Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Tusitala, el narrador de historias

Prioridad Nazi

Comienza así el camino que nos enfrenta a unos con otros, que señala como falsos responsables de nuestros problemas a quienes más los padecen, y planta la semilla del odio entre quienes deberíamos considerarnos iguales en derechos y libertades

Pleno de constitución de la Asamblea de Extremadura.

Pleno de constitución de la Asamblea de Extremadura. / JAVIER CINTAS

Nos está quedando una primavera muy racista. Cerramos el mes de abril con los acuerdos entre PP y Vox en Extremadura y Aragón, fundamentados en esa medida tan mezquina llamada «prioridad nacional», según la cual los españoles pobres, además de no mirar hacia arriba y seguir dejándonos pisotear por los ricos (tanto españoles como foráneos), tenemos ahora que pisotear a los extranjeros pobres, no vaya a ser que nos arrebaten las migajas de ayudas sociales que recibimos.

A mí que me educaron en los principios de la socialdemocracia y del estado del bienestar, me cuesta mucho creer que la solución no sea mejorar los servicios públicos con una gestión eficaz y con más recursos económicos, que la convivencia democrática no pase necesariamente por redistribuir la riqueza y subir los impuestos a los ricos (tanto españoles como foráneos). Pues parece ser que no, que en esta primavera racista surgen nuevos brotes (aguardan en el horizonte los acuerdos de gobierno en Castilla y León y en Andalucía) y es muy probable que todos tengan en común la misma cantinela discriminatoria y anticonstitucional: no hay limosnas para todos, así que los españoles serán los primeros en mantener su pobreza.

Veamos un caso concreto, el de la sanidad pública. Les puedo asegurar que hay hospitales extremeños con pacientes en listas de espera de 1 año para primera consulta (cuando el máximo que estipula la ley es de 60 días) y de hasta 4 años para consultas de revisión. Les puedo asegurar también que en cierto hospital de la capital de Extremadura los médicos han tenido que poner de su propio bolsillo el dinero para renovar los cochambrosos colchones donde intentan descansar durante sus guardias de 24 horas. A ese nivel de miseria hemos llegado. Pero la solución no es mejorar la gestión y aumentar los recursos de la sanidad pública, sino excluir de la atención médica a los inmigrantes irregulares, excepto en supuestos, y cito textualmente del acuerdo de gobierno PP-Vox en Extremadura, «de urgencia vital». Esta medida concreta, además de ser un poco nazi, es un peligro para la salud, especialmente para la salud de los españoles: si sólo se va a atender a los inmigrantes irregulares en casos de vida o muerte, no habrá forma de impedir que previamente contagien las enfermedades infecciosas que puedan contraer al resto de la población. Maravillosa primavera zombi nos está quedando.

Disculpen la ingenuidad, pero yo siempre había pensado que vivir en democracia era otra cosa. Que se trataba de extender derechos y repartir la riqueza, no la pobreza. De tender la mano a quien necesita nuestra ayuda y acoger a quien viene de fuera. Creo que así se enseña y se practica todavía en las escuelas. Es paradójico, y bastante bipolar, que nos parezca bien transmitir valores de paz y solidaridad en la escuela cuando luego votamos como adultos en contra de esos valores. También es paradójico, visto desde la ideología que representa el tándem PP-Vox, que la Conferencia Episcopal Española haya rechazado públicamente esta cosa repugnante llamada «prioridad nacional». Merece destacar aquí por su contundencia las palabras del obispo de Canarias, José Mazuelos Pérez: «A algunos habría que meterles cinco días en un cayuco, mañana y tarde, sin comer, antes de hablar de lo que hay que hacer con los migrantes».

Pero hablemos de migrantes, pues de eso se trata. Extremadura, de la que tantas personas nos hemos tenido que marchar ante la falta de perspectivas laborales, es la comunidad autónoma con menos inmigrantes de toda España, sólo el 4,6% de la población extremeña es extranjera, frente a la media nacional que es del 16,3%. Son muy pocos, poquísimos, y si no vienen más es precisamente porque nuestra región no destaca por las oportunidades que ofrece. Sin embargo, y a pesar de los números y de las evidencias, lo que se persigue es crear en la sociedad extremeña la sensación falaz de que hay inmigrantes por doquier, que son un problema, que es necesario restringir sus derechos, que los españoles primero.

Y ese es el gravísimo peligro social de estos acuerdos de gobierno: instalan en la opinión pública la percepción de que dar prioridad a los españoles frente a los extranjeros es algo razonable, cuando lo razonable es asegurarnos de que haya condiciones de vida dignas para toda la población, con independencia de su origen, para fomentar el bienestar social y el progreso económico. Comienza así el camino que nos enfrenta a unos con otros, que señala como falsos responsables de nuestros problemas a quienes más los padecen, y planta la semilla del odio entre quienes deberíamos considerarnos iguales en derechos y libertades.

No obstante, y como no todo van a ser malas noticias, esta primavera también nos trae atisbos de esperanza. Gracias al proceso de regularización extraordinaria aprobado por el Consejo de Ministros, buena parte de esas personas discriminadas por los acuerdos entre PP y Vox van a poder formalizar legalmente su situación de residencia en España, y escapar así de la injusticia de ser tratados como seres inferiores. Recordemos que esta iniciativa tan loable como necesaria de dar papeles a los ‘sin papeles’ fue impulsada originalmente por organizaciones como Cáritas, avalada por la recogida de 700.000 firmas, y apoyada tanto por la Iglesia como por la CEOE, pues los empresarios son muy conscientes de la importancia de la inmigración en el crecimiento económico, tanto en el conjunto de España como en Extremadura, una región con problemas históricos y estructurales de pérdida de población y de relevo laboral en muchos sectores. Por volver al ejemplo de la sanidad, Extremadura está contratando médicos extracomunitarios para cubrir la demanda actual, puesto que no hay profesionales suficientes. Necesitamos más inmigrantes, no menos, y los necesitamos ahora: esa es la auténtica ‘prioridad nacional’, y no la que esconde claros posicionamientos racistas.

Para el próximo día retomaremos las recomendaciones literarias y cuestiones más propias de Tusitala, pero abordar este asunto me parecía de «urgencia vital» para nuestra democracia. Valga la expresión.

Tracking Pixel Contents