Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Disidencias

Periodista

Estafa

Badajoz tiene la historia y la población y la situación geográfica y el poderío en todos los ámbitos que tiene porque está donde está, porque llegó donde llegó, sin la ayuda de algunos que no quiero señalar, y nadie puede, por más que se empeñe, en cambiar eso

O fracaso. O ambas cosas. Me debato en esta disyuntiva que afecta muy especialmente a Badajoz como ciudad. Y conste que no existe en mí extremeñismo alguno que me lleve a defensas numantinas, que no sé qué es el badajocismo que me convierta en ciego y que detesto profundamente los localismos. Pero, lo primero es lo primero. Si Badajoz funciona, Extremadura funciona y esta ecuación no sirve a la inversa o a la tangencial o a la espontánea o como se le ocurra al oportunista de turno.

La importancia de Badajoz en Extremadura es sustancial, trascendental, crucial, porque Badajoz es el motor de nuestra región. Y, por mucho que se empeñen, duela, se esfuercen o disimulen los panteras del cretinismo o el catetismo ilustrado, ninguna otra ciudad o pueblo extremeño tiene semejante posición estratégica, económica, social y cultural. Podemos debatir todo lo que queramos sobre eso. Podemos arruinar a Badajoz mientras se intenta enriquecer a otras ciudades. Podemos llenar de títulos a cualquier población, pero no deja de ser incuestionable que Badajoz tiene la historia y la población y la situación geográfica y el poderío en todos los ámbitos que tiene porque está donde está, porque llegó donde llegó, sin la ayuda de algunos que no quiero señalar, y nadie puede, por más que se empeñe, en cambiar eso.

Cierto, Portugal, nos ayuda en ese sentido. Pero somos más que nuestras sinergias con Portugal. Y Extremadura no sería nada sin Badajoz porque Badajoz, respetando a los demás, tiene fortalezas como nadie y, por lo visto, a algunos solo les gusta vivir del pasado, de las rentas o de la beligerancia. Es más, incluso teniendo a Badajoz, Extremadura sigue siendo poco o nada, sin ninguna capacidad de decisión o revolución en el ámbito nacional. Por ahí van los tiros de mi tesis. Porque por más que uno viaje por las Españas, observa, con cierta melancolía, que no solo las ciudades que, en población, están por encima de Badajoz, también lo están en desarrollo y presencia, sino que, el susto nos lo llevamos cuando las ciudades que son similares a la nuestra o más pequeñas, tienen mejor aspecto que nosotros. ¿A qué puede deberse eso?

Reflexionemos juntos a ver si estamos de acuerdo. En primer lugar, las malas decisiones políticas. Y me voy a mojar. Ya escribí en una ocasión que hay un partido que ha gobernado más años que el resto. Podemos meter en el mismo saco de las responsabilidadesa todos, pero no hay escaqueo posible para quien ha gobernado más que nadie en España y en Extremadura desde los albores de la democracia. El dato destroza el relato. Los cuatrocientos mil millones de euros que se estima que España ha recibido desde que ingresara en la UE y el hecho de ser Extremadura objetivo 1 en toda la Unión, no nos ha hecho ni más ricos ni nos ha convertido en más desarrollados. Al contrario, parece que estamos peor que nunca. Seguimos estando en la cola. Después de promesas vacuas de disneylandias con casinos de juego, minas de todo tipo de piedras preciosas, industrias por todo lo alto y logísticas de nivel universo, seguimos sin nada: sin tren digno, sin la tecnología para que la niebla no nos arruine los vuelos, sin industria señera, sin tejido empresarial fuerte y sin una sociedad civil que mande a su casa a los políticos mediocres que votan contra España y Extremadura en Madrid diciendo representar a los extremeños (el tren, Almaraz, los fondos europeos, etc.). Es decir, las malas decisiones de políticos malos. Solo promesas vanas e incoherencias insultantes.

Después, en esa misma línea, el histórico, torpe y miserable reparto de fondos europeos y presupuestarios, dejando a Badajoz siempre a expensas de las migajas mientras que otros reciben como si fuesen las joyas de la corona. La tradicional discriminación que sufre Badajoz en el contexto de España y Extremadura es tan obscena que hablar de ello nos debería hasta dar vergüenza.

En tercer lugar, tenemos un sistema de medios delicado y acrítico, con profesionales mal pagados, mal tratados y expuestos al intrusismo, a la colocación a dedo y al salario mínimo que los desplaza a una dependencia laboral donde prima la presión chusca y la inversión publicitaria institucional por encima de la noticia sin más.

En cuarto lugar, hay que darle un tirón de orejas a la sociedad civil organizada, a veces en exceso politizada, a veces apolillada, a veces estancada, que no es capaz de atraer a determinadas horquillas geográficas locales y de población ni de establecer una programación de cierta solvencia intelectual que responda a las necesidades sociales y ciudadanas ni de lograr que trascienda a los medios y a la ciudad y, finalmente, que influya, por culpa de todo lo anterior, en la toma de decisiones políticas, en el cambio de proyectos públicos o levantar la voz hasta el punto de que hacerse oír mute en una clara presencia social como reacción, respuesta, reivindicación y presión.

Por último, refirámonos a la sociedad civil no organizada, es decir, a la gente, a toda esa gente de los barrios y poblados que viven en la apatía, que callan ante la injusticia, que no levantan la voz, que son indiferentes a las decisiones injustas contra la ciudad y que, cuando lo hacen, solo parecen hacerlo en función de claves ideológicas. Badajoz es una ciudad conformista, apática, soñolienta, cuya mayor virtud -pasar de todo y de todos, sin mirar a los lados porque no necesita compararse con nadie- a veces se transforma en su mayor peligro y acaba enredada entre una maraña de personajes anónimos o no que nos conducen a abismos y silencios insoportables.

Hay que hablar de las inversiones, protestar por las discriminaciones, rebatir las malas decisiones y cambiar, desde la autocrítica, algunos hábitos cívicos que nos adormecen cuando deberían ponernos en pie de guerra y evitar así el engaño y la estafa social y emocional a la que nos someten sin pudor.

Tracking Pixel Contents