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Periodista
Soberanía científica, cultura e inversión rentable

Archivo - Billetes de 50 euros / EUROPA PRESS - Archivo
Hace ya tiempo que en política económica convence la idea de que destinar recursos públicos a la cultura es una inversión estratégica que impulsa el desarrollo económico, fomenta la cohesión social y preserva la identidad colectiva. Esos tres mimbres forman un sólido esqueleto de confianzas y sentido de pertenencia, que no debe estar reñido con tolerancia a la diferencia. Un país que financia la cultura dinamiza industrias creativas, estimula el turismo, genera empleo y refuerza el pensamiento crítico y la diversidad de su sociedad. Así como las pensiones y las coberturas por desempleo son fundamentales para mantener la actividad económica sana, la cultura otorga alas en ocasiones invisibles a la salud social colectiva sin necesidad de vítores de gol.
Dijo el nobel Santiago Ramón y Cajal que "al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia". Pese a ello no conviene contraponer la cultura a la inversión en ciencia; ambas son compatibles y convenientes al contribuir a lo mismo por distintas vías. Un ejemplo se ha dado a conocer este lunes; la Comisión Europea ha confiado en el centro tecnológico Eurecat para liderar el desarrollo del primer gran modelo europeo de inteligencia artificial para la robótica industrial, al cual destinará más de 40 millones de euros con el fin de contribuir a reforzar la soberanía industrial de Europa. Este modelo fundacional, que se creará en el marco del consorcio europeo GRAIL coordinado por Eurecat y que se ha presentado hoy en Barcelona, se entrenará con grandes volúmenes de datos procedentes de diferentes entornos, tareas y tipos de interacción física, que proporcionarán una base común para que los robots entiendan cómo interaccionar con el mundo físico. La soberanía industrial que pretende la Comisión Europea resulta conveniente, pero sin cultura común y elementos de cohesión cualquier avance pierde sentido.
Inversión rentable
Los inversores deberían estar atentos en este 2026 a alternativas de inversión complementarias a mercados bursátiles, depósitos bancarios o ambiciosas 'startups'. En plena recta final de la campaña de la renta conviene recordar para el próximo año la posibilidad de inversiones en cultura, que benefician a un sector siempre ávido de recursos. El incentivo fiscal del inversor en una producción cultural se calcula en función del coste de producción, lo que ofrece una seguridad inusual si se compara con otros productos de inversión. La rentabilidad no depende del éxito de la obra cultural. Y esa rentabilidad puede llegar al 20%, siempre que el productor de la obra ceda sus deducciones fiscales al mecenas (eso es posible si no logra beneficios contables).
Las aportaciones a proyectos culturales se desgravan de dos formas principales en España: mediante donativos a fundaciones o entidades sin fines de lucro o mediante inversiones o contratos de mecenazgo a productoras y promotoras. El porcentaje exacto de ahorro dependerá del tipo de aportación y cada entidad beneficiaria puede orientar en el asunto al inversor de turno (y Hacienda, claro).
Mecenazgo y compromiso ético
El mecenazgo debe romper estigmas heredados, cuando las donaciones y las fundaciones eran parapeto de negocios oscuros. El marco legal debería consolidar en los próximos años la idea de que el mecenazgo y las donaciones son sinónimo perfecto de compromiso cívico, sin que eso suponga restar oxígeno público. Que cualquier reforma fiscal abra vías para que los particulares participen en la construcción del bien común debería romper fronteras ideológicas actualmente casi infranqueables.
IA y burbuja
El caso es que la innovación sigue siendo el principal motor del crecimiento a largo plazo de los mercados bursátiles, con la inteligencia artificial como impulsor principal. Sin embargo, las expectativas elevadas representan también un riesgo potencial a corto plazo que algunos analistas reconocen. Por ejemplo, las acciones de IA chinas están por las nubes. Las acciones de Zhipu, un desarrollador de modelos de IA chino (en Large Language Models o LLMs), han subido +2.000% en lo que va del año en Hong Kong. MiniMax, otro desarrollador de modelos de IA chino, ha ganado +260% en el mismo periodo. Ambas empresas desarrollan sistemas de IA similares a ChatGPT y Claude. El temor a burbuja existe.
En este entorno, el enfoque de la inversión continúa estando en empresas innovadoras y de alta calidad que puedan traducir el liderazgo tecnológico en un crecimiento sostenido de las ganancias. Es una opción a largo plazo en la era de la IA, pero ningún inversor debería menospreciar a priori las posibilidades de complementar las inversiones de ese tipo con opciones de rentabilidad asegurada y éticamente responsables con el contexto social. Y la inversión cultural es una de ellas.
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