Opinión | La atalaya
Califas XXVIII
Uno de los aspectos más interesantes de los soberanos cordobeses es el de la imitación del protocolo romano oriental
Me queda ya poco por explicar sobre la personalidad de esos extraordinarios personajes que dominaron Al-Ándalus durante un siglo largo, después de que sus antepasados lo hicieran desde 756 a 929. Fueron los soberanos con más poder de todos cuantos han pasado, en distintos momentos, con diferentes ideologías y cambiantes conceptos de la realeza. Y, por ejemplo, ni Carlos I/V, con todo lo emperador que fue, tuvo tanta autoridad como los califas de Córdoba, en sus dominios; ni Felipe II, en sus inmensos dominios.
A ambos les faltaba la dimensión religiosa. Los emperadores cristianos occidentales no eran la cabeza de ninguna comunidad de creyentes. Los califas, sí. Esa es una de las diferencias esenciales entre los Austrias y sus colegas, los omeyas europeos. Y, así mismo –esto me lo han preguntado en algún comentario al margen-, existía una diferencia grande entre los llamados Príncipes de los Creyentes –lo de califas es, más bien, un adjetivo- y los emires o los sultanes. Estos últimos carecían legalmente de la autoridad religiosa, aunque alguno, más por tradición que por otra cosa, mantuvieran un título menor en lo político e hicieran patente el religioso a veces. Un caso preclaro es el de los sultanes de Fez, llamados hoy reyes de Marruecos.
Para la comunidad de los creyentes marroquíes es también califa y en contadas ocasiones se manifiesta con esa apariencia: vestimenta blanca, cabeza cubierta con algo parecido a un turbante –palabra y costumbre de origen turco-, parasol rojo, lanza (= anazá) de guía y montura también blanca. Pero su autoridad sacra se limita al país vecino. Una parte política, por simbólica, aunque ahora se lea de otro modo, está en el origen del conflicto del Sahara Occidental. Además de por otros motivos, desde Rabat se reivindicaba el teórico vasallaje prestado en el XIX por Ma al-Ainayn al sultán.
Hablando de símbolos, uno de los aspectos más interesantes de los soberanos cordobeses es el de la imitación del protocolo romano oriental. En la corte de Constantinopla el ceremonial áulico era muy complejo y, por extensión, todo aquel príncipe con pretensiones había de manifestarlo con un nivel parejo. Era difícil. Córdoba lo hizo por un tiempo.
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