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Opinión | La atalaya

Arqueólogo

Califas (XXXVII)

Un alcalde de Badajoz expuso la riqueza del pasado árabe de esta capital en Casa Árabe, de Madrid

La embajada encabezada por Rabi b. Said -Recemundo, si prefieren su nombre cristiano- se dirigió a la lejanísima Germania. Imaginen lo que suponía un viaje así. Aunque sus miembros fueran pocos debían llevar algún tipo de escolta, porque las comunicaciones eran todo menos seguras. Meses después consiguieron alcanzar la ciudad de Francfort del Meno, donde residía por entonces Otón I. Se los recibió con la premura adecuada a la importancia del asunto. El obispo andalusí expuso ante el rey de los Romanos el problema causado por su embajador, el terco Juan de Gorze.

Sin embargo, y esto resulta sumamente instructivo por lo que se refiere a la existencia de un código diplomático aceptado por todos, no se abordó el problema original, motivo de la embajada del fraile a la capital del Río Grande. Lo que pidieron los cordobeses es que Otón I ordenase a su embajador la entrega de los obsequios, tal como exigía el protocolo califal. Así, Abd al-Rahman III podría recibirlo e iniciarse el proceso para solucionar el conflicto original. En la corte germana se dieron cuenta pronto de lo que se les pedía.

Lo hacía un embajador -obispo- de un príncipe musulmán, al que se consideraba infiel, sin poder decirlo. No todo podían arreglarlo inmediatamente, hubiera sido una claudicación. Entonces se llamó a un personaje de una gran relevancia en la historia diplomática de la Alta Edad Media Europea: Liutprando de Cremona. Obispo de la ciudad de su apellido, tenía experiencia, como embajador que fue de Berengario II de Ivrea ante el emperador romano de Oriente. Se le ordenó entrevistarse con Recemundo y acordar una solución. Un acuerdo entre obispos para acabar con el espinoso problema entre dos principados confesionales. A esto se le llamaba diplomacia.

Un alcalde de Badajoz expuso la riqueza del pasado árabe de esta capital en Casa Árabe, de Madrid. En primera fila, escuchando arrobados, varios embajadores árabes, y musulmanes. Y no quiero mencionar la cantidad de los sentados en la sala. Comenzó explicando que la ciudad había sido fundada por un renegado del cristianismo llamado Abd al-Rahman b. Marwan. Ni Recemundo ni Liutprando hubieran actuado así. No miento. Está en las redes. Brillante, ¿no?

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