Opinión | Cotidianidades
Los pisos de los toldos verdes
Los de partidos contrarios que se frotan las manos no deberían estar tan eufóricos, porque el descrédito afecta a la política en general sin excepción, ni color. La gente está cada vez más decepcionada

Un bloque de pisos con toldos verdes. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Si yo escribiese sobre política esta semana no sabría por dónde empezar. Qué semanita, cuántas cosas y qué cosas. Ahora que parece que Trump se está desinflando como musa principal de columnistas políticos, no como presidente errático, que lo sigue siendo, sino como payaso hortera del brillo y el mal gusto, o al menos suena menos por este lado del mundo donde sobresale más lo nuestro, lo de nuestro país. La noticia gorda la tenemos entre nosotros, el meollo del bollo, la joya de la corona o mejor las joyas de la caja fuerte. Noticias que son difíciles de eludir cuando tienes una página en blanco. Noticias a las que uno, aunque no quiera, se le van los dedos en el teclado sin control, incluso pensado en otros temas, por ejemplo, en los bloques de pisos de los toldos verdes y sus moradores, que son la inmensa mayoría de los ciudadanos que habitan la ciudad, y que solo quieren vivir sin grandeza, en paz y al margen de tanta avaricia.
Resulta difícil pensar en cotidianidades en estos días en los que todo el mundo, en todas partes, tiene puesto el foco en otro lugar, no solo los profesionales de las tertulias de radio, televisión y prensa escrita, también entre compañeros de trabajos, en las tiendas, entre los amigos, los colegas del pádel, y los que salen los domingos para hacer senderismo. Cada uno tiene una opinión. Unos defienden la presunción de inocencia para no pronunciarse y no mojarse mucho, otros hablan con descaro y desprecio sobre el ya crucificado.
Pase lo que pase, sea lo que sea, si este hombre es culpable o inocente ya ha sido cuestionado. Los de partidos contrarios que se frotan las manos no deberían estar tan eufóricos, porque el descrédito afecta a la política en general sin excepción, ni color. La gente está cada vez más decepcionada. En esta ocasión, ni el próximo mundial de fútbol, ni la presentación de la lista de futbolistas de la selección anunciada por el Rey, ni aunque España ganase el mundial, podrá esconder como otras veces el hartazgo de la población.
Esto no se limpia como en otras ocasiones con el remojón en las fuentes donde se celebran los triunfos, en el caso de que se produzca ese triunfo. Este último episodio con imágenes de collares gordos, relojes caros y documentos que todavía no conocemos en la caja fuerte del hombre que ha sido, en apariencia, el defensor de los trabajadores, de las clases más humildes y que al parecer no ha practicado con el ejemplo, puede ser la gota que llene el vaso. La misma sangre fría que tuvo para no levantarse en el desfile militar al paso de la bandera de Estados Unidos, parece que ha tenido para enriquecerse ilícitamente. Algunos que lo conocen dudan de su capacidad para montar este tinglado, no por honrado sino por torpe. Este último episodio está haciendo daño a la política, a los políticos y sobre todo a los españoles.
Yo nunca escribo sobre política, para eso hay otros más preparados, columnistas especialistas que saben de estos temas, aunque creo que esto no es política, esto es delincuencia. La política es otra cosa más constructiva. La política sirve para facilitar la convivencia y administrar los recursos públicos, no para apropiarse de ellos.
Continúo con mis cotidianidades, Zapatero a tus zapatos, quería decir zapatero a tus zapatos que se me vuelve a ir la olla. Escribiré de otras cosas, aunque no sé si a alguien le va a interesar en estos días leer sobre cosas sencillas, en lugar de hablar de las joyas encontradas en la caja fuerte.
La gente que vive en los pisos de los toldos verdes, esas personas que no reciben herencias millonarias como Sonsoles o la familia Pujol, son los que empiezan a pensar peligrosamente: “que son todos iguales”.
Los toldos verdes se despliegan con esta primera subida de las temperaturas. Los que siguen recogidos es porque están rotos, hechos jirones por el paso del tiempo. El olor quieto de los toldos verdes permanece en los balcones de los pisos antiguos de donde han ido desapareciendo los cuadros que había en los zaguanes con motivos cinegéticos. Cuadros de tonos ocres con ciervos y jabalíes perseguidos por perros de caza, oleos de monterías pintados en tablets de grandes dimensiones con un estilo que recuerda a Adelardo Covarsí y que han sido sustituidos por espejos del mismo tamaño donde puedes comprobar cada mañana cuando sales de casa que ya no eres el que eras. La unificación en las fachadas de los toldos verdes también ha pasado a los zaguanes donde la gente se ha ido haciendo mayor y las escaleras de acceso hasta llegar al ascensor se han ido achicando para hacer un montacargas.
Esta semana es una semana anodina para escribir sobre cotidianidades. Hay poco donde elegir si no hablas de la actualidad política. La feria del libro quedó atrás, la feria de San Juan todavía queda lejos. El calor empieza a asomar con los primeros raquetazos de Rolan Garros. El campo ahora está que ni fu ni fa, entre verde y amarillo.
Los gimnasios y los bares son los que siguen igual y siempre están abiertos. El último sábado me decidí por ir al bar. Una buena elección si no fuera por un irritante cliente que tenía en la mesa de al lado. Una persona que no sé si es así o quería epatar a su acompañante, una joven guapa de gestos humildes. Cuando el camarero le dio la cuenta, que había pedido insistentemente con palabras y gestos desproporcionados al ambiente relajado del local. Una voz potente que no solo alertó al camarero, también lo escuchamos con nitidez los clientes de otras mesas. Cuando le dio la cuenta, el joven dijo, con el mismo tono de voz: "Siempre hay que revisar la multa", como si aquel señor que llevaba allí, de pie, sirviendole a él y a todos los demás desde hacía unas cuantas horas, y que atendía a todos con una sonrisa y con amabilidad, le fuese a engañar. El joven, después de mirar con lupa los precios uno a uno e ir preguntando al camarero, le dijo: "la ración de tal tiene ese precio", "no le he pedido una ración le he pedido media". "De ese producto solo servimos medias raciones", contestó el camarero sin perder la calma.
No digo que no se revise la cuenta si considera que se han pasado, siempre que esta revisión la haga con discreción, si tiene alguna duda entonces pregunte discretamente y no cuestione públicamente, casi acusando de ladrón a los trabajadores del bar por querer darse importancia delante de una pareja, probablemente de pocos días, y que estaba sintiendo más que orgullo por aquel vocero impresentable, vergüenza ajena. Quizás aquello fuese una cita de un primer día, también tenía pinta de ser la última.
A pocos minutos de tener que enviar este artículo al periódico sale un nuevo escándalo. Están registrando la sede del PSOE. No me da tiempo para más, en un día gris para los columnistas de lo sencillo, y un día grande para los escritores políticos. Hoy no voy a escuchar más noticias. Voy a enviar este artículo aunque se haya quedado antiguo, probablemente cuando usted lo lea lo de Zapatero esté atrasado por nuevos escándalos.
Voy a poner la televisión para ver el partido del Rayo Vallecano que juega una final europea. El Rayo puede ser el de los pisos de los toldos verdes en el mundo del fútbol. Mañana será otro día. Cada amanecer es como si el mundo empezará de nuevo, aunque luego no sea así, hoy quiero pensar eso.
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