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Opinión | EL CHINERO

Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Directora de La Crónica de Badajoz

Directora de La Crónica de Badajoz

Bala perdida

Familias, claustro y medios de comunicación deben ser informados puntualmente de las conclusiones de la investigación

Patio del colegio San José de Calasanz.

Patio del colegio San José de Calasanz. / JOTA GRANADO

Imagine como madre o padre que está esperando en la puerta del colegio donde su hija de 13 años juega al fútbol por las tardes para recogerla. Aún no es la hora y ve llegar una ambulancia del 112 y varios vehículos de la Policía Nacional y Local. En ese mismo momento recibe una llamada del entrenador para contarle que su niña ha recibido un disparo. Seguramente el entrenador no es tan directo, pero la realidad es esa. La bala le ha impactado en la pierna y aunque la herida no es de gravedad, ha requerido intervención para extraerla y hospitalización.

Imagine cómo han podido vivir esta niña, su familia, el resto de padres del colegio, los alumnos y todo el profesorado estos hechos. Sorprendidos, agobiados, intranquilos, inquietos, alarmados y, sobre todo, preocupados. Cómo es posible que algo así haya ocurrido en un colegio, donde se supone que los niños están a salvo de todo peligro que proceda del exterior.

Cómo se explica que una bala perdida haya ido a incrustarse en la pierna de una niña. Afortunadamente, le dio en la pierna y no en algún órgano vital. Una sola bala que, según el delegado del Gobierno, José Luis Quintana, llegó «de rebote». De lo sucedido, es la única «certeza» que ha trasladado Quintana. Esa y que lo ocurrido no tiene nada que ver con los tiroteos sufridos en distintos barrios de la ciudad las últimas semanas, meses. «Son absolutamente distintos», ha dicho, tajante. Pudiera pecar de atrevido cuando realiza estas afirmaciones, si al mismo tiempo reconoce que desconoce qué pudo suceder esa tarde para que una bala perdida impactase en la pierna de una niña de 13 años que jugaba al fútbol en el patio del colegio. «Apenas hay certezas», afirma y, sin embargo, tiene la certeza de que nada tiene que ver con los últimos hechos violentos sucedidos en la ciudad. Quintana ha zanjado cualquier vínculo entre este suceso y los últimos tiroteos, a pesar de que no tienen la menor idea del origen de la bala. Eso dice.

Argumentos poco tranquilizadores para padres, profesores y alumnos, que requieren saber qué ocurrió la tarde del martes en el colegio San José de Calasanz de Badajoz, el suceso más preocupante de cuantos han sucedido las últimas semanas, meses, en distintos barrios de Badajoz; y han sido unos pocos. Y como suele hacer habitualmente, cada vez que ocurre algún hecho violento, Quintana repite aquello de que Extremadura es la comunidad autónoma con menor número de delitos de España. Por mucho que lo repita, con sucesos como los últimos, no nos sentimos ni la comunidad ni la ciudad más segura.

Será complicado -eso parece- averiguar el origen. Pero es absolutamente necesario para las familias, los alumnos y los profesores del San José de Calasanz y de la ciudad entera saber qué ha ocurrido, para su tranquilidad y para la de todos los padres que dejan a sus hijos en los centros educativos en la confianza de que están a buen recaudo.

Preocupante sería que la bala no fuese de rebote, sino dirigida. No menos preocupante es que se trate de un proyectil perdido sin rumbo marcado, porque nos condena a pensar que todos estamos expuestos. La solución no pasa, como han pedido algunos padres del colegio, por blindar el patio. Muchos patios son permeables desde el exterior. Tampoco por extremar la vigilancia policial en los centros educativos. Que hubiese una patrulla en la puerta no lo habría evitado si, como parece, fue una bala perdida.

Lo que sí es absolutamente inexcusable es que la investigación dé resultados, que no se detenga hasta que no se sepa con claridad qué ocurrió y que familias, claustro y medios de comunicación sean informados puntualmente de las conclusiones. Este hecho es suficientemente grave como para disponer todos los recursos para su esclarecimiento y suficientemente serio como para compartir el desarrollo de las pesquisas con la opinión pública. «A ver si somos capaces de averiguar qué paso», han sido las palabras del delegado del Gobierno. La verdad de los hechos no debe darse nunca por perdida.

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