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Opinión | EL CHINERO

Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Directora de La Crónica de Badajoz

Directora de La Crónica de Badajoz

La imagen del San José

Está en juego que un instituto se quede sin alumnos

Aula del instiituto San José de Badajoz.

Aula del instiituto San José de Badajoz. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Es lo que en algún momento tuve entendido, pero no he podido comprobar que en la placa de la plaza de San José de Badajoz aparezca como sobrenombre explicativo ‘padre putativo de Jesús’. Suena regular, pero es una descripción correcta. Padre putativo significa que es el padre legal o adoptivo y, en la tradición cristiana, que fue tenido por padre sin serlo biológicamente. Como esposo de la Virgen María protegió, educó y dio un nombre a Jesús, cumpliendo su papel como padre, porque lo era. Proviene del latín putare (creer, pensar) y en este contexto indica que era considerado públicamente el padre de Jesús.

Pero no es este San José el que da título a este artículo, sino el instituto San José de Badajoz, situado en la avenida Padre Tacoronte, en la barriada de El Progreso, cuya dirección ha vuelto a dar la voz de alarma por la disminución paulatina del número de alumnos que entran en Secundaria. No es la primera vez. No por repetirse tienen menos razón. Al contrario, pues cuanto más tiempo pasa más se agrava el problema y lo que más les preocupa es que quien tiene que tomar medidas, no lo hace. Al contrario, en este centro, quienes están al frente, tienen la sensación -es más realidad que sensación- de que la Consejería de Educación echa por tierra sus razones. En este instituto llegaron a tener tres líneas de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Ahora solo una y con vacantes. Cuentan con 140 plazas y solo 65 alumnos.

Reconocen que la raíz del problema es su mala imagen, su mala fama, que no se ajusta a la verdad. Es el entorno en el que se ubica y que -no se cansan de repetirlo- no se refleja de puertas para adentro, donde cuentan con unas instalaciones envidiables y un profesorado capaz y comprometido como en cualquier otro instituto de Badajoz. Docentes que pudieron llegar con prejuicios que se disolvieron de inmediato. El instituto San José completa además su oferta con Formación Profesional que es referencia en Extremadura.

Pero debido a este estigma injusto, el sistema de elección de centros los relega cada curso a la última opción y cuando otro instituto de la margen derecha tiene más demanda que oferta, la solución por la que opta la consejería es ampliar sus líneas, en lugar de derivar el excedente al San José y hacer campaña para que familias y alumnos se convenzan de que es una buena alternativa, tan buena como la que tiene mejor fama.

La pescadilla se muerde la cola y esta situación provoca que el San José se nutra de alumnado del entorno en situación de vulnerabilidad, proveniente en ocasiones de familias desestructuradas y entornos marginales que arrastran desfase curricular, absentismo, dificultades de convivencia y falta de expectativas académicas. Esta homogeneidad del perfil de los jóvenes que ocupan sus aulas limita las posibilidades de mejorar, ya que los desmotiva, pues se ven condenados a reproducir la situación que viven en su entorno y no ven la educación como una salida para cambiar.

Tan preocupados están en el instituto San José y tan faltos de atención, que han decidido acudir al Defensor del Pueblo. No creo que haya precedentes. Y todo porque quien tiene la obligación de revertir una tendencia preocupante, no toma cartas en el asunto. Cuando este diario preguntó a la consejería si iba a adoptar alguna medida no entró a valorar el fondo del problema y solo expresó que la oferta de plazas para el próximo curso mantiene las mismas vacantes «en la zona y en la localidad» que en el curso actual. La consejería se limita a señalar que el objetivo es «garantizar tanto el derecho del alumnado a la escolarización como el de las familias a elegir centro». Nadie lo pone en duda. Ningún escolar se queda sin plaza de instituto de Badajoz. Aunque lo que está en juego es lo contrario: que un instituto se pueda quedar sin alumnos. Claro que los padres tienen derecho a elegir dónde quieren que estudien sus hijos. Como Educación tiene la obligación de que todos sus centros ofrezcan la mejor formación posible y provocar la convivencia de un alumnado heterogéneo, atajando estigmas y cumpliendo su papel protector, como lo hizo san José.

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