Opinión | A mesa puesta
Taberna Da Adélia: una historia de regreso, amor y brasas
Nicolas ha conseguido algo poco habitual en Elvas: convertir su local en la única taberna de la ciudad que acompaña la bebida con aperitivos

Nicolas ante las brasas. / Pepe García
En la Rua de Alcamim, la calle más comercial de Elvas, Nicolas ha levantado una taberna con alma propia, hecha de recuerdos, afectos, aperitivos inesperados y una forma de recibir que ha conquistado tanto a la clientela local como a muchos habituales llegados desde Badajoz.
Un sábado como tantos otros, después de tomar una bifana y hacer algunas compras en el mercado Casa das Barcas, me fui dejando llevar por calles y travesías de Elvas hasta volver a la vía comercial de siempre. Fue entonces cuando me detuvo una imagen sencilla y poderosa: unas brasas en la puerta de una taberna y un olor limpio, hondo, de esos que no invitan a mirar, sino a entrar. Allí, en la Rua de Alcamim, número 18, me topé con Taberna Da Adélia, uno de esos lugares que parecen haber estado esperando a sus clientes de toda la vida incluso antes de abrir sus puertas.
Situada en la calle más comercial de la ciudad, Taberna Da Adélia participa del pulso diario de Elvas, pero conserva algo más difícil de encontrar: el aire de las casas verdaderas, de esos establecimientos donde el trato cuenta tanto como lo que sale de la cocina o de la brasa. Al frente está Nicolas, un hombre muy querido en la localidad y también al otro lado de la Raya, donde no le faltan amigos y parroquianos de Badajoz que cruzan hasta allí atraídos por el ambiente, por la conversación y por una hospitalidad que no entiende de fronteras.
La historia de Nicolas tiene detrás un viaje largo y un regreso lleno de sentido. Sus padres, Luis Antonio y Olinda, habían regentado una taberna llamada Vía Chavez, que montaron al volver de su emigración en Alemania. Aquel negocio cerró hace ya unos treinta años, cuando ambos se jubilaron. Por entonces, Nicolas no quería saber nada de la hostelería. Fue precisamente esa negativa la que lo empujó a marcharse joven a Zaragoza, donde trabajó durante 23 años en una fábrica. Pero el cierre de aquella empresa cambió el rumbo de las cosas y lo devolvió a Elvas, a la ciudad de la que un día salió.
Lo llamó Taberna Da Adélia en homenaje a su mujer, ya fallecida, dejando así una huella sentimental en el nombre mismo de la casa
Al regresar, llegó incluso a pensar en recuperar la antigua taberna de sus padres. Habló con su propietario y contempló esa posibilidad, pero el verdadero comienzo de esta historia nació de otra forma: un día, paseando por la Rua de Alcamim, vio el local del número 18 y pensó que allí podría hacer una bonita taberna. Se puso manos a la obra y hace ya 19 años abrió el negocio que hoy sigue regentando. Lo llamó Taberna Da Adélia en homenaje a su mujer, ya fallecida, dejando así una huella sentimental en el nombre mismo de la casa.
Ese nombre habla de memoria, pero la taberna no vive instalada en la nostalgia. Nicolas ha conseguido algo poco habitual en Elvas: convertir su local en la única taberna de la ciudad que acompaña la bebida con aperitivos. Puede parecer un detalle menor visto desde España, donde la tapa forma parte natural de la costumbre, pero en Portugal no existe esa tradición con el mismo arraigo. Ahí reside una de las singularidades del sitio y también buena parte de su atractivo.
En Taberna Da Adélia, los aperitivos son una declaración de intenciones. Por la barra o junto a las brasas pueden pasar garbanzos con oreja, judías con chorizo, alitas de pollo a la barbacoa, manitas de cerdo con cilantro, chorizos a la brasa, queijinhos de la zona o una sopa de guisantes con huevo, entre otras propuestas que dan forma al carácter del local. No hay en ello voluntad de exhibición ni cocina de artificio: hay cocina de taberna, de sabor y cercanía, de ese picoteo con fundamento que acompaña la bebida y alarga la conversación.
Quizá por eso el establecimiento ha terminado convirtiéndose en un pequeño punto de encuentro fronterizo. Nicolas no solo sirve vinos, cervezas o aperitivos. También saluda, recuerda nombres, comenta el día y hace sentir a cada cliente dentro de una rutina compartida. Ese modo de estar explica que su clientela no se limite a Elvas. Hasta su puerta llegan también muchos habituales de Badajoz, que han encontrado allí una mezcla poco frecuente: la familiaridad de una casa portuguesa y la complicidad casi inmediata de una taberna rayana.
Pero el alma de este lugar no se agota en la barra. En una de sus paredes hay un retrato de María, médica jerezana que ejerció en el centro de salud de Elvas y que fue otro de los grandes amores de Nicolas. Su presencia permanece no solo en esa imagen, sino también en la música: por ella suena siempre flamenco en la taberna, como una forma natural de enlazar afectos y recuerdos. A un lado está Adélia en el nombre; al otro, María en la pared y en el compás.
Nicolas tiene huerta propia. Sus productos los venden comerciantes ambulantes en los mercadillos y él mismo los ofrece también a las puertas del negocio
A ese retrato sentimental se suma otro más pegado a la tierra. Nicolas tiene huerta propia. Sus productos los venden comerciantes ambulantes en los mercadillos y él mismo los ofrece también a las puertas del negocio. Esa relación directa con el producto y con el pulso cotidiano de la calle encaja perfectamente con la filosofía de la taberna: un lugar sin impostura, hecho desde la experiencia y desde una forma honesta de entender la hospitalidad.
Taberna Da Adélia no necesita adornos. Le bastan unas brasas en la puerta, una cocina que acompaña sin engaños, un puñado de aperitivos que en Elvas son casi una excepción y la figura de Nicolas, que terminó encontrando tras la barra el lugar que acaso la vida llevaba mucho tiempo reservándole. En plena Rua de Alcamim, entre el trajín comercial y el paso constante de la ciudad, esta taberna demuestra que todavía existen sitios capaces de conservar algo esencial: el calor humano de los lugares verdaderos.
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