Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Diario de Sol

Badajoz

El Día de las Madres

Quienes aún las tenéis cerca, abrazadlas, dadles besos de felicidades, acompañadlas al cine o al teatro, a un concierto de grupos que ni conoces, pero que les hace bailar música de los 80 y luego subes sus vídeos y se hacen virales

Isidra, mi madre.

Isidra, mi madre. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

22 de junio de 1932. En el número 32 de la calle Martín Cansado de Badajoz nace la primera de los hijos e hijas de la familia Martínez Castaño, Isidra. La madre, Leocadia Castaño, de Nogales. Ella y todas sus hermanas eran llamadas las mujeres de piel de canela. Salieron de la penuria del campo extremeño de la época para instalarse en la capital del reino.

Todas rubias, de ojos azules, bellas y con ganas de descubrir el Madrid de la república que las acogió y se convirtieron en mujeres de bandera. Leocadia fue la única que se quedó en Badajoz para formar una familia. Se casó con Pepe Martínez, de Barcarrota. Su familia, la de los Traga, conocidos comerciantes. Se casaron con ese amor que les haría tener una gran familia, diecisiéis criaturas tuvieron. Todas crecieron entre fogones las chicas y las barras de los negocios los hombres, seis y seis, bien repartidos los doce que vivieron.

Isidra, la mayor, durante la Guerra Civil la trasladaron a Madrid con sus tías, ya que Badajoz era territorio peligroso. Al volver, ya todo color azul, tuvo que dejar la escuela, el Lope de Vega, para ayudar en el cuidado de sus hermanos. Pero su amor a las novelas, a los libros, la mantenía leyendo por las noches. Cuando apagaban la luz, las velas cual Jo de Mujercitas la mantenían despierta e imaginando ser maestra. Nunca lo fue. De cuidar a sus hermanos a cocinera. Entre fogones, los del casino de Barcarrota se enamoró del más guapo de la comarca. Tomás Torres, turronero que le dedicaba cartas de amor y no pudo resistirse a tener novio. Un amor en el que unos ojos verdes se fundieron con el corazón más grande del mundo. La vida no fue larga para ellos. Dura en algunas ocasiones, pero en esta historia el Amor fue hasta sus muertes. Ahora convertidos en Estrellas, las que más brillan en mi firmamento, continúan viviendo en Tomás, Miguel Ángel y Sol.

Sí, Isidra es mi madre. Ella simboliza a todas la madres del mundo, que el domingo celebraremos. Hace ya casi treinta años que no puedo darle un beso de Felicidades por su Día, le dedico textos y algunos post en redes sociales con margaritas que eran sus flores preferidas.

Quienes aún las tenéis cerca, abrazadlas, dadles besos de felicidades, acompañadlas al cine o al teatro, a un concierto de grupos que ni conoces, pero que les hace bailar música de los 80 y luego subes sus vídeos y se hacen virales. Invítala a un viaje a Lisboa, que ya no es el que ellas conocieron, o a Madrid a un musical. Que os cuenten historias de cómo conocieron a vuestro padre, de la luna de miel en Torremolinos o Canarias, de la primera vez que fueron a la verbena del pueblo. De cómo era enamorarse sin móviles, saliendo a pasear y volviendo a la hora a casa de tus abuelos. De las verbenas en San Francisco y sus bailes de feria de San Juan, de las primeras discotecas de Badajoz, de Fashion, 29’92, la Costa Oeste.

Todo eso, guárdalo en tu corazón y cuando ya no la tengas cerca, será tu más preciado regalo.

El domingo Felicidades a todas la Madres. A las Amigas madres, esas que nos cuidan, nos riñen, que se convierten en confidentes y se preocupan por ti, como lo hacen con sus hijas. Madres no biológicas, con embarazos que duraron años de documentación, de espera y esperanza, de viajes en los que encontrarían el extremo de su hilo rojo. A las Madres que son padres, porque nunca hubo o nunca quiso, y es mejor hacer un proyecto de familia sola que mal acompañada. A las Dos madres que forman hogar, que son muchas y las tengo cerca, a las que la igualdad, la visibilidad, los colores y el amor las guía, aunque mucha gente no las entienda, también son Familia.

Madres que preparan tuppers para sus criaturas que estudian en la universidad, o que viven en otra ciudad, da igual, las lentejas de los lunes siempre sobran para sus niños y las lavadoras de sus prendas, sigue siendo la colada de sus casas. Madres que no duermen hasta que todos sus cachorros vuelven a casa… Da lo mismo la hora, la edad. Ellas no descansan hasta que oyen la puerta y saben que están en casa. Si llegan un poquito perjudicadas les hacen una tostaíta y a la cama, ya mañana me cuentas si el chico que te gusta estaba en el concierto, venga, a la cama.

Madres que no fuimos y que cuando nos dicen, no puedes saber lo que se siente, sonreímos, porque tuvimos las mejores madres que nos enseñaron que como el amor de madre, no existe otro igual y lo sabemos.

Madres Madrinas, que hemos ido adoptando ahijadas de bautismo, vida y confirmación. Y las cuidamos en la distancia, les compramos quesos porque son ratonas y libros de hadas, y hacemos merendillas en primavera.

A las Malas Madres, eso dicen, porque intentar combinar la vida laboral con llevarles al cole, preparar la comida, las clases extraescolares, con tu yoga o pilates, ir al cine, salir un ratito con las amigas… les hace pensar que no son buenas, pero yo os digo que sí. Que os admiro, por continuar siendo madres sin renunciar a ser mujeres.

Madres que no necesitan poner el termómetro a sus peques porque con una mano en la frente detectan décimas febriles. Madres que han aprendido muchísimo de fútbol y que llevan a sus niñas y niños a los partidos sin faltar a uno. Ahora también han aprendido las reglas del vóley que se ha puesto de moda entre las niñas de Badajoz y animan una barbaridad. Madres que te dicen que estudia, estudia, estudia que es lo que te hará encontrar un trabajo.

Lee, lee, lee, que es lo que te hará encontrar la felicidad. Vive libre, siempre libre, que es lo que te hará ser única. Madres libertad, que te dan las herramientas adecuadas para que encuentres el camino tú sola, tú solo. Madres sueños, que consiguieron con mucho esfuerzo los suyos y los transmiten con la esperanza de que sus peques también lleguen a lograrlos.

A las Madres de mis amigas, que siempre me hicieron sentir en su casa como en la mía, para las que poner un plato más en la mesa es algo común. Donde comen tres comen cuatro, y un huevito frito siempre hay, ¡sólo faltaba!. Te quedas y chim pum. Y tú sabes que lo hacen porque muchas veces te vieron triste y no era necesario decir nada más. Gracias a todas.

Abuelas madres que vuelven a ser madres todas las tardes cuando recogen a sus nietas y nietos en el cole y los llevan a inglés o a natación y les compran los donuts o la palmera de chocolate, que para algo han llegado a la edad de dar caprichitos a sus nietos. Los martes les esperan al mediodía en San Andrés y les invitan a comer y si tú pasas, tienes que sentarte a tomar algo y escuchar a la madre de tu amiga porque es la persona que más sabe de historia del mundo mundial y aprendes muchísimo con y de ella.

Madres que cada Nochebuena te acogen en su casa.

-Tú sólo tienes que traer vino y sidra, me dice todos los años Yaki, de todos los colores, que somos doce o trece, ya lo sabes.

Los Cortés Martín son también mi familia y tienen una madre, abuela de mis sobrinos Chiqui y Miguel, madre de mi cuñada Esther. Acaban de despedirse para siempre de ella, después de luchar contra una enfermedad que se la ha llevado antes de lo que debería. Mi amor y mis condolencias. Lo siento.

Porque las madres deberían durarnos toda, toda la vida, toda.

¡Feliz Día de las Madres!

Tracking Pixel Contents