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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

El día del beso

Por fin veo el primer beso, una anciana que camina sola abraza y besa insistentemente a su perro

La flor de un geranio se escapa de una reja, buscando un beso.

La flor de un geranio se escapa de una reja, buscando un beso. / Diego Algaba Mansilla

Empecé a escribir este artículo el lunes pasado, que según distintas cadenas de radio era el día mundial del beso. La noticia me pilló como todos los días, sin tener a nadie cerca a quien besar, así que salí a la calle, al encuentro de besos, de algún abrazo, o algo que tuviera relación con un día tan señalado. El beso produce bienestar, es una forma de comunicar afecto sin necesidad de palabras, también hay besos placenteros que provocan deseo. En la radio hablan sobre el día del beso como si todo el mundo tuviera facilidad para tener a alguien a quién besar.

Salgo a la calle, hoy más que a ver acontecimientos y rincones de la ciudad, salgo a ver con quién me encuentro, en un día en el que me siento como Ábalos, no tengo a nadie, ni chófer ni secretaria ni nadie a quien abrazar.

Cuando salgo a la calle con el primero que me encuentro es con Andrés. Andrés es marroquí, tiene desde hace años el Bazar al lado de casa. Ándres siempre me saluda con un buenos días y una sonrisa, algunas veces se lleva la mano al pecho, aunque es una costumbre que ha ido perdiendo con los años. ¿Sabrá Andrés que es el día mundial del beso? ¿Cómo se besan los marroquís? Los musulmanes del mismo sexo se suelen saludar con cuatro besos alternándose las mejillas. Andrés lleva mucho tiempo en España y sus hijos que se han criado en Badajoz no sé si seguirán las tradiciones de sus padres. Al mayor, al que conozco desde que era pequeño y que algunas tardes las pasa en la tienda ayudando a su padre, siempre le pregunto por los estudios, hace segundo de bachillerato, dice que saca buenas notas y que quiere estudiar ingeniería informática. Nunca le he visto dar un beso a su padre, ni cuando era pequeño.

Sigo andando, al siguiente que encuentro es al chino que tiene una tienda que está en la esquina. No sé cómo se llama y si lo supiera me costaría trabajo escribirlo. Al contrario que Andrés, nunca me saluda, yo a él tampoco, a pesar de que nos conocemos porque alguna vez he entrado en su tienda a comprar pan, lo siento frío y distante, poco empático, aunque eso sí, siempre que le he comprado me ha dado las gracias. Cuando paso, le oigo hablar en chino con su mujer y un hijo, que está algunas veces por la tienda. Las únicas palabras que le he escuchado en español son, "es un euro" y "gracias". Al chino no lo imagino besando. No sé cómo se besan los chinos, a este de la tienda nunca le he visto un gesto de cariño, nunca le he visto darle un beso a su mujer ni a su hijo. Dicen que los chinos evitan el contacto físico y no se suelen besar y mucho menos en público. Así que hoy, día del beso, no es el día de los chinos, aunque sí es el día de China para Pedro Sánchez, que acompañado de su mujer ha ido en esta semana a China, no sé si el presidente y su mujer están para celebrar el día del beso ni para celebrar nada, aunque estén tan lejos.

Sigo andando, llego hasta la esquina donde está situada la tienda del que ya es mi amigo Antonio. Antonio me guarda el periódico de La Crónica todos los días. Antonio es de Badajoz y su tienda no se puede definir con una sola palabra. Para hacernos una idea diré que puede ser del mismo estilo que Casa Espada, tiene de todo y si no lo tiene lo consigue. La tienda está situada en la esquina de la Autovía con Fernando Calzadilla, al lado de una obra que lleva años parada y cerrada con vallas, seguramente por algún conflicto de lindes, esto le está perjudicando el negocio al quedar el local arrinconado, sin visibilidad para los numerosos peatones que circulan desde la Estación de Autobuses al Centro de la ciudad. Antonio tiene la mala suerte de estar situado en mitad de un conflicto que no es suyo, pero puede que sea de los más perjudicados.

Voy a su tienda a diario porque, como he dicho antes, me guarda La Crónica de Badajoz, aunque lea el periódico en digital me gusta tenerlo en papel, considero una obligación leer el periódico en el que colaboro. Antonio siempre hace alguna crítica a mis artículos. En el anterior, que era muy bucólico, trataba del campo, de la primavera, de las flores me dijo que por qué en un texto estéticamente bonito metía a Trump. Le contesté que me parece mal olvidar la situación a la que nos está llevando, aunque yo no escriba sobre política y mucho menos sobre política internacional, hay que recordar la que está liando en el mundo. Me llama la atención su personalidad estrafalaria y cambiante y aunque yo no sea ni psicólogo ni psiquiatra, creo que está como una cabra. Un loco que dirige el país más poderoso del mundo sin que nadie le pare. Intentaré no escribir más sobre él, y menos en el día mundial del beso.

Cuando la gente vote en unas elecciones que lo haga con responsabilidad. Recuerdo que algunas veces lo de votar lo hemos tomado a broma. La primera vez que los españoles elegimos al representante de Eurovisión, elegimos a Chiquilicuatre, que era un personaje creado de pitorreo por Buenafuente. Chiquilicuatre cantaba mientras tocaba una guitarra de juguete, una de las cantantes del coro hacía como que se caía en mitad de la actuación. También recuerdo un curso en el instituto Zurbarán, que cuando tuvimos que elegir un delegado, elegimos al más tonto de la clase, para reírnos. Cuando llegó lo fuerte y había que negociar fechas de exámenes a través del delegado elegido, este no estaba a la altura, le daba vergüenza hablar con los profesores y era incapaz de negociar. Los profesores no cedieron y mantuvieron el mismo delegado todo el año dándonos una buena lección. Así que cuando se celebren elecciones que la gente piense a quién elegir y no vote por votar, que lo piensen incluso los partidarios de no votar. Veremos cómo deja el mundo Trump después de cuatro años de mandato, si no lo incapacitan antes. Hoy es el día del beso y en estas cotidianidades no se habla más de Trump.

Sigo caminando, veo una pareja de portugueses, van delante de mí, ella mira escaparates y habla, él contesta. Los portugueses son melosos hablando, quizás aquí vea el primer beso del día. Al final giran por otra calle. Va avanzando el día del beso sin haber visto un beso. Por lo que queda en pie de la avenida de Huelva una sudamericana lleva a una anciana en una silla de ruedas, acaricia su mano y su voz suena musical, como un susurro, pero es solo es un gesto de cariño sin beso. Por fin veo el primer beso, una anciana que camina sola abraza y besa insistentemente a su perro.

Uno de los dos arqueólogos de la obra explica a un grupo de personas el enterramiento de una pareja que al parecer han sido enterrados abrazados, esto no cuenta para el día del beso, porque fue en el siglo Xl. El arqueólogo explica a todo el que se acerca los datos que hasta ahora saben sobre el descubrimiento del cementerio musulmán. No voy a hablar de él ni del descubrimiento, porque creo que merece un artículo aparte.

Llego hasta la exposición que hay en la sala Vaquero Poblador de pintura y fotografía y tampoco veo ningún cuadro con besos. Ni siquiera una copia del beso de Gustav Klimt. La exposición que quiero ver es la del Meiac de Barjola, pero eso también será otro día más despacio.

Son las dos y pico. Llego a casa, después de buscar en la calle encuentro en casa el mejor de los besos, el más puro, el más sincero, el beso verdadero.

-Papá, dame un beso. Me ha salido muy bien el examen de lengua ¿Qué hay para comer?

P.D. Como no he encontrado besos en la calle para fotografiar, como el de Brezhnev y Honecker, o el de la enfermera y el marine cuando acabó la II Guerra Mundial, acompaño este artículo con la foto de una flor saliendo de una reja.

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