Opinión | En confianza
Receta para convertir Badajoz en una ciudad insegura
Lo complicado -y bastante menos rentable- es ponerse a hablar de mantenimiento, de inversión, de servicios públicos que funcionan regular y de responsabilidades que no se asumen
En Badajoz últimamente pasan cosas. Y como nadie da puntada sin hilo, alguien ha decidido que en vez de explicarlas es mejor cocinarlas. Así que, si te animas a preparar este plato tan de moda, aquí tienes la receta.
Ingredientes
● 2 tiroteos entre bandas, en crudo.
● 1 caso especialmente sensible, el de una niña herida de bala en un colegio, para aportar intensidad al conjunto.
● 1 bola de mármol desprendida de Puerta Pilar, ligeramente envejecida.
● 1 farola caída junto a parque infantil, mejor si está recién salida del susto vecinal.
● 2 niños que se escapan de un colegio, enteros, sin supervisión.
● 149 monedas de oro desaparecidas del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, previamente seleccionadas.
Para el aliño:
● Un chorrito de conflicto institucional entre Ayuntamiento y Delegación del Gobierno.
● Una pizca de cálculo electoral, con un alcalde vigilando el fuego mientras le sube la presión por la derecha con VOX.
● Y, al gusto, tertulianos, redes sociales y barra de bar.
Elaboración:
Introducir todos los ingredientes en una coctelera. No separar por categorías ni tiempos de cocción; la gracia está en que todo se mezcle sin criterio. Agítese con energía hasta que desaparezcan los matices y quede una masa homogénea.
Presentación:
Servir en caliente, acompañado de titulares gruesos y frases contundentes.
El otro día discutía con un amigo de los que están en mi mismo lado del tablero porque le escuché decir que Badajoz se está convirtiendo en el salvaje oeste. Y si me sueles leer, ya me vas conociendo, no pude callarme.
No tanto por lo que decía, sino por lo que implica decirlo. Porque reducir todo a "esto es el salvaje oeste", es renunciar a mirar qué está pasando en realidad. Y lo que es peor: empezar a comprar soluciones que no tienen nada que ver con los problemas. Aquí no ha pasado una cosa. Han pasado varias. Y bastante distintas entre sí.
Un tiroteo entre dos grupos rivales no tiene nada que ver con una farola que se cae. Ni con una chapuza en el mantenimiento de una estructura histórica. Ni con un fallo en un colegio. Ni con un robo en un museo. Pero todo eso se mete en el mismo saco. Se agita un poco. Y sale la palabra mágica: inseguridad. Y claro, si el diagnóstico es ese, la receta es sencilla: más policía, más control, más mano dura. Mucha policía. El problema es que eso suena mejor de lo que funciona.
Quien viva o trabaje en el casco antiguo sabe de qué va esto. Cámaras, patrullas, presencia constante… y aun así los problemas de fondo siguen ahí, mirándote desde la esquina. A veces lo único que cambia es que te sientes más vigilado que seguro.
Y no, esto no va de ir contra la policía. Va justo de lo contrario: de tomarse en serio su papel. Porque cuando todo se pretende arreglar con presencia policial, lo que se está haciendo en realidad es tapar otras carencias.
La bola de mármol no se cae por falta de agentes. La farola tampoco. Los chavales no se escapan del colegio porque haya pocas patrullas. Y lo del museo… lo del museo directamente juega en otra liga. Ahí no falló la seguridad ciudadana. Falló otra cosa. Protocolos, recursos, prevención… lo que sea. Pero no lo arreglas poniendo más coches dando vueltas por la ciudad. Mientras tanto, el ruido sigue. Y el miedo también.
Y el miedo tiene una ventaja para quién quiere usarlo: simplifica. Te evita pensar demasiado. Te da un culpable rápido y una solución aún más rápida. Funciona de lujo en tertulias, en redes y en según qué discursos políticos.
Lo complicado -y bastante menos rentable- es ponerse a hablar de mantenimiento, de inversión, de servicios públicos que funcionan regular y de responsabilidades que no se asumen. Eso no da titulares. Ni votos fáciles.
Al final, la jugada es vieja: mezclarlo todo hasta que parezca lo mismo. Que una farola, un tiroteo y un robo en un museo formen parte del mismo relato. Y, a partir de ahí, vender la idea de que vivimos en una ciudad fuera de control. Y oye, si cuela, cuela.
El problema es que, a base de repetirlo, hay quien acaba comprándolo. Incluso gente que debería tener un poco más de cuidado con lo que dice en alto. Badajoz no es el salvaje oeste. Tiene problemas, claro. Como cualquier ciudad. Algunos graves, otros bastante más cutres. Pero si renunciamos a distinguirlos, estamos comprando un relato que no nos ayuda a resolver nada ni a entender lo que pasa. Y así es más fácil que nos cuelen cualquier receta, aunque no tenga nada que ver con el problema.
- La Guardia Civil detiene en Badajoz a los responsables del robo del camión de los regalos de Monesterio (Badajoz)
- La construcción de Torre Geim IV refuerza la expansión inmobiliaria en la avenida de Elvas de Badajoz con 44 nuevas viviendas
- El Ayuntamiento de Badajoz oferta 225 puestos de trabajo temporales: estos son los requisitos
- Los 'hobbits' del Señor de los Anillos se mudan a las orillas del Guadiana en Badajoz
- Badajoz se entrega a la fe rociera con el inicio simbólico del camino
- Badajoz a medida: La moda que habita el Casco Antiguo
- Dos heridos graves al despeñarse un turismo tras salirse de la A-5 en Talavera la Real (Badajoz)
- Desalojados 17 migrantes sin hogar que dormían en la estación de autobuses de Badajoz
