Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Cotidianidades

Badajoz

Una hora, 59 minutos, 30 segundos

La gente ha descubierto el bienestar físico y mental que produce el deporte. Los que no hacen deporte, los que no corren, no comprenden cómo los atletas populares pueden disfrutar realizando tanto esfuerzo

Paisaje desde el camino del corredor.

Paisaje desde el camino del corredor. / Diego Algaba Mansilla

Que difícil lo están poniendo los kenianos para que un pacense destaque en algunas de las carreras largas que se celebran casi todos los fines de semana en Badajoz o en los pueblos del alrededor. Ni el emeritense Jorge González Rivera corre tan rápido las medias maratones. Que difícil va a resultar aproximarse al récord del domingo pasado en Londres a cargo de Sebastián Sawe, no lo vamos a conseguir ni aunque sigamos un rígido programa de entrenamiento ni de nutrición ni con zapatillas hechas a medida.

El corredor keniano empleó 1 horas, 59 minutos y 30 segundos, en recorrer los 42 kilómetros y 195 metros de una maratón, el mismo tiempo que yo empleaba en hacer la media, o sea, la mitad de los kilómetros. Aunque creo que lo mío tenía más mérito, ya que lo hacía con unos cuantos kilos de más, zapatillas normales de Decathlon y estaba alimentado de los aperitivos que ponían con las cañas un día antes de la competición, mi duda nutritiva era si desayunar una tostada de cachuela, o de jamón antes de la carrera.

1 hora, 59 minutos y 30 segundos en correr 42 km y pico. Es difícil recorrer esa distancia en ese tiempo hasta pedaleando en una bicicleta, incluso montado en una moto. Qué barbaridad.

Sebastián Sawe iba controlando durante la carrera la hidratación al tomar fructosa y glucosa que le iban administrando en el transcurso del recorrido, el atleta keniano utilizó unas zapatillas diseñadas para él, participaron en la preparación de la prueba un equipo en el que trabajan hasta ingenieros de zapatillas deportivas como lo hacen en las carreras de motos y coches donde tienen controlado el mínimo detalle. No sé si me parece bien o mal tanto control, lo que sí me gusta es ver cómo corre este keniano, un ser humano que parece de otro planeta, un corredor que ha bajado de la dos horas. Las dos horas era una barrera que muchos maratonianos han intentado y no han conseguido, por eso le admiro y me quito el sombrero, y punto final. Ya no hablo más de Sebastián Sawe porque este espacio está dedicado a la gente corriente.

Aunque me guste ver al primero del pelotón, mis favoritos son los últimos, esos que salen a correr con trote cochinero por los caminos de la ciudad y que disfrutan del recorrido, aunque no de la fama, y mucho menos del dinero que es tan escaso en el esfuerzo de aficiones personales, aunque en estas aficiones algunas veces se emplee más dedicación, esmero y talento que en el trabajo habitual. A los corredores populares les cuesta dinero participar en las carreras, tienen que pagar una inscripción que hacen encantados, porque casi siempre va destinada a causas benéficas.

Cada vez se ven más corredores por la calle. Correr produce placer y bienestar. Estaba pensando cómo ha cambiado el paisaje urbano con el cambio de costumbres en los últimos tiempos. Hace años, veíamos los días de diario a la gente en el interior de los bares con un cigarro en la mano y un vaso de vino o cerveza en la otra. La gente no iba en ropa deportiva ni se utilizaban las zapatillas en el vestuario, y si iba alguien vestido con chándal era un deportista profesional o se le ponía la etiqueta de raro o 'pirao'. Hoy es al revés, los días de diario los bares están casi vacíos, la mayoría de las personas, por la tarde, las que no trabajan, van al gimnasio o se les ve corriendo. La gente ha descubierto el bienestar físico y mental que produce el deporte. Los que no hacen deporte, los que no corren, no comprenden cómo los atletas populares pueden disfrutar realizando tanto esfuerzo. Para un corredor el mayor esfuerzo se produce cuando están sentados en el brasero de casa y se levantan del sillón para ponerse los pantalones cortos, las zapatillas y salir a correr, lo peor es empezar. Una vez en la calle y cuando has trotado los primeros diez minutos, todo es gozar.

Los corredores suelen salir más en fin de semana que hay más tiempo libre, aunque también lo hacen los días de diario. Los días de diario algunos madrugan y salen a correr antes de empezar a trabajar, otros, después del trabajo. Los fines de semana los caminos por donde se suele correr están más transitados. A mí me gusta ir por Malos Caminos, creo que se llama así, también es conocido por los corredores como la ruta de los pozos porque hay varios pozos durante el recorrido. Malos caminos está próximo a la Granadilla, empieza detrás del campo de fútbol del Vivero, en la entrada del complejo Alcántara y llega cerca de Olivenza, hasta Puente Ayuda, el puente que hay entre Olivenza y Elvas que fue destruido parcialmente en la guerra de Sucesión Española y lo han quedado así.

En el mundo de las carreras, están los deportistas profesionales que necesitan una férrea disciplina, incluida la alimentación, y los que lo hacemos por placer, los que cuando vamos corriendo, si nos apetece paramos en mitad del campo para hacer una fotografía a la primavera, ahora que el campo está tan bonito. El campo es una obra de arte que cada día que pasa tiene colores diferentes. Los que no somos corredores profesionales muchas veces no podemos resistir la tentación de sacar el móvil y pararnos para hacer una fotografía, en un deseo de perpetuar un instante único que mañana será distinto. Una belleza que no necesita de arreglos, ni maquillajes que no tiene temor a cambiar ni envejecer, una hermosura desatendida, una belleza que dura lo que tiene que durar, porque nada es permanente y dentro de unos meses ese mismo lugar estará cambiado, un sitio al que también se podrá admirar ya sin el brillo cautivador de la flor nueva, pero con el beneficio del fruto para recoger y consumir. El campo en primavera es un coqueto territorio que mira con indiferencia los pasos de corredores anónimos en busca de una satisfacción personal, de una salud duradera, de una prolongación de la juventud, aunque todos sepamos que las cosas duran lo que tienen que durar.

Tracking Pixel Contents