Opinión | Diario de Sol
Sobrevivir
Amemos más y mejor, escuchemos bajito, abracemos mucho, besemos en labios que saben a fresa o mejillas rosas de rubor, bailemos hasta el amanecer, porque si las personas nos sentimos queridas, quizás no saltemos al vacío de la muerte

Amanecer desde mi ventaba. / Marisol Torres
Escribir cada semana este artículo, con total libertad en la temática no es fácil. Siempre intento que esté ligado a la actualidad de Badajoz, de todo lo que ocurre en esta ciudad nuestra, en la que se suceden cada día historias que deberían ser contadas, pero no me da la vida, de modo que voy apuntando notas en cuadernos para ese momento en el que me quede sin inspiración, que llegará, con toda seguridad.
El cuento de hoy no lo es, porque es real, tanto como la vida y la muerte. Es el de la muerte por suicidio, sí. Seguro que muchas personas que hoy me leen ha sufrido uno de cerca, tanto, que hasta nos cuesta decir la frase que consideramos maldita, por dolorosa. Se tardan años en aceptarlo, doy fe.
Marta tenía los ojos verdes más bonitos del mundo, en los que podías descubrir matices que trasladaba a visuales que proyectaban universos infinitos o cuadros de Antonio Juez sobre fachadas en Noches en Blanco. Óscar había sufrido durante años el desprecio de su propia madre por salir de un armario y ser libre, gay y libre. Tenía ya la vida deseada. Marcos llevaba todo el cole sufriendo el acoso de los malotes de la clase. En casa no contaba nada porque su refugio siempre fueron los libros. Alba quería ser bailarina, pero un día sufrió un accidente esquiando y sus danzas ya no siguieron. Manuela ha dejado de comer. Todo el mundo ensalza su figura. Cuanto más delgado su cuerpo, más triste su corazón. Ese corazón que se rompió el día que a Irina le comunicaron que su amor había fallecido en una guerra que ya dura mucho en la Ucrania de la que llegó a Badajoz para vivir.
Alberto ha terminado la carrera con matrículas, todas las asignaturas las llevaba siempre estudiadas hasta el máximo. Tres idiomas, varios países. El sueño de vivir la vida en el país elegido. Marcos dibujaba corazones rosas, le encantan desde pequeño. Ahora se llamaba María y los tejía en colchas para tapar piececitos en compañía. Rosa se siente mayor, pero no falta ni un sólo día, ni uno, a su paseo con las amigas del pueblo. Le llaman la ruta del colesterol, y cuando acaban se van a jugar la partidita con su mijita de anís. Marino es como indica su nombre, pescador de atunes en Barbate. Cuando acaba la jornada se pasa por el bar más flamenco del pueblo y se canta unos temas con "tó el arte". Leo dejó el Goya en casa de sus padres. Hizo varias películas, una serie de éxito en los noventa y tuvo amantes ibicencos. Abraham fue mi amor. Llegó con canciones de la Habitación Roja en un Contempopránea. Amaba la música, a su gente, a Bruno, el perro que salvó una tarde de verano. Todas estas vidas ya no son. Todas dejaron de serlo a causa del suicidio.
Un 28 de mayo recibí la peor de las llamadas. Esa que da la noticia que nunca queremos recibir. La que te hace pedazos tu corazón, que ya nunca va a ser el que fue.
El suicidio es un tsunami que llega sin avisar. Que arrastra las vidas de todas las personas que formaban el entorno de la persona que quiere dejar de vivir, dejar de sufrir.
En todas las formaciones, cursos, charlas, a las que he asistido, siempre nos hablan del sufrimiento terrible que padecen las personas que deciden tomar la única alternativa, la definitiva. No es el suicidio un acto de cobardía, ni de heroísmo… es una consecuencia terrible de una enfermedad mental, esa que no vemos. No se puede escayolar un corazón que sufre, no se puede. La mayoría de las personas que sufren lo hacen en silencio, en un silencio tan terrible que no son capaces de transmitirlo.
Hace unos años, la campaña inglesa de prevención de la conducta suicida 'The Last Photo' (La última foto) publicaba fotos y vídeos de 50 personas en vallas publicitarias e internet con las que se demostraba que quienes sufren a menudo parecen felices, con éxito en su vida y rodeadas de seres queridos. Como los personajes de este diario de hoy, son personas auténticas, pero con un interior invisiblemente roto.
No dejemos de estar, acompañar, hablar, contar con las personas que tenemos cerca o un poquito lejos. Demos amor del bueno, abrazos de los que crujen, tomemos un cafelito con esa persona a la que siempre dices ya quedamos. Siempre tenemos, estoy segura, ocho minutos de sobra en nuestro día a día para dedicarlos a otras personas.
Hay una técnica, de Sinek, que se basa en el principio de que una breve conversación puede tener un impacto positivo en el estado emocional de esa persona. No solucionaremos su problema, pero seguro que puede ver una pequeña luz en su oscuridad. Esa luz es importante cuando se tratan las emociones.
En Badajoz contamos con el Plan Local para la Prevención de la Conducta Suicida del que extraigo: según los datos disponibles, en España 4.003 personas murieron por suicidio en el año 2021. De ellas, 22 tenían menos de 15 años y 316 tenían entre 15 y 29 años. En el mismo año 2021, en Extremadura, 81 personas se quitaron la vida. De ellas, 3 tenían edades comprendidas entre los 15 y los 29 años.
Todas estas cifras que cada año van en aumento han hecho que se dé la importancia a la Salud Mental, a la que hemos llegado tarde.
Mi agradecimiento a la Fundación CB, a su psicólogo Emilio Vázquez, por dar el valor a la Salud Mental y organizar las jornadas, los eventos en los que personas a las que admiro como Chloé Bird, Jorge Navarro, Jorge Martí y Pau Roca nos han contado cómo se vive el dolor teniendo un público al que atender, cantando canciones en las que la vida siempre es más.
A las personas expertas que nos han contado cómo hacer que duela menos la vida. Por crear en nuestro Barrio Alto una consulta de atención psicológica que se llenó a las veinticuatro horas de su puesta en marcha.
También dar las gracias a quienes voluntariamente trabajan en el Teléfono de la Esperanza, con una escucha activa y eficiente, anónima y llena de amor.
Amemos más y mejor, escuchemos bajito, abracemos mucho, besemos en labios que saben a fresa o mejillas rosas de rubor, bailemos hasta el amanecer, porque si las personas nos sentimos queridas, quizás no saltemos al vacío de la muerte.
Mi amor a todas las personas que, pese al dolor, sobrevivimos, sobrevivieron y ahora son felices hasta la muerte.
Siempre el sol vuelve a salir… y yo espero que lo veáis muchas veces, como el que cada mañana se ve desde mi ventana.
- El último detenido por los ajustes de cuentas en Badajoz es el ganador del cupón de los 17 millones de euros
- Muere un motorista tras chocar contra una farola en Circunvalación
- Dos ancianos heridos graves tras ser atropellados por un todoterreno en Badajoz
- Noche de incendios en Badajoz: arden un coche y una fachada
- Badajoz se tiñe de diversidad: Guía completa para el día grande de Los Palomos 2026
- Detenido un varón en Badajoz al intentar robar con intimidación un estanco en María Auxiliadora
- Un nuevo detenido por su implicación en los ajuste de cuentas entre familias en Badajoz: llevaba una pistola y un chaleco antibalas
- Fin de curso en la Hernán Cortés, única residencia universitaria gratuita del país
