Opinión | Fragmentos de Badajoz
El barrio del Charco Jamaco
Jamaco era un apellido, pero se utilizaba para referirse a un estancamiento de agua, una charca grande o una pequeña laguna. Procede de la raíz prerromana o del latín vulgar ‘jama’, que significaba charco, fango o sitio pantanoso

Plano de Badajoz, 1739. / Juan de Subreville (atribución)
Así se denominaba a la zona baja de la calle Cristóbal Oudrid, Ronda del Pilar y baluarte de Santa María. El nombre del barrio aparece en una escritura de 1729 en la que el presbítero Juan Rodríguez Molano daba a censo una casa al maestro alarife Juan de Oses: «que la dicha casa de morada, que está en esta ciudad, en la calle que se dice del Deán Viejo, en las casas nuevas que se han fabricado en el barrio del Charco Jamaco, que linda por la parte que mira a la muralla con casa de Manuel Fernández Blanco». Más tarde se cita «una morada de casas, en la calle del Deán Viejo, al barrio nuevo, contra la muralla».
Jamaco era un apellido, pero se utilizaba para referirse a un estancamiento de agua, una charca grande o una pequeña laguna. Procede de la raíz prerromana o del latín vulgar ‘jama’, que significaba charco, fango o sitio pantanoso. En el habla de Extremadura se le añadió el sufijo aumentativo/despectivo ‘-aco’, dando como resultado Jamaco = charcazo, poza grande o laguna pequeña. Lo que sí tengo claro es que es un nombre del siglo XVIII. Por eso al brazo de la margen izquierda de la isla del Pico del Guadiana se le llamaba ‘Charco Jamaco’ y ‘Quebrada del Charco Jamaco’. Charco era porque solamente llevaba agua en época de crecidas y quebrada porque era una especie de meandro.
En 1728 el cerrajero Pablo Vita y su mujer otorgaban un reconocimiento de censo al convento de San Agustín: «poseen una huerta puesta de arboleda con su pozo y alberca al sitio de la Vega de Mérida, que al presente linda por el costado que mira a ella con tierra del albercón grande que llaman de don Pedro de Fonseca y es del mayorazgo del marqués de la Lapilla y por el costado que mira a San Miguel, con camino que va de esta ciudad al Prado Ruano y por la que mira al Charco Jamaco con sesmo [=camino que atraviesa fincas con servidumbre] que baja de las huertas y olivares y va a la Quebrada y al embarcadero».
Se cita otra escritura de la misma huerta en 1658, pero entonces no menciona el charco: «Juan Conquero, hortelano, vecino de esta ciudad de Badajoz, digo que yo tengo una tierra que fue huerta, a la Quebrada, que fue de Álvaro Rodríguez, hortelano, y lindan con el zesmo que va al embarcadero, de la una parte, y de la otra con tierras de don Pedro de Fonseca y camino que va al Prado Ruano y la Quebrada. Con carga de 30 reales y 30 maravedíes y dos gallinas, o un real de plata por cada una, que del suelo y propiedad de la dicha tierra se pagan al convento de San Agustín». Ese albercón grande de 1728 puede ser el famoso albercón romano, arrasado no hace muchos años.
La calle del Deán, Deán Viejo y Nueva del Deán, antes se llamó de Suero Vázquez de Moscoso, porque allí tenía su casa este señor. Fue un rico regidor de Badajoz en el siglo XVI que estuvo casado con Isabel de Contreras. Junto al hijo de ambos, Gómez de Moscoso y Figueroa, fueron propietarios del molino de Moscoso, situado en la desembocadura del río Gévora; no tiene nada que ver con el molino que actualmente se conserva en la misma zona, que data de 1884. A ver si por fin queda claro. También tenían una capilla en la catedral, llamada de Santa Ana o de los Moscosos, que fundó Suero Vázquez, contigua a la puerta del Cordero. La casa de Suero Vázquez fue después de Juan Ramos de Lorenzana, deán y canónigo de la catedral, por lo que se llamó así por su cargo en ella (deán), o quizá por otro deán llamado Felipe de la Plaza. En 1673 se vende la casa que fue de Suero Vázquez de Moscoso.
La hizo estando en prisión el chantre y canónigo de la catedral Pedro Fernández Pretel: «estando en un aposento de los de la torre de la iglesia parroquial de Santa María del Castillo, puesto en dicha prisión rigurosa y costosa por grave delito que por el fiscal general de este obispado internamente se le imputa (…) digo que yo hube unas casas de morada en esta ciudad, de don Juan de la Rocha, vecino y regidor de ella, como patrono de la capilla de San Blas, sita en el convento de frailes de la Santísima Trinidad, que fueron de don Felipe de la Plaza, deán y canónigo que fue en dicha Santa Iglesia, que primero lo fueron de Suero Vázquez de Moscoso, en la calle que dicen del Deán, con sus patios, vergel, corral y un solar frontero de las dichas casas que sirve de plazuela. Y linda el dicho solar con corral del horno de la Manzana y corral de las casas de la Parrada. Y las dichas casas principales con casas que fueron del dicho deán de la parte de abajo. Y de arriba con casas de don Jacinto Villavicencio». El precio de venta fue de 12.800 reales. La vendió porque le habían embargado sus bienes y no podía pagar los gastos del pleito y sus alimentos. La casa la compraba el regidor Rodrigo de Brito Lobo y Sanabria.
En 1711 se citan unas casas en la calle del Deán, que lindaban por la parte de arriba, haciendo esquina, «a la plazuela frente de dicha casa grande, que fue del dicho Suero Vázquez de Moscoso, y después de Juan Ramos de Lorenzana, deán y canónigo que fue de la Santa Iglesia Catedral, en que de presente vive don Pedro Chapín». Este debía ser el presbítero Pedro Chapín Grajera y Holgado. La casa perteneció al mayorazgo de los Chapín, pero no hay que confundirla con la otra de la calle de la Munición Vieja, hoy López Prudencio, en que vivió don Juan Chapín, fundador del mayorazgo. Esa plazuela que se menciona debió ser un hueco que se aprecia en esta calle y la del Doctor Lobato que vemos dentro del círculo del plano. Se la cita en 1720, cuando se vende una casa a Juan de la Vera por Juan Suárez Caballero «en la calle que llaman del Deán, y linda por la parte de hacia la muralla con casas que fueron de Isabel María, beata, y por la otra parte hacen esquina de la plazoleta que fue del deán, que hoy, de presente, es de los herederos de don Juan Chapín, en la que vive don Pedro Pariente, tesorero, dignidad de la Santa Iglesia Catedral». En 1768 la habitaba la viuda Ana María de Tovar. La calle del Deán pasó a llamarse Cristóbal Oudrid en 1902, «para honrar la memoria del celebrado autor de El molinero de Subiza, El postillón de la Rioja y otras muchas inspiradas zarzuelas y notables composiciones musicales».
El baluarte de Santa María, también llamado de la Laguna, sobre el que está el colegio Lope de Vega, se llamaba así porque con las lluvias se formaba una laguna junto a él. Posiblemente, haya un manantial que vierte las aguas a la zona por la pendiente natural del terreno. Por eso vemos en el plano que apenas había casas en su entorno. En 1733 Matías Rosado daba unos solares al carpintero Manuel Rodríguez donde iba a construir una casa «frente al baluarte de la Laguna, a donde dicen la Rinconada, bajando la calle de la Zarza hacia dicha laguna, a la mano izquierda, con el frente a la acera de casas nuevas que están hechas en dicha Rinconada, que son del convento de Santa Lucía».
La entonces calle de la Zarza, antes de Pedro Hernández Sastre o de Pedro Hernández Créspite, es hoy la de Suárez Somontes. En 1755 la vemos como Nueva de la Zarza (parte más cercana a la muralla) en la venta que hizo el presbítero Luis Montero del Moral: «una casa de morada en la calle de la Rinconada, que linda por la parte de abajo con casa de Isabel Romera y por la parte de arriba con el corral de la que posee Diego de la Cuadra, harinero, y por la espalda hacen frente con su puerta falsa a la muralla; dos solares accesorios a las referidas casas que se hallan consistentes en la calle Nueva de la Zarza y linda por la parte de abajo con casas que fueron de Matías Rosado, alarife, que hace esquina a dicha muralla y Charco Jamaco; y por la de arriba con la atarazana-astillero de las casas que fueron de Fernando Ruiz, maestro de carpintero».
La calle de la Rinconada es la actual San Sisenando, que antes se llamaba de la Pulgosa y luego del Silencio, por eso también se llamó barrio de la Rinconada en 1737. Qué casualidad que en esa zona de la Laguna o Charco Jamaco existiera un astillero para hacer embarcaciones. En las ordenanzas de Badajoz de 1767 se cita el «baluarte de Santa María, donde vulgarmente se dice Charco Jamaco».
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