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Opinión

Arqueólogo

Califas (XXIX)

Nadie construye un salón grande y lujoso para ocupar sólo un rincón

Me referí a la imitación del protocolo romano oriental en la corte de los califas de Córdoba. Creo que es un aspecto muy digno de mención. Se ha analizado muy poco. Resulta difícil obtener conclusiones arqueológicas sólo a partir de unas ruinas, como, por ejemplo, las de Medina Azahara. Lo investigado del alcázar de la capital da para pocas alegrías. Entre los años cincuenta y ochenta del siglo XX hubo una cierta obsesión entre investigadores y eruditos por identificar los descubrimientos que, lentamente, se iban produciendo, atribuyéndoles nombres de los citados en los textos árabes.

No juzgo demasiado exitosos esos intentos. Alguno pudo acercarse a la realidad. Y en general son discutibles. Salvo por la aparición de epígrafes explícitos, apenas atisbamos algunos rasgos del protocolo áulico de nuestros omeyas, reflejo, a mi modo de ver, del desplegado en el Palacio Sagrado de Constantinopla. ¿Tiene algo que ver la disposición basilical del llamado Salón Rico o del Salón Alto -nombres instrumentales- con el esquema protocolario desarrollado dentro? ¿Fueron sus tracistas bizantinos, conocedores del modo de actuar de los romanos? Me permito aventurarlo. De algo estoy seguro: nadie construye un salón grande y lujoso para ocupar sólo un rincón. Eso se ha sugerido.

Me resulta muy interesante ver cómo se ha llegado a la conclusión de que en la proximidad de uno de los salones -el Rico- hay una cuadra. Ahora está visitable. Se emplearon en ella antiguos sarcófagos romanos como pilas de servicio o abrevaderos -sit transit gloria mundi-. Esta organización carecía de sentido y podría poner en duda la clasificación dada por los arqueólogos a la dependencia si no supiéramos cómo el emperador bizantino era el único con rango suficiente para llegar a caballo hasta el mismo salón del trono. Trasponiendo este gesto al palacio de la serranía cordobesa, podemos atribuir a la cuadra la función de albergar unos cuantos corceles. Los justos para permitir al Príncipe de los Creyentes tener cerca una cabalgadura si la ocasión lo requería. Nadie ha documentado semejante cosa en ninguna residencia regia de la península Ibérica en ninguna época. Ni antes, ni después de la presencia árabe. Ni aquí.

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