cambio, bien gestionada, puede ser una herramienta punzante y afilada contra las injusticias que nos amenazan. Porque la rebeldía, la buena, va mucho de eso, de poner el dedo en la llaga, de señalar lo que no funciona o podría funcionar mejor. En el proceso seguro que tocas las narices, pero no es el fin fundamental. Y también, dependiendo del grado de tocamiento nasal que produzcas, tendrás que vértelas cara a cara con la autoridad. Y pide a Dios, a Alá, a Buda o a quien sea que le reces que la autoridad sea competente. Porque cuando la autoridad es incompetente, tener razón no sirve de nada.

¿Recuerdas aquel clásico de “I Fought the Law (but the law won)”, de The Crickets (1956), que hizo suyo Joe Strummer con The Clash? Luché contra la ley, pero la ley ganó. Pues eso.

¿Y cómo se gestiona y se convierte la rebeldía en algo útil? Pues de muchas formas, como te he dicho. La primera de ellas, y la que considero fundamental, organizándote colectivamente. Solo así la rebeldía en forma de rabieta puede pasar a convertirse en algo que realmente marque la diferencia.

Rebeldes fueron Gandhi, Martin Luther King, Mandela… y también los talibanes. Y no me negarás que entre unos y otros hay un abismo.

"Ser rebelde no te da la razón. Te coloca en conflicto. Y lo que hagas con ese conflicto es lo que te define"

Conviene recordarlo porque últimamente se ha puesto de moda romantizar la palabra. Ser rebelde no te da la razón. Te coloca en conflicto. Y lo que hagas con ese conflicto es lo que te define.

Hay una tendencia preocupante entre cierta juventud que se percibe a sí misma como rebelde por hacer justo lo contrario: apuntalar el poder. Votan a la ultraderecha, señalan al débil, desprecian al diferente y, aun así, se sienten rebeldes mientras hacen exactamente lo que el poder espera de ellos.

Hay que tener poca memoria -o mucho marketing encima- para creerse antisistema mientras repites el argumentario más cómodo para quienes tienen la sartén de nuestra vida cogida por el mango.

El otro día, en la cola del supermercado, conocí a uno de estos rebeldes. Dejamos pasar a una persona mayor y, al comentarle que ese gesto se estaba perdiendo, me respondió que era “un problema de lo woke”.

Ahí ya supe que se venían curvas.

Charlando un poco más, se definió como antisistema. Tiré del hilo. Era policía.

Un policía antisistema.

Me voló la cabeza. No era una contradicción. Era un síntoma. Alguien que forma parte del engranaje más visible del sistema y que, aun así, se percibe como que está contra él.

Quizá el problema no es que haya gente que se crea rebelde.

El problema es que ya no sabemos distinguir entre rebelarse contra el poder y ejercerlo contra los más débiles, contra quienes tienen todo en contra en este sistema y apenas pueden sacar la cabeza en un mundo cada vez más hostil, en el que ser un canalla se ha puesto de moda.

Tracking Pixel Contents