Opinión | Fragmentos de Badajoz
Diego de Bordick, un ganso salvaje en Badajoz
Suyo fue el proyecto del revellín de San Roque o de la Trinidad en 1735. A partir de 1750 se centró en las murallas entre el baluarte de San Vicente y la puerta de Pajaritos

Badajoz, 1739. En el punto negro el lugar donde estuvo su casa. En el óvalo, lugar donde estuvieron sus cocheras (29). / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Diego de Bordick Deveriz Longford nació en Irlanda, quizá en la ciudad de Limerick. En ningún documento citó su lugar y fecha de nacimiento, ni siquiera en su testamento, quizá por miedo a represalias. Sus padres fueron Antonio Bordick y Ana Deveriz Longford, ambos naturales de Limerick.
Los llamados ‘gansos salvajes’ (wild geese en inglés) eran soldados católicos de los ejércitos jacobitas irlandeses que huyeron a Francia y España tras el Tratado de Limerick (3 de octubre de 1691). En él se concedía tolerancia religiosa para los católicos y plenos derechos a aquellos que jurasen lealtad al rey Guillermo de Orange, que era protestante. Pero no fue así, pues el Parlamento irlandés, dominado por los protestantes, se negó a ratificar los artículos del tratado. A partir de 1695 actualizó las leyes penales, que discriminaban a los católicos y fueron perseguidos, aunque ya venía de antes.
Existieron tres regimientos de infantería irlandeses en España: el Irlanda, creado en 1698, el Hibernia y el Ultonia, ambos creados en 1709. James Bordick, en inglés, o quizá Séamus Bordick en irlandés, llegaría a España sobre el año 1700 y su nombre cambiaría a Diego. En aquella época era común castellanizar los nombres extranjeros al ingresar en la administración española, el ejército o la Iglesia. La presencia de Bordick en Extremadura se puede documentar de forma inédita en 1716, cuando Alburquerque volvió a estar bajo el control español, después de haberse tomado por las tropas anglo-portuguesas.
Se desconocía que contrajo matrimonio en la parroquia de Santa María del Mercado de Alburquerque: «El capitán yngeniero don Diego Bordique con doña María Ximénez. En la villa de Alburquerque, en dos días del mes de octubre del año del Señor de 1716, habiendo precedido licencia del señor provisor de este obispado, su fecha en 25 días del mes de septiembre de dicho año, en que dispensó las tres moniciones que manda el Santo Concilio de Trento, recibí y casé ‘in facie ecclesiae’ al capitán de yngenieros ordinario don Diego Bordict, hijo legítimo de don Antonio de Bordict y de doña Anna Deverit Lonog y Fort, natural de Yrlanda, con doña María Ximénez, vecina y natural de esta dicha villa, viuda del capitán de infantería don Thomás Martín de Navadijos». María Jiménez Durán era hija del capitán de infantería Baltasar Jiménez Hercoy de Albina DuránYáñez, naturales de Alburquerque.
La presencia en Badajoz de Bordick, mariscal de campo, «brigadier de los reales ejércitos, ingeniero director de todas las plazas, castillos y fortalezas de España», estaba justificada al ser una plaza fuerte junto a la frontera desde el levantamiento de Portugal en 1640. En Badajoz hizo varios proyectos y planos de mejoras en las murallas abaluartadas, pues en 1723, se encontraban en un estado lamentable y amenazando ruina. Según él, estaban mal construidas y diseñadas en su origen. Los baluartes eran muy pequeños y las cortinas demasiado largas en relación a los baluartes, donde sería fácil abrir brechas desde el fuerte de San Cristóbal o el de Pardaleras si el enemigo los ocupaba. Suyo fue el proyecto del revellín de San Roque o de la Trinidad en 1735. A partir de 1750 se centró en las murallas entre el baluarte de San Vicente y la puerta de Pajaritos.
La Casa de los Becerras
Diego y su esposa residieron desde 1743 en la casa llamada de los Becerras de la calle Santo Domingo, frente al convento y que gestionaba el convento de San Francisco: «dicho convento tiene sobre sí la memoria que dejó en él el excelentísimo señor don Feliciano de Bracamonte [Rodríguez de las Varillas], capitán general que fue de esta provincia, por lo que tiene obligación de mandar desir el dicho convento 52 misas y ensender una lámpara en el altar que, a instancias de dicho excelentísimo señor, y por sus albaceas, se fabricó y construyó en el dicho convento, que es el colateral del altar mayor del lado del evangelio, que se nombra el altar de San Feliciano, en donde está el sagrario de dicho convento y colocó una imagen que de dicho excelentísimo señor mandó poner en él y dejó situados para dicho convento 1.000 pesos, que hacen 15.058 reales y 28 maravedíes de vellón».
La casa tenía «un patio a la entrada y en él un pozo manantío y, asimismo, una torrecilla». Perteneció a la fábrica del Real Hospital de Salamanca, por una escritura de cesión de 1733 a los franciscanos. Legalmente, pertenecía a la Santa Sede por el voto de pobreza franciscano. La cesión se la hizo Fernando Fernández Gutiérrez Becerra y María Sánchez Tamayo. Estos adquirieron la casa en 1732 de Luis de Silva Moura y Acevedo, comendador de la Orden de Cristo, hidalgo de la casa real portuguesa, y de su mujer, Paula Antonia de Carvajal Roco Moscoso y Vivero, vecinos de Campomayor, Portugal. Fue dada en 1720 como dote a Paula Antonia por su padre, Gonzalo Antonio de Carvajal, vecino de Cáceres.
La historia de esta casa, ya desaparecida, se remonta al 23 de febrero de 1591, cuando fue adquirida por Diego de Tovar Becerra. Se la compró a los hermanos Fernando de Alvarado, Leonor de Contreras y Mencía de Ulloa, hijos de Alonso de la Rocha Contreras y María de Ulloa. De Diego de Tovar pasó a su hija, Catalina de Moscoso Becerra. Posteriormente al hijo de esta, Gonzalo Antonio de Carvajal, nieto de Diego de Tovar. La casa fue heredada por su hija Paula Antonia, esposa de Luis de Silva Moura. Diego de Bordick pagaría cada año 352 reales y se obligaba a gastar para obras de mejora 3.000 reales en tres años. El valor de la casa era de más de 17.718 reales. Parte de esta famosa familia Becerra-Alvarado pasó a América.
Bordik pidió permiso al ayuntamiento en 1749 para hacer unas cocheras y habitaciones para sus criados «al sitio del almacén de Santo Domingo en la calleja del Peinado, alias de los Bueyes». En 1825 era la calleja del Picadero. Es hoy la calle Dosma, haciendo esquina a Gómez de Solís, frente a la huerta de Santo Domingo (hoy parque de Castelar) y colindante con el que fue luego Cuartel de Gitanos que vemos en el plano de 1739, que entonces aparece como 'Almacén de Santo Domingo, con madera del tren de artillería y fortificación'.
"Allí viviría seguramente el esclavo que Bordick compró por 2.100 reales"
El maestro alarife Benito José Barbosa midió el terreno: 60,18 metros por la calle Dosma y 18,53 metros por Gómez de Solís. El 27 de septiembre se autoriza, por no hacer perjuicio para el paso ni al vecindario. Allí viviría seguramente el esclavo que Bordick compró por 2.100 reales ese mismo año a Juan Martín Saavedra, vecino de Villar del Rey: «un esclavo negro tinto, por nombre Manuel Pinto, que es mozo de 26 años, robusto, de buena estatura, cariancho y diceso [=marcado] de viruelas, con una señal de herida o cicatriz en la cabeza, hacia la frente del lado izquierdo, el cual lo hubo el otorgante de Esteban Ferrer de los Santos, vecino de la ciudad de Lisboa, que se lo dio en cambio de unas reses vacunas».
Bordick no solo trabajó como ingeniero en toda España. También creó compañías de mercaderías en Madrid junto a sus compatriotas Francisco Hiden, Miguel Bray, Nicolás Macria, Diego Magle y Felipe Carnay.
Diego de Bordick falleció en su casa de la calle de Santo Domingo de Badajoz el 29 de febrero de 1756. Se enterró en el convento de San Francisco, dato que era desconocido. En el testamento que hizo con su mujer en 1738 se dejaban como herederos el uno al otro al no tener hijos. Ella, que de viuda se hacía llamar María Jiménez Bordick, tampoco los tuvo con su primer marido. María Jiménez testó en 1779. Citaba que en Alburquerque tenía casas, solares, censos, huertas y olivares. Los heredaría su hermano, el capitán Santiago Rodríguez Jiménez. Tenía una casa en la calle Nueva de Zafra. En Badajoz tenía una casa en la calle del Olivo (hoy Arco Agüero), además de la casa y cochera de la calle Dosma. Citaba un «vestido entero uniforme de mariscal de campo de mi difunto marido, compuesto de chupa, calzón, casaca y sombrero con galón de oro». Dejaba la casa donde vivía en la calle Santo Domingo a su sobrina María Guillama, mujer de Manuel de la Torre, teniente coronel del Regimiento Provincial de Badajoz. María Jiménez Durán falleció en Badajoz el 14 de febrero de 1779 en su casa de la calle Santo Domingo y se enterró en hábito franciscano en la iglesia del convento de San Francisco, como su marido.
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