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Opinión | En confianza

Comunicador audiovisual y coordinador local de IU

Más papistas que el Papa

Que el Papa haga discursos en favor de las personas migrantes es una victoria para quienes defendemos la regularización de migrantes. En ese frente parece ser nuestro aliado

El otro día, durante una intervención que hice en un acto público sobre los nuevos modelos de residencia en la Asociación de Vecinos y Vecinas de San Roque, animé a la gente a organizarse y reunirse en los barrios allá donde la gente todavía se reúne. Ya fuera en asociaciones vecinales, clubes de lectura, centros culturales o la iglesia. Sí, la iglesia.

Tengo una obsesión casi enfermiza por intentar contrarrestar los discursos de odio que inundan las redes y que nos tienen a la gran mayoría de personas decentes con las orejas agachadas. Y creo que esto solo se revertirá desde la organización y el trabajo colectivo. Desde los barrios. Ese primer núcleo de resistencia, solidaridad y esperanza que constituye la ciudadanía organizada. Lo curioso es que a algunas personas no les sentó demasiado bien aquella referencia a la iglesia.

Uno espera de su adversario político, un determinado tipo de discurso. Y suele estar preparado para ello. Pero lo que no espera es que de tu propia bancada, de los que dicen estar en tu misma orilla, te venga el chorreo. Pues pasa. Vaya que sí. De hecho, creo que esa es una de las señas de identidad de nuestro espectro político. Si tienes las espaldas anchas para soportarlo, acabas forjando un carácter de hierro. Luego el problema es no perder frescura, honestidad y la sonrisa por el camino a base de los palos. Pero esa es otra historia.

Días después de aquel llamamiento a organizarse en los barrios ocurrió algo curioso que, por supuesto, ni tenía previsto ni preparado. El Papa comenzó a lanzar mensajes que contradicen de pleno algunas de las actitudes que están contribuyendo a enfangarlo todo. León XIV apeló a la humanidad, a la ayuda mutua, a la dignidad de las personas migrantes y a no denigrar a nadie por su lugar de procedencia. Valores básicos del cristianismo. Casi el mismo mensaje que yo defendía, aunque pronunciado desde otro lugar y con otro lenguaje.

Desde luego que yo tengo mis diferencias con el Papa, con la Iglesia y con san Cristo bendito, ya puestos. Pero tampoco soy de los que creen que la política consiste en encerrarse en una trinchera y disparar contra todo lo que se mueve. Sin ir más lejos, el propio Papa ha defendido posiciones contrarias al aborto. Ahí, desde luego, me tiene enfrente. No compartimos la misma visión de las cosas, faltaría más. Pero comprendo que esas posiciones forman parte de su papel como líder de la Iglesia católica. En ese terreno estamos en orillas distintas.

Pero no en todos los terrenos. Y ahí es donde creo que confundimos churras con merinas. Identificamos a la persona con la totalidad de su discurso y, con tal de llevar la contraria, somos capaces de escupir sapos y culebras. Los hay que dirán: «Mucho hablar de migrantes, pero sobre la pederastia hace nada». O: «Mucho apelar a la igualdad, pero las mujeres siguen relegadas a un segundo plano en la institución». O también: «Mucho compartir, pero las riquezas del Vaticano ahí siguen». Y tienen razón en señalarlo. Por supuesto que la tienen. Pero creo que se equivocan cuando desprecian la ventana de oportunidad que se abre cuando una figura con la influencia mundial del Papa lanza mensajes alineados con cuestiones que buena parte del pensamiento progresista también defiende.

Al Papa no se le pueden pedir según qué cosas. Tiene un marco ideológico y teológico que le impide pronunciar determinados discursos. Pero creo que la lucha política e ideológica en estos tiempos debe aprender a diferenciar los frentes. Que el Papa haga discursos en favor de las personas migrantes es una victoria para quienes defendemos la regularización de migrantes. En ese frente parece ser nuestro aliado. Aprovechémoslo. Usemos ese altavoz para ampliar nuestros horizontes, para explicar mejor nuestra perspectiva de la vida y para construir consensos. El Papa tiene capacidad de influencia que muchos ya querríamos.

En ese frente de batalla podemos caminar juntos. Luego, en otros, estaremos enfrente. Bueno. Así es la vida. No pidamos peras al olmo. Bastante hace el olmo dando sombra de vez en cuando. La vida consiste en identificar en qué batallas coincidimos con alguien y en cuáles estamos en desacuerdo. Si esperamos compartir el cien por cien de las posiciones para caminar juntos, acabaremos caminando solos. Porque si rechazamos toda ayuda que no venga envuelta en pureza ideológica absoluta, terminaremos convirtiendo nuestras convicciones en una jaula. No seamos nosotros más papistas que el Papa.

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