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Opinión | EL EMBARCADERO

Periodista y profesor

Esperanza, pese a todo

Pese a algunas escenas poco ejemplarizantes de parte de nuestra clase política, hay motivos para la esperanza global. Porque se ha conseguido desalojar del poder, de manera democrática, al ultraderechista Viktor Orbán, en Hungría

No doy crédito a lo acontecido hace unos días en un pleno del Congreso de los Diputados. Ver cómo un diputado de Vox, José María Sánchez García, visiblemente alterado, se encara con una letrada y con el vicepresidente primero de la Cámara Baja, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que en ese momento presidía la sesión, nos deja estupefactos. Lo nunca visto en el hemiciclo, no hay antecedentes de haber llegado nadie tan lejos, en tiempos de tanta tensión y crispación. Ese señor es un juez que pidió la excedencia para presentarse a las elecciones; también es catedrático en la Universidad de Sevilla. Incomprensible. Desde luego que es de obligado cumplimiento para un representante político guardar las formas y mostrar respeto hacia la institucionalidad; mucho más, si cabe, si este es un juez. ¿Cómo puede ser que la suerte de alguien pueda estar en manos de este tiparraco que se comporta como un matón? ¿Se imaginan que en un juzgado sucediese una escena como esta?

Este hecho, de una gravedad pocas veces vista en el parlamento, ha de tener consecuencias; hay que atajar este tipo de conductas con la máxima contundencia, sin ambages. Asimismo, se presenta como un toque de atención sobre una escalada que, si no se frena, puede que acabe en algo aún peor: la violencia física, llegar a las manos. A un diputado o senador le tenemos que presuponer un cierto control sobre sí mismo, sobre sus emociones. Incluso en el caso de que José María Sánchez hubiera sido insultado por un parlamentario de ERC, como afirmaba él, hay maneras distintas de protestar. Lo que no se puede tolerar jamás es subir a la tribuna de presidencia, situarse a pocos centímetros de quien preside el Congreso, increparle y encararse con un tono amenazante. Las imágenes hablan por sí solas y parece que, de un momento a otro, le va a dar un sopapo. Y no, no es un calentón; este diputado tiene un amplio historial de provocaciones y salidas de tono a sus espaldas. Su comportamiento representa cómo se las gastan en este partido de extrema derecha. De hecho, poco después otro diputado de Vox, en este caso de la Asamblea de Murcia, Antonio Martínez Nieto, llegó a decir en pleno algo así como que «tenían el deber de combatir, incluso con violencia, la aberración moral del aborto y la eutanasia». Suma y sigue. ¿Qué es esto? ¿Una llamada a la violencia política? Hasta ahora nadie, que yo sepa, se ha retractado en la formación de Santiago Abascal de estas aberrantes declaraciones.

Volviendo al Congreso, la oposición de Vox y PP ha impedido una declaración conjunta condenando estos hechos insólitos en la sede de la soberanía popular. El PP lamentaba este suceso a su manera, con la boca pequeña, en el Senado. Y a Feijóo no le interesaba hablar de este asunto, en unas semanas en las que su partido negocia con Vox la gobernabilidad de varias comunidades autónomas, entre ellas Extremadura. Quizá ahí se explique un poco esa reacción de los populares, de no molestar a la extrema derecha, de la que dependen para gobernar tres regiones. En Extremadura han transcurrido ya casi cuatro meses de las elecciones adelantadas por María Guardiola y nada se sabe sobre la constitución de un gobierno autonómico por parte de PP y Vox. No hay prisa, no importa que la región lleve con una parálisis política desde octubre. Vamos, casi un curso escolar perdido. Cada vez estoy más convencido de que dicha convocatoria fue un error, sobre todo para los intereses generales de la región, con un Vox fuerte que va a intentar dinamitar las políticas de la Junta de Extremadura en materia de igualdad y diversidad (derechos LGTBI), amén de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID), entre otras áreas. Ya veremos en qué acaba este culebrón y si tenemos que volver a repetir elecciones en verano, algo que penalizaría más a las derechas, pienso, por su incapacidad para llegar a acuerdos. Por su parte el PSOE, en el candelero a nivel nacional por el juicio a José Luis Ábalos y su pandilla, cuenta en la región con un nuevo líder, el cacereño Álvaro Sánchez Cotrina, que intentará estar preparado, por si toca volver a las urnas.

No obstante, pese a algunas escenas poco ejemplarizantes de parte de nuestra clase política, hay motivos para la esperanza global. Porque se ha conseguido desalojar del poder, de manera democrática, al ultraderechista Viktor Orbán, en Hungría. La salida del primer ministro húngaro después de dieciséis años en el gobierno supone una victoria no solo para la Unión Europea, sino también para la democracia en general, dado que él había sido el artífice de una degradación de las libertades civiles, del Estado de derecho, el pluralismo político o la libertad de prensa.

Y es que abril, con ese despertar a la primavera, tiene un no sé qué de liberación, de eclosión de la democracia y los derechos civiles y políticos. No en vano, fue en abril de 1974, un día 25, cuando se produjo en Portugal la Revolución de los Claveles. Cuarenta y tres años antes tuvo lugar la proclamación de la II República española, un 14 de abril de 1931, reflejo de los anhelos de libertad, igualdad y fraternidad. Fue una celebración masiva en la que, según sabemos, la inmensa mayoría de la ciudadanía festejó jubilosamente la llegada de un nuevo periodo que pretendía poner fin a grandes desigualdades sociales e instituir comportamientos y prácticas democráticas. Poco duró, por desgracia.

Otra esperanza que brota estos días es la de cientos de miles de migrantes que comienzan un proceso de regularización y tratan de iniciar una vida digna en nuestro país. A pesar de los mensajes racistas y xenófobos de dirigentes de Vox y PP, vinculando a los inmigrantes con la delincuencia (robos, violaciones…), sabiendo que todo eso es falso, me siento orgulloso de que puedan dejar atrás situaciones de explotación y logren, por fin, tener un contrato de trabajo y, con él, poder alquilar una casa y, con esa vivienda, tener una vida digna y poder acceder a servicios y pagar impuestos. En definitiva, tener una vida en condiciones. ¡Os damos la bienvenida con todas las de la ley! La esperanza y la alegría, con anuncios como este, relucen aun más estos templados y soleados días de abril.

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