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Opinión | En la frontera

Abogada

Prensa y respeto

Me niego a terminar libros y películas si los primeros minutos o capítulos no me atrapan, por mucho que lo aconseje Babelia o quien se erija en gurú de la cultura

Las filmotecas y los cineclubs ocuparon muchas tardes de mi vida. Los libros escritos por autores casi desconocidos parecían ser los favoritos de mi mesilla de noche. Cuantos más raros mejor, cuanto más alejados, más parecía despertarse mi curiosidad. Autores búlgaros, rumanos, escandinavos… Sin darme permiso a reconocer que se me cerraban los ojos más pronto que tarde, que tenía que reprimir en el cine un bostezo, o que no alcanzaba a resumir la impresión que me había dejado o la falta de ella, en la tertulia que se formaba a la salida, de esas de mano en barbilla, de mesarse la barba, y entornar los ojos con cara de intelectual.

Por fin llegó el tiempo y la compañía adecuada para reconocer que no me apetecen más películas afganas, que 'La Naranja mecánica' me dio dolor de cabeza y ganas de escapar de la sala, que no me gusta el Guernica, ni las pinturas negras de Goya, que me caen fatal Picasso y Sartre, que no leo en este momento de mi vida, poesía, que no entiendo, salvo con subtítulos, a los actores del cine español, que además no suele interesarme salvo honrosas excepciones, véanse las películas de mi admirada Isabel Coixet, de Berlanga y su luz, de las de Jose Luis Garci, de 'Las mujeres al borde de un ataque de nervios', del maravilloso e inolvidable 'El Sur' y de mi favorita, 'Amanece que no es poco'.

No es que me atormente echando cuentas de los días y horas que he perdido enredada en tostones, que le tenga nada que reprochar a Bergman o a la enésima interpretación de la guerra civil, supongo que algo habré aprendido de todo ello, es que la vida es corta y a esa aplastante lógica se llega, aunque parezca de perogrullo, solo cuando uno ya ha soportado una elevada sobredosis de tontuna totalmente prescindible.

Me niego a terminar libros y películas si los primeros minutos o capítulos no me atrapan, por mucho que lo aconseje Babelia o quien se erija en gurú de la cultura. No terminé el de Uclés, aunque me gustaron mucho los primeros capítulos, la boca se me quedó seca y sin ganas de merendar cuando leí el tan recomendado 'Claus y Lucas' de A. Kristof, la novela viral 'Comerás flores' me parece fácil, y me he salido de la filmoteca, al borde la náusea, de una película en catalán que trataba de una violación.

Y aunque esto sea una retahíla muy particular, una lista intrascendente de rarezas y frivolidades propias, las utilizo como ejemplo de algo que realmente es serio y me preocupa. Espero aprender de mi madre, que a sus lúcidos noventa y pico años, te suelta lo que piensa sin dejar de sonreír y sin importarle demasiado si es correcto o no, solo le preocupa no hacer daño. Decirlo sin que nadie espere una justificación o sin temor al sonrojo o al mitin iracundo, es el privilegio de haberse rodeado de gente respetuosa, divertida y lista, que te acepta y te quiere como eres.

Qué enriquecedor es escuchar las opiniones de cada uno, disfrutar de la diversidad de criterios, de la perspectiva ajena, del crisol de gustos, que el equipaje y las vivencias del otro te muestren como si de repente te pusieras unas nuevas gafas de ver o te calzarás unos zapatos de otro número y camines el mismo sendero mil veces transitando pero con otro ritmo. Pero si eso ya es un regalo, escribirlo, compartirlo, el que un periódico te deje libertad para hacerlo, en estos tiempos que corren, es casi encontrar un rara avis.

¿Qué está pasando en la prensa, en las redes sociales, en los corrillos de amigos, en las comidas familiares, en las que antes de sentarse se delimitan los márgenes, se marcan las banderas rojas y las líneas finísimas que nadie osa traspasar por miedo a un escándalo, una reprimenda, un ser despedido? ¿Después de tanto afán, del trabajo y esfuerzo de todos en la transición, de un camino tan modélicamente recorrido, hemos llegado a lo que pasaba en otros países, en otros tiempos, en otros regímenes por todos conocidos, por todos criticados? Al igual que alzamos la voz porque las mujeres iraníes pudieran lanzar al aire sus velos, aboguemos, aquí, en casa, por una sociedad sin esparadrapos en la boca, sin censuras 'marcartistas', por una prensa respetada, que no cojee del mismo pie, al que no se le vea el plumero, que sea de un bando o del contrario, dejémonos de mirar atrás, y aclarémonos la mirada, abramos el periódico, en papel o en digital, encendamos la radio y la televisión con la certidumbre de que la noticia es verdad y que esta es, una, objetiva, indubitada. Para la opinión, elijan los foros que deseen, que concuerden con su tendencia o afiliación, del sesgo que prefieran, elucubren a su antojo, pero después. Con educación y respeto, sin confundir la ideología, con el hecho. Solo así podremos divisar el horizonte con claridad. Y llegar a buen puerto.

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