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Opinión | La escotilla

Arqueólogo

De Falsos Cronicones

Badajoz, como sabemos, fue fundada por Ibn Marwan, musulmán, en el siglo IX. No hay constancia de cristianos, ni de obispados mozárabes, en esta ciudad hasta su incorporación al Reino de León

Es frecuente, a lo largo del tiempo, sentir la necesidad de reescribir la historia; más que reescribirla, de reajustar la narración a las necesidades del momento. Las razones para ello son múltiples y variadas, pues los conocimientos avanzan y las percepciones cambian. La historia, como tal, es siempre la misma (lo que pasó, pasó, es inmutable). Pero nuestra forma de entenderla o de explicarla cambia. Aquí trataré de un momento concreto en que se produjo esta reescritura, más que nada porque sus efectos se siguen notando hoy en día.

En el último tercio del siglo XVI se produjeron dos casos, no directamente interrelacionados entre sí, que sepamos, pero sí concomitantes: el supuesto 'hallazgo' en el Sacromonte granadino de los Libros Plúmbeos y la redacción por el jesuita Jerónimo Román de la Higuera de unas supuestas crónicas atribuidas a Flavio Lucio Dextro, Luitprando, Marco Máximo, y otros autores latinos casi desconocidos. Los primeros, una clara falsificación, se presentaban como un a modo de quinto evangelio dado por la Virgen a los cristianos de Granada antes de la invasión musulmana y ocultado a raiz de esta última. Los segundos se presentaban como crónicas de época paleocristiana en las que se hablaba de la evangelización de Hispania, de las persecuciones, de santos o de mártires hasta entonces desconocidos y correspondientes a muchos y diferentes lugares.

Don Julio Caro Baroja explicó los Libros Plúmbeos como una maniobra de la población morisca conversa granadina para defenderse de la presión y persecución a la que estaban sometidos por los autodenominados Cristianos Viejos, aduciendo que ellos tenían antecedentes tan cristianos y tan honorables como podían tenerlo estos últimos. Un caso similar fue el de las comunidades judías españolas, que argumentaban que llevaban en estas tierras desde la primera destrucción del Templo en el siglo VI a.C., y que por tanto no podían ser acusados de deicidio por la crucifixión de Cristo.

Algo parecido pasa con los Falsos Cronicones. Una parte importante de España, especialmente la que está al sur del Sistema Central, se consideraba que estaba en situación de inferioridad respecto a las comunidades del norte peninsular, pues muchos de sus municipios, incluso obispados, eran de nueva implantación tras la conquista cristiana y carecían por ello del prestigio de haber sido ciudades fundadas por los romanos, evangelizadas tempranamente en época apostólica, haber sufrido persecuciones y por tanto contar con mártires propios. Recordemos que en esta época había ya triunfado la idea propia del Renacimiento de que la verdadera gloria emanaba de la Roma Antigua. Román de la Higuera les proporcionó todo esto con sus (Falsos) Cronicones, tirando de trabajos previos de Annio de Viterbo y de Florián de Ocampo, otros falsarios.

Esto tuvo su reflejo en Badajoz. Primero porque ya en la Edad Media se habían inventado una (falsa) Pax Augusta, supuesta ciudad romana, origen (falso) de Badajoz. En los mismos años en los que Román de la Higuera montaba sus apócrifos, el canónigo badajocense Rodrigo Dosma escribió unos Discursos Patrios, en los que falsificó una lista de obispos que llevaban desde tiempos paleocristianos hasta su presente, con el invento delirante de una supuesta inscripción del obispo Daniel y otras memeces. Algo más tarde, el también canónigo Juan Solano de Figueroa se inspiró en los Falsos Cronicones para rellenar los primeros años de su Historia Eclesiástica de Badajoz o para su del todo falsa historia de los santos de Medellín. Badajoz, como sabemos, fue fundada por Ibn Marwan, musulmán, en el siglo IX. No hay constancia de cristianos, ni de obispados mozárabes, en esta ciudad hasta su incorporación al Reino de León.

Todo lo dicho es pertinente para la actualidad. Como dije antes, los efectos de las falsificaciones descritas se siguen notando hoy en día. La historia local tuvo un enorme auge en toda España después de la implantación de las autonomías, en parte como reacción al centralismo franquista y la unicidad de su discurso histórico (cuestionado y ya inútil), en parte por la necesidad de resaltar, cuando no de articular, el fondo histórico que pudieran tener las nuevas entidades políticas. En ese resurgir, no fueron pocos los que tiraron de estas vetustas historias seiscientistas o de alguna de sus derivaciones. No todos fueron conscientes de que estaban en una fase de reescritura de la historia, con lo que ello tiene de peligro de caer en la tentación de falsificarla, y como mucho quisieron considerar que estaban 'recuperándola'. Cuando pase algún tiempo, los historiadores de la historia estudiarán esta fase y llegarán a las conclusiones que haya que llegar. Simplemente he querido traer a colación estos hechos para recordar que con la Historia, no me cansaré de repetirlo, hay que tener mucho cuidado. Se ha falsificado tantas veces, y tan interesadamente, que la única forma sensata de abordarla es con un sano escepticismo.

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