Opinión | En confianza
¿Qué han hecho por nosotros los romanos?
Hay personas en Badajoz, como pueden ser Pedro o Mayte, de Remayte, que llevan toda la vida empujando la cultura desde sus entornos. Los conoce medio Badajoz que se ha interesado alguna vez por esto en nuestra, a menudo desoladora pero siempre querida, Badayork
Los pueblos están de moda. Lo dice una conocida marca de alquiler turístico de viviendas en su último anuncio de televisión. Una oda a la vida rural que compara unas migas de pan con el universo y asegura que una vaca paciendo con la cabeza gacha supera cualquier estatua. Un canto a la comodidad de una vida cercana. ¡Qué bonito! Tras el apabullamiento de imágenes preciosistas y un texto a su servicio, pienso que otra vez nos la quieren colar.
A veces creemos que hemos inventado la pólvora, pero ya Virgilio elogió, bajo la administración de Augusto, las bondades de la vida alejada del mundanal ruido de las urbes y lo a gusto que se vivía en el campo. Hay teorías que ven en esa mitificación de la vida rural una temprana estrategia de marketing global para descongestionar Roma, una gran urbe incapaz de absorber más población y prestar servicios a tanta gente. Si es que está todo inventado.
Creo que desde la pandemia, cuando nos dimos cuenta de que, a las mínimas de cambio, la seguridad y comodidad de las ciudades podían convertirse en jaulas de hormigón en cuanto fallaba lo básico y nos subíamos por las paredes, nos cambió el chip y volvimos la mirada hacia la vida rural. Un oasis de tranquilidad en esta existencia tan acelerada.
Pero a mí el nuevo anuncio me toca las narices. Resulta que quienes contribuyen a cargarse la facilidad de la vida en los pueblos construyen ahora un relato orgulloso sobre esos mismos pueblos que están ayudando a vaciar. Prueba a irte al pueblo donde se criaron tus padres y pregunta por un alquiler. Misión imposible.
Los precios del alquiler en los pueblos se han encarecido enormemente. Hasta tal punto que muchas personas que tienen una pequeña casa familiar heredada de sus padres --que sudaron sangre para conseguirla- prefieren ponerla en alquiler turístico antes que alquilarla a una familia que pueda vivir en ella y dar vida al pueblo. Esa vida de la que presume la conocida marca en su anuncio.
Creo que los pueblos no son un escaparate por el que pasear los fines de semana, hacer una barbacoa con los amigos y fotografiar para Instagram las cuatro singularidades que tengan. Ya sea un santuario en Chandavila, una garganta en el Jerte o la mina romana de La Jayona. Y que no se me malinterprete: no estoy en contra del turismo. Pero estoy, sobre todo, a favor de la cultura rural y de que no romanticemos las cosas desde las ciudades.
La cultura de un pueblo la construyen sus gentes, sus costumbres y lo que hacen día a día para hacer más habitable su rincón del mundo. En ese sentido soy más de Antonio Machado y de su elogio a la cultura popular, sobre la que cimentó buena parte de su obra. Eso no lo refleja ni un anuncio que te vende la moto ni una canción de Sanguijuelas del Guadiana. Y eso es precisamente lo que se está tambaleando ahora mismo y corremos el riesgo de perder.
Andaba yo dándole vueltas a este asunto cuando mi colega Pedro Witchar me envía la nueva canción de su banda, Whatever. Haciendo migas, se llama. Hardcore melódico del bueno. Que reivindica lo que vengo a contarte hoy aquí.
Hay personas en Badajoz, como pueden ser Pedro o Mayte, de Remayte, que llevan toda la vida empujando la cultura desde sus entornos. Los conoce medio Badajoz que se ha interesado alguna vez por esto en nuestra, a menudo desoladora pero siempre querida, Badayork. Cualquiera que haya estado vinculado al movimiento musical de la ciudad conoce de sobra a Pedro Witchar y a Mayte.
Además del arte que tienen, son referentes de la escena pacense. Conectan varias generaciones y han contribuido, con una generosidad inmensa, un talento enorme y un corazón que no les cabe en el pecho, a que Badajoz sea una ciudad más vivible. Seguramente entre los dos han hecho más por la cultura de nuestra ciudad que todos los concejales de cultura que hayan pasado por aquí.
Él y ella son referentes de la Cultura, así, con mayúsculas. De esa cultura que Machado encontraba en los cantares, en las conversaciones de la gente corriente y en la vida compartida de los pueblos. La que surge de la relación entre las personas y de la experiencia colectiva. Que en Badajoz no dejamos de ser un pueblo grande, al fin y al cabo.
Y ese mensaje puro y sincero, me fascina mucho más que un anuncio grabado con todos los medios del mundo que no deja de ser una versión actualizada de una idea romana. Porque, al fin y al cabo, como decían en La vida de Brian: ¿qué han hecho por nosotros los romanos?
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