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Opinión | En la frontera

Abogada

Desfacer la realidad

El humor analiza y denuncia un absurdo que es real, el esperpento en que alguna faceta de este mundo se ha convertido

Durante mucho tiempo tuve un marcapáginas que era un dibujo de Forges en el que don Quijote se daba de bruces contra el ministerio de los cuatro vientos, mas temible que cualquier gigante que el hubiera podido imaginar. Era un personaje querido por Forges, al que utilizaba como herramienta para enseñarnos un mundo en ocasiones irreconocible como si hubiera pasado ante los espejos cóncavos y convexos del callejón del gato.

No sabemos entonces si la imagen que resulta es la real o lo es la que en nuestra mente habíamos fabricado. Quizá dependiendo del ángulo y del espejo que se elija todos nos acabemos convirtiendo en un espigado don Quijote o en un rechoncho Sancho.

El humor analiza y denuncia un absurdo que es real, el esperpento en que alguna faceta de este mundo se ha convertido. En don Quijote batallan la realidad de unos y la realidad de otro, lo que la mayoría llamaría irrealidad. La verdad y la fantasía en continua oposición dialéctica, en la que solo saca ventaja la primera gracias al contraste con Sancho y otros personajes, porque el narrador nos lo cuenta sin disimulo, porque sufre daños físicos que desvelan su "delirio".

Pero en la segunda parte ambos planos se superponen como si fueran una milhoja, quizá necesitados entre sí para poder ser deglutidos. Una visión multiforme donde distintos universos coexisten, como si fueran dimensiones coetáneas, y ya no se sabe si es más locura la del Quijote, o la de quienes le rodean, la línea divisoria se ha borrado, y lo relativo se vuelve lenguaje común. Cervantes, a mi juicio, desviste a Alonso Quijano del ropaje de sus desvaríos, que durante la primera parte se contraponen constantemente a la supuesta cordura de la sociedad, para desde sus palabras y su comportamiento, que sigue el modelo de perfección de los libros de caballerías, desde ese espejo de los ideales, es decir, desde la nobleza de espíritu, la búsqueda de la belleza, la justicia, la valentía... nos muestra las debilidades ajenas, lo grotesco, la fealdad, la ruindad a veces de la existencia, sacándonos las vergüenzas como si fuera el niño que ve al rey desnudo.

"Cambiar el mundo, amigo Sancho, que no es locura ni utopía, sino justicia", esa frase maravillosa tantas veces citada, que sin embargo no aparece en Quijote, sino en el musical de Broadway que se inspiró en el libro, y que define, como si fuera otro de los espejos con los que, en esta columna, he querido reflejar lo que pienso, los valores que Cervantes insufló a su personaje, para el que perseguir un mundo mejor, desfacer entuertos, era una misión, una obligación ética que aplicada a nuestro tiempo, se vuelve real, y necesaria.

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