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Opinión | EL EMBARCADERO

Periodista y profesor

Somos cultura en Badajoz

Chema nos mantiene informados por WhatsApp diariamente de la agenda cultural de Extremadura, en su, como lo define él, "grupo de cultura, solidario y animalista-ecologista»

Ayer celebramos el Día del Libro, una cita que nos recuerda, cada 23 de abril, la importancia de la lectura, del valor de este objeto físico como herramienta de conocimiento y transmisión de ideas, de la cultura en general. Desde pequeño me apasiona esa ligazón de muchas hojas de papel escritas, con ilustraciones, fotografías… que, encuadernadas, constituyen un volumen. De hecho, me gusta tener siempre a mano algo para llevarme a la vista: libros de diferentes estilos y géneros, periódicos, revistas, boletines, folletos, pasquines…, qué sé yo, algo con lo que pasar el rato y entretenerme, que me cuente algo interesante, al tiempo que lo cojo entre mis manos, lo huelo… ¿Qué seríamos cada uno de nosotros sin haber podido contar con los libros, con historias escritas que nos han hecho viajar, soñar, reír, llorar, emocionarnos… y muchos verbos más, los que quieran ustedes? Si, además de leer, hablamos con alguien de literatura, recomendamos libros, compartimos lecturas… disfrutaremos, sin duda, mucho más de todo lo que nos pueden llegar a ofrecer.

Los libros forman parte de la cultura, ese término tan manoseado a veces que a cada cual le puede sugerir algo distinto. Sin embargo, para comenzar, nada mejor que recurrir a la etimología. La palabra 'cultura' deriva del verbo latino 'colere', que significa cultivar, por lo que originariamente estaba relacionada con el cultivo o labranza de la tierra (la agricultura). Con el tiempo, se empezó a comparar el espíritu de una persona ruda con un campo sin cultivar y su educación con el cultivo de ese campo. Esta hermosa metáfora dio pie a la expresión 'cultivo del alma', de tal suerte que se comenzó a hablar de un ser 'cultivado', como aquel que ha sido instruido o educado, de una 'persona culta'. Siempre he pensado lo mismo: el que a mí me gusten la literatura, el teatro, el cine, la música, las artes plásticas… se lo debo, sobre todo, a quienes me rodearon, a mi familia, a mis maestros y profesores, a mis amigos, compañeros… Todos ellos nos transmitieron este microbio y, así, nos ayudaron a construir nuestra personalidad, a modelarnos como si fuésemos una escultura de barro. Nada es causal, aquí tampoco. En un entorno de marginalidad y exclusión social, falta de recursos y oportunidades, violencia… resulta mucho más complicado que afloren estas inquietudes.

En el siglo XIX la palabra 'cultura' fue ya asociada a las actividades lúdicas que las personas bien educadas realizaban en sus tiempos de ocio: leer novelas, asistir a la representación de una obra de teatro, ir a la ópera, visitar exposiciones de pintura, asistir a conferencias… Esta noción decimonónica de cultura, aún bastante extendida, nos sugiere una 'cultura elitista', patrimonio y expresión de una clase privilegiada, que todavía se deja ver en las secciones de cultura de los periódicos o en la labor desarrollada en los ministerios, consejerías y concejalías de Cultura de gobiernos nacionales, regionales y municipales, respectivamente. Junto a ella, la 'cultura popular', entendida como ese cúmulo de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo; y la 'cultura de masas', con objetos, bienes y servicios producidos por industrias culturales siguiendo un modelo consumista, y que comenzaría con la imprenta en el siglo XV y se desarrollaría en el siglo XX con la prensa escrita, la radio, el cine, la televisión e internet.

He vivido fuera, en grandes ciudades, donde hay de todo. Eso no me ha hecho olvidar la gran oferta cultural y de ocio de mi ciudad natal. Badajoz, con sus 150.000 habitantes, puede presumir de tener una cargada agenda de eventos culturales, programados por entidades públicas y privadas. Sin ánimo de querer quedarme a nadie atrás hay que señalar, junto al Ayuntamiento, la Diputación y la Consejería de Cultura de la Junta, a espacios y colectivos heterogéneos. En ese listado no pueden faltar el teatro López de Ayala, el Hospital Centro Vivo, la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País, el Ateneo de Badajoz, la Fundación CB, la Biblioteca de Extremadura, la Biblioteca Pública del Estado Bartolomé J. Gallardo, la Biblioteca Pública Municipal Santa Ana, la sala de proyecciones de la Filmoteca de Extremadura (ubicada en el Centro Joven), el Palacio de Congresos Manuel Rojas, la Residencia Universitaria Hernán Cortés, el Meiac, el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, el Museo de Bellas Artes, el Museo de la Ciudad Luis de Morales, la sala Off Cultura, las librerías de la ciudad (Colón, Tusitala, Merienda de Letras…), etc.

Si primordial es la función de la programación y gestión cultural, no es menos la de la difusión. En esta tarea participan los medios de comunicación, las redes sociales y, también, un hombre sin el que es difícil de entender hoy en día la cultura en Badajoz. Él es Chema: José María Ramos Pérez. Su altruista actividad de escudriñar hasta el más sencillo evento cultural que tenga lugar en la capital pacense para difundirlo es ímproba. Gracias a su tarea nos mantiene informados por WhatsApp diariamente de la agenda cultural de Extremadura, en su, como lo define él, «grupo de cultura, solidario y animalista-ecologista».

Ya hubo precedentes: ¿quién no recuerda el blog El Avisador de Badajoz, de Pedro Montero, que nos informó entre 2005 y 2015? Pedro Montero, fallecido en 2018, no solo recogió en su blog convocatorias de actos culturales y festivos, también había hueco para reseñas de libros, crónicas, curiosidades, chascarrillos… Chema, de algún modo, toma el relevo de Pedro con sus listas de difusión en WhatsApp. Él es un hombre generoso, que vive de manera intensa la cultura de Badajoz y cuya labor, como la de Pedro, no ha sido lo suficientemente reconocida. ¡Gracias, Chema, por mantenernos al tanto de la actividad cultural en Extremadura!

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