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Opinión | La escotilla

Arqueólogo

Perfección y pureza

Quien busque cosas irreales como ser perfecto y puro dejará de disfrutar de la realidad que le circunda

Hay dos palabras que tienen una reputación positiva que en mi opinión no se merecen del todo. Concretamente hablo de perfección y pureza. Primero y principal, porque ninguna de las dos cualidades que denotan pueden encontrarse en el mundo en el que vivimos. Nada físico existe que sea puro, todo está compuesto de varios elementos. Cientos, quizá miles, de años de búsqueda de la pureza física han desembocado en teorías físicas de suma complejidad, ya sean la relatividad o la cuántica, muy distantes ellas de la simplicidad exigible a la pureza. Lo mismo puede decirse de la perfección. Fuera de la divinidad, y solo para quienes sean creyentes, nada es ni puede ser perfecto.

Esto no sería más que una cuestión filosófica, un debate intelectual, si no tuviera derivadas sociales que afectan a la vida diaria y a la organización social de todos los seres humanos. Empezaré por lo más obvio. La exaltación de la pureza, con su simétrica acción de condenar lo impuro, ha sido el principal instrumento para marginar y condenar en bloque a las mujeres, impuras porque menstrúan o por su atractivo sexual, sin más. Es más, gracias a esto se ha conseguido que ellas mismas acepten esta marginación y condena general, pues una educación basada en nociones de pureza, virginidad y cosas de esas desde que son muy niñas, antes de su adolescencia, no podía más que generar contradicciones en cuanto empezaran a notar realidades corporales innegablemente sexuales. Convencerlas para que se sientan unas guarras, ya desde jóvenes, ha sido un truco muy eficaz para someterlas, mejor dicho, para que ellas mismas se sometan. Todo en nombre de algo que enrealidad no existe, la pureza.

Con la perfección pasa, ha pasado y sigue pasando, algo parecido. Como obviamente todos nosotros, todos los seres humanos, somos imperfectos, no podemos por menos que darnos cuenta de nuestros defectos, el corolario lógico de la búsqueda de la perfección es que debemos plegarnos ante aquellos que sean más perfectos, como poco menos imperfectos, que nosotros mismos. Es decir, que nosotros mismos aceptemos el sometimiento a otros que se autoerigen en superiores; o que por alguna razón aceptamos el considerarlos como superiores en algo cuando no son más que otros seres humanos más con nuestras mismas imperfecciones.

Estos son solo dos ejemplos, hay muchos más, de cómo las ideas de la pureza y de la perfección son socialmente muy peligrosas. Y no digamos nada de aquellos que prometen sistemas políticos perfectos, todos los cuales han derivado en inquisiciones, kgb's, gestapos o aberraciones similares.

Se me puede acusar, vista mi aportación anterior, que estoy blanqueando los vicios. ¡Pues claro que lo estoy haciendo! Alguien tiene que romper una lanza en su favor. Los sistemas de dominación social llevan siglos queriéndonos convencer de que erradicar los vicios, lo impuro, la imperfección nos harán ser más felices, a pesar de que los siglos de experiencia acumulada demuestren lo contrario: no hay forma de demostrar que seamos más felices, más completos, mejores seres humanos que nuestros congéneres de hace miles de años. Se confunden quienes crean que la virtud es un camino de perfección, una purificación. Ya decían los estoicos clásicos que la virtud no es más que la práctica de la justa medida, no más.

Inevitablemente, la búsqueda de la perfección y la pureza es un intento fallido siempre de asemejarnos a lo divino. Esa tentativa de acercarse a la divinidad es lo que la serpiente prometió a Adán y Eva en el Libro del Génesis y les costó la expulsión del Paraíso Terrenal. Traducido a términos actuales, quien busque cosas irreales como ser perfecto y puro dejará de disfrutar de la realidad que le circunda y convertirá esta vida real en un puro infierno.

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