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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

Albriciar

La gente de la calle no quiere peleas, como decía la canción de Jarcha 'Libertad sin ira'

"El día está despejado, hay unas nubes blancas que parecen algodón y que va cambiando de forma".

"El día está despejado, hay unas nubes blancas que parecen algodón y que va cambiando de forma". / Diego Algaba Mansilla

Ángel es un maestro jubilado que me envía de vez en cuando una publicación que contiene, entre otras cosas, la palabra del día. Hoy ha tocado 'Albriciar', que significa dar una noticia agradable a alguien. Viene bien en estos tiempos tormentosos esta albriciar. Una palabra que no había escuchado antes, quizá porque no es frecuente hoy en día dar noticias agradables, hasta los mensajes amables van revestidos muchas veces de un matiz amargo. Una noticia buena no es noticia, no interesa. Una noticia buena suscita indiferencia, se olvida pronto. Sin embargo, cuando nos enteramos de que las cosas le van mal a alguien, o a un lugar, provoca la curiosidad y el interés general.

Si nos ponemos a analizar e informarnos de la actualidad, nos damos cuenta de que no suele haber buenas noticias. Las buenas noticias no son noticias. Sin embargo, si sales a la calle y observas a la gente normal, comprobamos cómo viven al margen de esa tensión que desprende la actualidad pública tanto nacional como internacional. Entre los vecinos del barrio, de la ciudad, en nuestro día a día, solemos encontrar escenas y personas más agradables que en la vida pública, donde escuchamos a políticos que están alimentando con su polarización el odio entre ellos.

Un odio que todavía no se ve en la calle, aunque haya un sector entre los jóvenes al que influya esta crispación y alteren la convivencia, quizás también motivado por un futuro incierto mezclado los fines de semana con importantes dosis de alcohol. Hablan del botellón en las Vaguadas entre menores los fines de semana que provocan, además del ruido, algún que otro incidente entre los vecinos. También se habla de las carreras de patinetes en el paseo de la calle Alconchel en Valdepasillas, hablan de jóvenes en actitud violenta que provocan enfrentamientos con personas mayores y con padres con niños pequeños. Supongo que en otros barrios de Badajoz también sucederán actos parecidos. La gente se queja de la falta de policías en las calles.

Cuando vemos debates políticos como el último entre los candidatos a la Junta de Andalucía, observamos cómo en lugar de escuchar propuestas para realizar y mejorar la comunidad, el debate se dirige principalmente a insultar al adversario. El mejor, el más brillante, el que gana el debate es el que mejor y con más ingenio saca a relucir los trapos sucios del otro. Me acuerdo cuando se decía y se vivía aquello de que si quieres destacar que sea por tus propios méritos y no por despreciar ni humillar al contrario.

Menos mal que cuando vamos por la calle la gente normal, olvidamos a Trump, a Netanyahu, a Putin, a Milei, a Kim Jong-un, no quiero mencionar a ninguno de los nacionales, ni locales, que también los hay. La gente de la calle no quiere peleas, como decía la canción de Jarcha 'Libertad sin ira. "Gente que sólo pide vivir su vida, sin mentiras y en paz". No sé si hay por aquí alguien que todavía se acuerde del grupo Jarcha.

Me asomo al balcón de casa. Empieza a refrescar. Veo un hombre de unos 70 años caminar silencioso y sereno vestido con una camisa de rayas dentro de un pantalón gris de tergal, camina acompañado por un perro blanco y negro que lleva a su lado atado con una correa. Un joven sin patinete ni tatuajes camina con una mochila en la espalda y una gorra granate, el joven va andando en sentido contrario, se cruzan el joven y el señor mayor, cada uno a lo suyo, aunque no se saluden, ni se den las buenas tardes, son dos generaciones que se respetan, cada uno utiliza un lado de la misma acera sin invadir al otro. La cortesía en la calle hace que los dos puedan caminar con armonía, dos generaciones probablemente con pensamientos distintos e intereses diferentes puedan transitar en el mismo espacio sin chocar y con respeto, el mismo respeto que debería de existir detrás del atril del político para dar ejemplo a la ciudadanía.

Es miércoles. En el exterior hace buena temperatura, un día espectacular para todos excepto para los alérgicos, y para los estudiantes en época de exámenes. En la radio hablan del crucero de lujo que lleva a bordo personas infectadas con el hantavirus que al parecer han contraído en Argentina. Tres han muerto. En esta tarde de miércoles, mientras escribo este artículo enredo en Facebook y sale hablado Fernando Simón sobre este virus. Está más envejecido, inevitablemente me viene a la memoria el recuerdo del covid y las tardes encerrado en casa, con el día tan bueno que hace. Me entra angustia solo de pensar en aquellos días de encierro, aunque yo salía por las mañanas para ir a trabajar al Centro de Salud. Cuando veo a Fernando Simón dejo el ordenador encima de la mesa y salgo otra vez al balcón. Veo en la casa de enfrente las palmeras donde todas las tardes a la hora pactada salía la familia, abuelos y niños, enchufaban el aparato de música con la canción 'Resistiré' que cantaban todos juntos, luego venían los aplausos a los sanitarios.

El día está despejado, hay unas nubes blancas que parecen algodón y que va cambiando de forma, me quedo embobado mirando una nube que se parece a Dalí, el bigote se empieza a estirar hasta formar un reloj blando, un reloj sin hora. Entro en casa a por la cámara fotográfica, pero cuando salgo ya las nubes se han transformado en otra cosa, algo abstracto, Me gustaría hacer una foto de esas que llaman buenas, una foto con significado, una foto que hable por sí sola sin tener que explicarla, una foto de esas que los buenos fotógrafos preparan colocando la velocidad de obturación, regulan el ISO, estudian la luz. Quiero hacer una fotografía buena, que transmita sentimiento, porque solo me sale una fotografía bonita, o que a mí me parece bonita.

He ido a por la cámara, se me ha echado la tarde encima. Oscurece. De todas formas disparo. En la radio siguen hablando de los tres muertos del yate de lujo y de pasada alguien recuerda los miles de muertos en Irán y del Líbano en la guerra de Trump y Netanyahu, mientras yo sigo mirando las nubes buscando una foto, sin hacer ni decir nada.

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