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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

Jesús Gordillo, escritor

La sala estaba llena. Daba la sensación de que estábamos entre amigos, se respiraba buen ambiente. Jesús es un tipo campechano, gracioso, amigable, simpático, cercano, tiene don de gente.

Jesús Gordillo, durante la firma de su libro.

Jesús Gordillo, durante la firma de su libro. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Era 11 de junio. Las siete menos cuarto de la tarde, iba bien de tiempo, no me gusta llegar con retraso a los sitios. Encontré aparcamiento enfrente de la farmacia de Alarcón, cerca del Mcdonald,s de Valdepasillas. Me dirigía al local Júpiter que está en la avenida María Auxiliadora, una tienda donde venden cómic, libros y sobre todo juegos de mesa. La tienda tiene una sala en la primera planta para jugar y donde también hacen torneos de distintos juegos, esa sala es donde siempre hace las presentaciones de sus libros Jesús Gordillo, además de hacerlas en otros lugares y en otras ciudades.

A Jesús le invitan a ferias del libro como la de Valladolid, o Madrid, tiene previsto ir a Segovia y unas cuantas ciudades más que me dijo y que ahora no recuerdo. El lugar donde no hace presentación de su obra es en la Feria del Libro de Badajoz. Le pregunto por qué. Contesta que no le llaman, que nadie se lo propone. El escritor pacense lleva publicados 10 libros, siendo un desconocido para la mayoría de sus paisanos, que conocen más a Juan del Val, el ganador del premio Planeta, que acude a la Feria de Badajoz con su glamour televisivo y su caché de estrella. No me parece mal que traigan a los que están de moda, a los del corazón, es otra forma de ver la vida para mucha gente, aunque aporten poco a la literatura, que los traigan siempre que ese populismo se combine con un poco de protagonismo a nuestros escritores, que también les den cariño a los nuestros y que nosotros tengamos la oportunidad de conocer lo que hacen, cómo escriben, incluso aunque no tengan la calidad literaria que tiene Juan del Val.

No he ido a todas las presentaciones de Jesús, pero sí he asistido a muchas de ellas. Las presentaciones de Jesús son amenas, sus libros también, sus libros son fáciles de leer, entretenidos, sobre todo este último, 'El cielo del Tejón', un libro que te engancha desde el principio y además tiene el aliciente de que se desarrolla en la zona histórica de la ciudad de Badajoz, el convento de las Adoratrices, la Alcazaba, la Catedral… 'El cielo del tejón' te atrapa desde la primera página, si empiezas a leerlo no eres capaz de dejarlo, se lee sin interrupción. si no fuera por las casi 200 páginas y 24 capítulos en las que en algún momento tienes que parar por el cansancio en la vista, que no en la intriga. Cuando llegas a esta situación de cansancio siempre haces un esfuerzo porque quieres leer un poco más, otro capítulo, hasta que tus ojos no dan más de sí.

Jesús es un tío grande, con abundante y tupida barba, que se maneja bien con las palabras cuando tiene un micrófono delante, cuando no lo tiene también. En sus presentaciones en la sala Júpiter, siempre me parece que estoy entre amigos aunque no conozca a nadie. Jesús le da al acto un tono cercano que parece que estás en el salón de su casa en un día de fiesta. No conozco a Jesús más allá de un hola, un adiós, o alguna pequeña conversación con prisas. Jesús tiene aspecto de bonachón, de ser amigo de sus amigos y de hacer amigos con facilidad, tiene ese don que tienen algunos de caer bien por la cercanía que muestra con su comportamiento, por su ingenio, por su forma de hablar, por su tono y por la rapidez de su mente para la improvisación, para hacer un chiste o una reflexión.

En sus presentaciones nunca falta la música, en esta ocasión participaron dos músicos, que se llaman artísticamente Charles & The hypotenuse. Tocaron tres temas que sonaron bien, en aquella sala recogida, preparada ese día para escuchar la voz y la guitarra de los músicos, después de la interesante introducción de Miguel Ángel García sobre la historia de Badajoz, y las palabras del autor sobre el libro que presidía la mesa. Al final de la sala había una encimera alargada con botellas de vino y aperitivos para celebrar de una forma más lúdica 'El cielo del Tejón', un libro bien documentado y trabajado. Que un libro sea fácil de leer no quiere decir que sea fácil de escribir.

Jesús también ha sido y es músico. El último grupo en el que tocó tiene un nombre original, parece el título de una película del oeste: 'El vendedor de biblias'.

El día de la presentación, aparqué sin dificultad, era un día de calor en ese lado de la acera, el de los números impares de Maria Auxiliadora, siempre da el sol por la tarde con fuerza, como aplastándote contra la pared, lo sé bien porque viví una temporada en esa calle, frente al campo del fútbol de los Salesianos, muy cerca de la sala Júpiter. Un local que siempre me llamó la atención, un lugar que antes de conocerlo me parecía misterioso, por las cajas que veía en la estantería de sus pasillos con juegos desconocidos, hasta que me enteré que Júpiter es una franquicia que está por toda España.

Cuando llegué a la presentación de 'El cielo del tejón' Jesús, el autor, estaba en la parte de abajo saludando a todos los que entraban, haciendo de buen anfitrión. Subí. La sala estaba llena. Daba la sensación de que estábamos entre amigos, se respiraba buen ambiente. Jesús es un tipo campechano, gracioso, amigable, simpático, cercano, tiene don de gente.

Jesús no vive de la literatura, trabaja por las mañanas, por eso tiene más mérito su trabajo y no lo digo solo por la falta de tiempo, sino porque cuando llega la tarde o la noche y tiene que sentarse frente a la historia que está creando, tiene que ser capaz de quitarse el traje de funcionario con toda su carga emocional, su carga de responsabilidad, de las cosas pendientes por hacer, esas cosas que no se van de la cabeza aunque quieras apartarlas, tiene que olvidar el poso bueno o malo que ha dejado ese día la convivencia entre los compañeros. Tienes que olvidar las ventajas y desventajas que tiene la vida laboral para meterte en el otro traje, en el de la creación, en el de la imaginación, en la del estudio que requiere hacer una obra con un cierto rigor donde tienes que consultar muchos libros y archivos.

Cuando iba del aparcamiento a la sala Júpiter renegando del calor, con una camiseta negra sin planchar y unas zapatillas de deporte de muchos usos, iba pensando en Jesús, en su obra y en que si no es por esto que voy a contar a continuación probablemente yo tampoco sabría nada de sus 10 libros, de los que he leído y disfrutado por lo menos la mitad.

A Jesús lo conozco porque fue trabajador del SES, igual que yo, cuando todavía no existía el SES. Pertenecíamos al antiguo Insalud, de esto, hace más de treinta años. El Insalud publicaba una revista mensual en la que convocó para sus trabajadores un concurso de relatos cortos al que me presenté. Era la primera vez y también la última que presenté un texto a un concurso. Aquel concurso lo ganó Jesús Gordillo, desde entonces él se dedica a escribir historias, yo empecé a coquetear con el columnismo. Empecé a escribir en el periódico mensual del Insalud con pequeñas colaboraciones. Jesús siguió el camino de los libros, yo el de los periódicos, porque yo siempre he tenido la habilidad de irme alejando de las cosas que pueden dar dinero. Jesús también cambió de Consejería, se fue a trabajar a Hacienda. Desde aquel concurso, he seguido su trayectoria, desde su primera publicación hasta este último libro. Un libro que presenta como su reconciliación con Badajoz, en palabras suyas, una ciudad que en muchas ocasiones es difícil de querer.

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