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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

'El Quijote' en la Feria del Libro

Había mucha gente en la feria comprando libros de papel. Me gusta leer en papel, tenerlo entre las manos

Alicia, con uno de sus libros en inglés.

Alicia, con uno de sus libros en inglés. / Diego Algaba Mansilla

Y al final fui a la feria del libro por segunda vez. Sabía que iba a volver, aunque el cartel de los escritores que iban a pasar por la carpa de conferencias no era atractivo para mí, quizás porque a la mayoría no los conocía, excluyo de este desconocimiento a Manuel Vila, que vino a última hora en sustitución de Lorenzo Silva. El primer libro que leí de Vila fue 'Ordesa', que me gustó mucho. Me gustó mucho, no es la expresión que quería emplear para definir las sensaciones que sentí al leer 'Ordesa'. 'Ordesa' me quedó un regusto entre amargo y gratificante, como un licor portugués de muchos grados, como fumar un puro mojado en Pacharán, ese pellizco del que hablan los críticos literarios, 'Ordesa' no era un libro de entretenimiento, era un libro que tocaba los sentimientos, un libro que dolía, un libro que gritaba en silencio. A Manuel Vila le había visto y oído después de 'Ordesa' cuando estuvo recitando poemas en el aula Enríque Díez-Canedo del Meiac, también he leído alguna de sus columnas en prensa y sus libros 'Alegría' y el mejor libro del mundo, ninguno fue tan impactante como el primero.

En la última feria eché en falta escritores locales. A los conocidos, a los amigos: Jacinto Marabel, con 'Indomables', un libro ameno del Ggneral Menacho; Jesús Gordillo, con el que tengo pendiente escribir unas Cotidianidades; a Feijóo y su manejo del castúo; a Plácido, aunque Plácido no estuvo, como autor sí lo hizo como presentador de concursos escolares.

A pesar de ese cartel de escritores desconocidos para mí sabía que iba a ir por segunda vez a la feria y no solo la mañana en la que participó mi hija en el concurso 'Está en los libros', su equipo, el equipo de cinco alumnos que seleccionó su colegio falló una pregunta de diez. Una pregunta que fue suficiente para no clasificarse para la final que ganó el colegio Santa Teresa. Los niños pacenses demostraron un alto nivel en comprensión lectora y literatura, como me dijo el profesor de literatura que iba con ellos, Pedro Guisado, lo importante es estar en la feria, divertirse, relacionarse con otros colegios, disfrutar con los libros y su lectura. En este concurso estuvo Plácido Ramírez, no como autor pero sí como presentador.

Fui a la feria un segundo día, también iba acompañado de mi hija, esta vez como espectador, más bien como cliente, aunque solo fuera por la rebaja en cada uno de los libros que compramos, siempre oigo la queja de que no se lee, pero en la feria había mucho público comprando. Pregunté qué era esa cola de gente y me dijeron que era la firma del premio Planeta de este año, Juan del Val. Había una cola que parecía que estuviera firmando el mismo Cervantes la venta del Quijote.

Sobre Juan del Val no voy a escribir. No puedo escribir de su libro, no tengo opinión, nunca lo he leído y probablemente nunca lo leeré.

En una de las casetas una vendedora joven con gafas redondas de ver, pelo rizado con toques rojos y sonrisa de dientes blancos y labios sin pintar, me hizo una pregunta a la que hoy, mientras escribo este artículo, le sigo dando vueltas y no encuentro respuesta. Me preguntó sobre mis lecturas preferidas para ofrecerme un libro que se adaptara a mis gustos literarios. Qué pregunta más difícil, yo que leo hasta el lenguaje formal y encorsetado del DOE y del BOE. La pregunta me pilló en frío, su sonrisa también, en aquel momento no supe qué contestar y ahora que estoy en casa pensando en aquello tampoco sé la respuesta. ¿Cuál es tu gusto literario? A la joven de la caseta y por salir del paso, le conteste 'El Quijote', a lo que no me respondió y me retiró la sonrisa como pensando, “este es un ignorante que no tiene pinta de comprar, ni sabe de novedades literarias”. La joven se fue con otro lector, ese día había muchos en la feria, al otro también le hizo la misma pregunta y este respondió sin dudar, policiacas, novela negra. Yo, sin embargo, no tengo una línea lectora, una lectura definida. Dependiendo de la época, del día, de la hora del día, del tiempo meteorológico, del estado de ánimo, de la luz, tengo encima de la mesa un libro u otro.

Como le dije a la librera 'El Quijote', me entraron ganas de releerlo y compré el libro de Muñoz Molina 'El verano de Cervantes', que ya lo había leído, pero quiero tenerlo en mi estantería para consultarlo a la vez que 'El Quijote', caprichos de lector veterano, más bien de viejo a pocos meses de la jubilación. Cuántas tareas estoy acumulando para la jubilación, tantas que no sé si me va a dar tiempo de ir con el Inserso a bailar los pajaritos a Benidorm.

Había mucha gente en la feria comprando libros de papel. Me gusta leer en papel, tenerlo entre las manos, el libro electrónico solo lo empleé cuando mi hija era pequeña y la llevaba al parque de la vaca en Condes de Barcelona, mientras ella subía a los columpios, el tobogán y jugaba con las amigas yo leía en el libro electrónico, fue durante poco tiempo, enseguida volví al papel y al lápiz para subrayar.

Sigo por donde iba. En San Francisco me llamó la atención una cola de personas. Pregunté y me contestaron: "La cola es porque está firmando libros Juan del Val, el que sale en El Hormiguero, el marido de Nuria Roca". Dicho así parece que Juan del Val ha ganado el Planeta por ser un personaje popular en lugar de por su calidad literaria. Como he dicho antes no puedo opinar, nunca he leído a Juan del Val. Hace un par de años ganó el Planeta Sonsoles Ónega. Sonsoles también tiene un programa en la televisión. Me gusta Sonsoles, sus ojos vivos, su cara radiante, su sonrisa permanente, Sonsoles tiene un aspecto que transmite felicidad, buen rollo, a Sonsoles tampoco la he leído, he leído a su padre en los periódicos, a ella no. No soy capaz de imaginarla por la noche en pijama, con las gafas de ver de cerca y las zapatillas de estar en casa, a la luz del flexo escribiendo durante horas, construyendo su obra, una obra merecedora de un suculento premio Planeta, con lo que me cuesta a mi ganar mil euros. A pesar de todo lo que me gusta Sonsoles, si viene a la feria de Badajoz tampoco me pondría en la cola para que me firmara un libro que al final no voy a leer.

Pasé por la caseta de Miguel Ángel Carmona, al que conocía porque le dieron el premio Ciudad de Badajoz y de haber leído su novela 'Alegría'. Miguel Ángel me dio una tarjeta para su taller literario, le compré el libro 'Escribir es vivir' de José Luis Sampedro; pasé por la caseta de Agustín Lozano, el de Tusitala, que también escribe en este periódico, y al que compré un libro de ajedrez de Stefan Zweig; pasé por la caseta de José Luis Marín, de librería Colón, al que compré el libro de Landero 'Coloquio de invierno'; en la Casa del Libro mi hija le compró a Julia dos libros en inglés que no sé los títulos; Martín Carrasco mostraba en las casetas del Meiac libros de arte.

Ya en casa, después del bullicio de una feria llena de gente, muchos comprando, otros bebiendo en uno de los dos kioscos, otros escuchando en la carpa de conferencias, después del ruido, de casetas llenas de títulos, algunos conocidos, la mayoría ignorados. Después del ambientazo del paseo de San Francisco, del éxito de público en las casetas, de los dos kioscos de bebidas y comida donde era imposible encontrar un sitio libre, llegamos a casa mi hija y yo, abrimos la bolsa y tomamos el primer contacto con nuestros libros. El mejor momento de la feria, ese momento íntimo entre el libro y el lector, ahora el libro no es del autor, nos pertenece y lo modelamos a nosotros, lo hacemos nuestro con su lectura igual que hacemos nuestra una canción, incluso una columna.

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