Opinión | EL CHINERO

Directora de La Crónica de Badajoz
Desconfianza
La inseguridad en Badajoz no es una sensación, son hechos tangibles

El mostrador de la farmacia, con el impacto de bala y, arriba, el cartel de gratitud. / Jesús G. Hinchado
Esta semana iba a tener todo el protagonismo la pesada bola de piedra que, inesperadamente, se cayó del lugar privilegiado que ocupaba en Puerta Pilar en Badajoz y estuvo a punto de golpear a quien afortunadamente ha vivido para contarlo. Todo indica que fue un acto de vandalismo lo que provocó que la bola -qué pesada- se desprendiese de su seguro anclaje, que ha demostrado no ser tan seguro. Nadie, ni siquiera el alcalde, Ignacio Gragera, confía en que se pueda encontrar al responsable, si es que lo hay. El ayuntamiento no ha llegado a poner denuncia y Gragera hace un llamamiento a la colaboración ciudadana, por una bola de piedra que, eso sí es verdad, podría haber causado una desgracia.
Habría sido la polémica de la semana si el jueves por la tarde en la farmacia de la calle Santo Cristo de la Paz no se hubiesen visto sorprendidos por la irrupción repentina de dos presuntos sicarios que entraron despavoridos en el local protegiéndose de quienes los perseguían a tiros. En un principio creyeron que se trataba de ladrones, cuando lo que realmente ocurría es que ambos estaban huyendo de quienes, a su vez, eran sus víctimas, en cumplimiento del encargo por el que se encontraban en Badajoz. Se colaron en la farmacia al grito de «cerrad la puerta o nos matan a todos». Todo ello con armas de fuego de por medio y disparos por doquier.
Decir que fue de película se queda corto. En el mostrador de la farmacia permanece la prueba de la tragedia que pudo haber sido y no fue, con el impacto que lo atravesó, debajo del cartel que da a los clientes las gracias por su visita. No a todos.
El alcalde define lo que está ocurriendo en Badajoz en las últimas semanas como una «escalada sin precedentes», tras este último incidente, ocurrido justo una semana después de que una niña de 13 años sufriese un balazo en una pierna cuando estaba jugando al fútbol en un colegio. El alcalde pide «medidas serias y contundentes» y que intervenga el Ministerio del Interior, porque parece que no se fía de que sean suficientes las decisiones que se están tomando aquí por parte de los responsables de las fuerzas de seguridad. Más bien, desconfía de que las fuerzas existentes sean suficientes, pues llega a pedir mayor presencia policial, que vengan de otras comunidades autónomas, como lo hacen las de aquí cuando otras las requieren.
Que lo diga el alcalde es comprensible, pues es la respuesta a la alarma social que se ha generado en su ciudad. Que su percepción no es equivocada lo confirma que un sindicato policial, Jupol, utilice el mismo término para referirse a la situación que se vive en Badajoz y afirme que el tiroteo de San Roque «marca un antes y un después». Como para no tener miedo. Jupol alerta de que no se trata de un episodio aislado y de que los autores actúan «con sensación de impunidad». Que esto lo diga un sindicato policial no tranquiliza precisamente. Como hace el alcalde, reclama un plan de seguridad extraordinario continuado en el tiempo. Algo que haga creer a los ciudadanos que se están disponiendo todos los medios posibles para averiguar qué está pasando y ponerle fin con la detención y entrada en prisión de todos los culpables.
Las últimas palabras del delegado del Gobierno, José Luis Quintana, por mucha razón que tenga, no contribuyen a esa tranquilidad. Quintana pide «confianza» en la Policía Nacional y en la Guardia Civil y aboga por que se les deje trabajar, al tiempo que pone en valor su profesionalidad. Una profesionalidad de la que nadie duda, pero la inseguridad no es una sensación, como la que decían que existía en el Casco Antiguo, sino que se sostiene sobre hechos tangibles, extremadamente graves, de los que desconocemos la vinculación entre sí. Mientras tanto, da la sensación de que, ocurra lo que ocurra, nadie se compromete a incrementar la presencia de efectivos policiales, como piden el alcalde, Jupol y todos a quienes nos inquieta lo que está sucediendo en esta ciudad. No es falta de confianza. Es miedo.
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