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Opinión | La escotilla

Arqueólogo

Valores

Hay que manejar los valores con cautela y precaución; extremar el cuidado al calificarlos de buenos o malos, apropiados o inapropiados

No seré yo quien niegue la importancia de los valores para regir tanto la acción del grupo social como la del individuo como tal. Bien al contrario, importan. Ahora bien, hay que manejarlos con cautela y precaución; extremar el cuidado al calificarlos de buenos o malos, apropiados o inapropiados. Más adelante se verá por qué lo digo, pero antes veamos cómo calificamos en la actualidad algunas cuestiones.

Hoy en día se tiende a valorar negativamente el consumo de alcohol y de tabaco, y sólidas razones médicas se aducen para ello. La misma consideración se da, desconsideración más bien, al oportunismo y al relativismo en la acción política por entender que carecen de coherencia, de ideales y de valores. Se tilda a quien así actúa de chaquetero y de traidor, se le descalifica de entrada para participar en la acción política y social.

Por el contrario, se valora positivamente ser abstemio y no fumar. Igualmente, se tiende a considerar (sin sólidas razones médicas para ello) que es mejor ser vegetariano que carnívoro. Estas valoraciones derivan históricamente de dos fuentes: el puritanismo (sobre todo el protestante evangélico, que no es ni mucho menos el único puritanismo posible) con aportaciones derivadas del movimiento decimonónicoalemán del 'Lebensreform' (reforma de la vida) que propugnaba una vuelta a la naturaleza, a lo natural, y que insistía especiamente en el vegetarismo, la medicina natural-popular frente a la farmacopea, y un cierto rechazo a todo lo que entendían que era artificial o artificioso. Este movimiento alemán tuvo varias derivadas, entre ellas el naturismo y el ecologismo. Añado como contexto que durante los años del nazismo este movimiento tuvo una muy buena consideración tanto en lo político como en lo socio-cultural, sin que pretenda por ello poner del todo en cuestión sus derivadas posteriores.

Actualmente, por influjo del mencionado puritanismo que ha penetrado en nuestra sociedad a través del poderío de la cultura estadounidense, uno de cuyos rasgos definitorios (aunque no siempre lo reconozcan) es el puritanismo y apoyado igualmente en el rechazo a la artificialidad de las derivadas del 'Lebensreform', se han impuesto las valoraciones negativas y positivas que he descrito en los párrafos anteriores. Son prácticamente hegemónicas y llevarles la contraria puede provocar la descalificación de quien lo haga. Esta hegemonía, esta negación de la posibilidad de ser crítico con una idea es la primera precaución de la que hablaba que hay que tener en cuenta con los valores. Tienden, en lo ideológico, a convertirse en absolutos y absolutistas. Ilustraré esto con un ejemplo práctico y fundamentado en acontecimientos históricos que todos conocemos.

Imaginen un juego en el que tuvieran que elegir al dirigente de un país. El primer candidato es un vividor, fuma continuamente, bebe cantidades interesantes de whisky, ya ha traicionado varias veces a su partido y a sus colegas, carece realmente de ideales, es un oportunista. El segundo es vegetariano, no bebe ni fuma ni permite que se haga en su presencia, es fiel a sus ideales y firme, incluso implacable en su defensa y está entregado en cuerpo y alma a implantarlos sobre la faz de la tierra.

Lo bueno de saber aunque sea un poquito de Historia es darse cuenta de que si uno elige al segundo sobre el primero lo que ha hecho es elegir a Hitler sobre Churchill. Como ya sabemos cómo acabó aquello, valoren ustedes su valoración de los valores, y díganme si no conviene tratarlos con mucha precaución.

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