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Opinión | Tusitala, el narrador de historias

Librero

En defensa del cuento

Los libros de relatos se venden peor que las novelas, pero se leen mejor

Si unimos todos los cuentos de Borges, obtendremos la gran novela que nunca quiso escribir.

Si unimos todos los cuentos de Borges, obtendremos la gran novela que nunca quiso escribir. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

En el mercado editorial se da por sentado que los libros de relatos se venden peor que las novelas: algo tendrá que ver el hecho de que los llamados best-sellers, con las exageradas campañas de marketing que los acompañan, sean siempre novelas. No obstante, todos sabemos que, en los acelerados tiempos que vivimos, escasea nuestra capacidad para concentrar la atención en narraciones de largo aliento, y damos preferencia a aquello que pueda leerse en un descanso, en un pantallazo, en un suspiro: al relato, al poema, al microcuento, a la micropoesía. Mi conclusión, que entrego ya por anticipado en este primer párrafo, es que los libros de relatos se venden peor que las novelas, pero se leen mejor.

Vaya por delante que el relato bien puede ser una forma concisa y exquisita de escribir novela. Si unimos todos los cuentos de Borges, obtendremos la gran novela que nunca quiso escribir. El bibliotecario argentino excusaba su incapacidad para la novela con estas palabras: "Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios". Como reverso o espejo de Borges en su pereza y predilección por el cuento, tenemos el caso del laborioso José Saramago, cuyas novelas interminables podría quizá haber condensado en intensos pero breves relatos, y ahorrarnos grandes fatigas a sus lectores. Sin embargo, el propio Premio Nobel portugués cultivó las distancias cortas, y tiene en 'Casi un objeto' un fantástico compendio de relatos. Me gusta imaginar a ambos, Borges y Saramago, en el más allá de los escritores: además de confrontar con vehemencia sus ideas políticas tan opuestas, se desafiarían a escribir extensas narraciones, en el caso del primero, y a resumir en apenas veinte páginas las novelas del segundo. Creo que los dos perderían la apuesta.

En ciertos casos, podríamos decir que la mejor novela es el libro compuesto por cuentos que se relacionan y se interpelan entre sí: me vienen a la cabeza dos clásicos, por una parte ese maravilloso artefacto literario que Ítalo Calvino dio en titular 'Si una noche de invierno un viajero'; por otra, la excursión fabulosa de Fernández Flórez por el realismo mágico, a través de las frondosas páginas de 'El bosque animado'. Encontramos también libros de relatos que, además de mantener una temática común, funcionan como una suerte de repetición, gracias a su habilidad para explorar las mismas angustias vitales desde una variedad de ángulos y voces: es el caso de Lucia Berlin, cuyos textos se van superponiendo a medida que se leen, a modo de caleidoscopio, para conformar una imagen final que sigue brillando y dando vueltas en la cabeza de quienes la leemos.

Tal vez relato y cuento no sean sinónimos, pero las diferencias son tan escasas que haremos como si lo fueran. En cualquier caso, tienen la ventaja de prestarse con entusiasmo a las antologías: escoja usted un tema o una generación más o menos artificial de autores, y encontrará el correspondiente libro de relatos. Para quienes soportan cada vez menos la lectura de más de un centenar de páginas consecutivas de un mismo escritor, qué pesadez, se nos concede la opción de picotear entre distintos autores sin salir del mismo libro. Y en cuanto a las agrupaciones temáticas, pueden ser bien dispares, aunque el relato se asocia muy bien con géneros como el terror o la ciencia-ficción, en la medida en que esta clase de textos suelen sacar mucho partido de ideas explosivas, con gran fuerza narrativa y desarrollo breve, véase por ejemplo 'El verano del cohete', de Ray Bradbury.

Siguiendo con la ciencia-ficción, los cuentos nos permiten explorar futuros posibles, con tendencia a suponerlos nefastos: así ocurre en las narraciones breves de carácter distópico agrupadas en antologías como 'Malos días', en la cual participan dos autores de Badajoz, Jesús Gordillo y un tal Agustín Lozano. Salvando las distancias, otros dos autores actuales, que tienen en común su origen oriental y dedicarse casi por completo al relato, son Ken Liu y Ted Chiang, capaces de escribir sobre el pasado y el porvenir con una imaginación apabullante que posiblemente quedaría desvirtuada en el terreno de la novela. Philip K. Dick, por su parte, también escribió novelas, pero es recordado por sus relatos, varios de los cuales sirvieron como punto de partida para películas como Blade Runner, Desafío total o Minority Report, convirtiendo a Dick en una especie de guionista de cine involuntario.

Volviendo al terror, cabe mencionar a quien fuera uno de sus grandes maestros, Edgar Allan Poe, un auténtico virtuoso a la hora de sorprender con la revelación final que suele cerrar sus textos. Además, fue precursor de un género, el de la novela policiaca, que paradójicamente sólo exploró a través del relato. Contemporáneas de Poe, durante el siglo XIX destacaron un gran número de escritoras de terror, como las veinte autoras incluidas en la antología 'Damas oscuras: cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes'. En la tertulia de la librería Tusitala propusimos como lectura uno de los relatos incluidos en este volumen, 'Fuerza desatada', de Mary Cholmondeley, y su estremecedor recuerdo todavía nos persigue.

Ya para ir terminando, y aun sin haberme detenido en maestros cuentistas como Cortázar o Hemingway, se me antoja afirmar que el buen libro de cuentos destaca por lo que no dice, por el hueco o el silencio que existe entre un relato y el siguiente, especialmente cuando éstos se refieren a un mismo corpus. En la novela pasamos de un capítulo al siguiente sin solución de continuidad, pero en el relato, ¿cuántos más se podrían haber escrito y quedan ahora a discreción del imaginativo lector, ¿cuánto de las interconexiones entre los distintos cuentos forma una trama aún mayor que la suma de sus partes? En la infinita biblioteca de Babel habría, al menos, un relato inédito de Borges en cada uno de los anaqueles, pero ninguna de sus novelas.

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