Opinión | Fragmentos de Badajoz
La Vera Cruz contra la procesión de sangre de la Expiración
Este tipo de procesiones eran las más populares en aquella época, porque ofrecían un espectáculo morboso viendo a los penitentes azotándose y sangrar, por eso atraían a más gente en las calles para verlas

Recreación de la procesión de sangre de la Expiración de San Andrés. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ
Hoy, 30 de junio de 2026, se cumplen 500 años de la toma de posesión de la ermita de San Nicolás por la Cofradía de la Santa Vera Cruz, en cuyos terrenos se construiría el hospital homónimo. Conviene aprovechar esta efeméride para desvelar un pasado inédito y conflictivo, propio de la compleja realidad social y eclesiástica de aquellos siglos. Esta procesión de sangre que realizaba la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción de los Mozos Solteros de San Andrés era desconocida en la historia reciente. Su cofradía fue fundada en 1608 y aprobada en 1614. El Cristo de la Expiración, advocación desconocida hasta ahora, procesionaba con la Virgen del Dolor y san Juan Evangelista. El dato aparece en documento inédito de 1632, que se titula 'Ejecutoria expedida a favor de esta hermandad en el pleito que siguió con la de la Santa Vera Cruz, sobre que en la procesión que hacía de la Expiración el Viernes Santo saliesen penitentes y con penitencia de sangre y otras'.
La Cofradía de la Vera Cruz y la de Nuestra Señora de Gracia, con la primitiva Virgen de la Soledad de la parroquia de Santa María del Castillo, tenían el monopolio de las procesiones de sangre en la Semana Santa pacense. Este tipo de procesiones eran las más populares en aquella época, porque ofrecían un espectáculo morboso viendo a los penitentes azotándose y sangrar, por eso atraían a más gente en las calles para verlas. En el pleito aparece Diego Olmedo de Liaño, canónigo doctoral en la catedral, juez sinodal y apostólico, especialista en derecho canónico. Su función era actuar como asesor jurídico del obispo. Se presentó un auto judicial el 5 de abril de 1629, donde se cita «que de algunos años a esta parte, los Viernes Santos, de día, ha salido de la iglesia del Santo Andrés de esta ciudad procesión de sangre, que ha sido causa que los penitentes que en ella van no vayan en las procesiones que se hacen en esta ciudad, una el Jueves Santo en la noche, que salen del Hospital de la Santa Vera Cruz y otra de Nuestra Señora de la Soledad, que sale de la iglesia parroquial de Santa María del Castillo de esta ciudad, el Viernes Santo en la noche».
Se ordenaba, bajo pena de excomunión mayor y multa de dos ducados, a los regidores, mayordomo y demás oficiales de la cofradía de los mozos solteros «que en ninguna manera salgan con procesión de sangre, ni permitan que en la dicha procesión vaya ningún penitente de sangre». Solamente se permitían penitentes con cruces e insignias en las manos. Imagino que estos penitentes de sangre acudirían únicamente a la de San Andrés porque era por la mañana y, por lo tanto, sería más vistosa que las otras dos, que eran de noche. Ese fue el motivo que desató la guerra. El licenciado y provisor del obispado Juan de Chaves lo prohibió, pues la Vera Cruz ganó ‘nuevas letras y breves de Su Santidad’. Es decir, presentó documentos firmados por el Papa. Esto obligaba al juez local a dictar un auto preventivo a favor de quien lo presentaba, hasta que se demostrara lo contrario.
La reacción de la cofradía de los mozos solteros
Lo que hace extraordinario este caso es la reacción de la cofradía de los mozos solteros. En lugar de acatar el mandato del provisor, acusaron a la justicia local de ‘despojo’. Afirmaban que se les había arrebatado un derecho, sin haber sido ni siquiera escuchados en juicio, vulnerando lo que en el derecho de la época se llamaba la ‘magnutención’, un amparo legal para mantener una posesión o costumbre. Demostrando unos recursos asombrosos, decidieron puentear a la jerarquía de Badajoz, acudiendo directamente al nuncio del Papa en España. Este delegó en los jueces metropolitanos de la prestigiosa Universidad de Salamanca. Allí, el licenciado José Pantoja y Montero analizó el caso. Los mozos solteros apelaron en el tribunal y se dio una sentencia revocando el auto de 1629 «por haberse despojado a la parte del dicho mayordomo y cofrades de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, sin haberles citado para proveer el orden judicial del derecho. Lo revocamos en todo, en cuya consecuencia, reintegramos e instituimos a la dicha cofradía en el estado en que estaba antes del despojo». Se notificó a los procuradores de ambas cofradías. La Vera Cruz compareció estando ya pronunciada, pidiendo restitución contra ella y que se suspendiese.
La sentencia de Salamanca fue un golpe demoledor, no solo para la Vera Cruz, sino para el Obispado de Badajoz. Un auto firmado en Salamanca el 7 de marzo de 1630 por José Pantoja declaraba «no haber lugar la restitución pedida ni la nulidad intentada contra la sentencia de este tribunal, porque, aunque la dicha Cofradía de la Vera Cruz tenga los privilegios y excepciones de los menores, le competen cuando no fueran a todos los regidores de la dicha cofradía, como lo fueron en esta causa y, entonces, es válida dicha sentencia, aunque no comparezca procurador en seguimiento de la causa». En el contexto jurídico y canónico el término ‘menores’ se refiere a una figura jurídica de protección. En el derecho antiguo, las cofradías, hospitales e iglesias eran consideradas legalmente como ‘menores de edad’. Esto significaba que, si sus representantes cometían un error legal o perdían un juicio por negligencia, la institución podía pedir la ‘restitución por entero’. Era un beneficio que permitía anular una sentencia desfavorable.
La Vera Cruz intentó usar este privilegio, pero José Pantoja no lo aceptó, porque sus regidores estuvieron presentes y fueron debidamente informados. Ante la resistencia del provisor de Badajoz a cumplir lo ordenado desde Salamanca, el tribunal metropolitano subió el tono. Amenazó a la parroquia de San Andrés de interdicto (la suspensión de servicios religiosos) y una elevada multa "de 500 ducados aplicados para gastos de guerra. Y no lo haciendo y cumpliendo, mandamos a cualquiera de los prelados [=obispos] proceda en caso de rebeldía y contumacia [=obstinación] a la ejecución".
La presión fue efectiva pues, el 17 de marzo de 1631, el obispo firmó el cumplimiento de la ejecutoria, reconociendo el derecho de los mozos solteros a procesionar con penitentes de sangre. Declaró la apelación de la Vera Cruz como desierta y la sentencia por pasada y en cosa juzgada. El juez apostólico ordenó cumplirlo con una pena muy grave: «de excomunión mayor trina canonicione premisa la sentencia ipso facto incurrenda a todas las personas, así eclesiásticas y seglares, de esta ciudad de Badajoz cumplan las sentencias dadas por nos y por el tribunal del señor juez metropolitano de la ciudad de Salamanca, y no impidan el derecho y posesión de la Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción de los Mozos Solteros. Y no les impidan el hacer la procesión el Viernes Santo por la mañana con penitentes, así de sangre como de insignias de crucifijos». El 21 de agosto de 1632 el pleito se dio por cerrado. Fue una humillación total para la Vera Cruz. Esos 500 ducados de multa era una cifra disuasoria, no una simple multa administrativa. Era una cantidad pensada para arruinar sus arcas si persistían en su rebeldía. También para financiar la guerra, una forma que tenía la Corona de aprovechar los pleitos eclesiásticos para recaudar fondos para las campañas militares. Fue una lucha de David contra Goliat, entre una cofradía de jóvenes recién llegados (1608) y otra centenaria y poderosa (1526).
La desaparición y refundación de la Vera Cruz
Este duró revés sería el causante de que desapareciese y se volviese a aprobar el 13 de mayo de 1646, quizá por la quiebra por costas judiciales, pues la cofradía quedó herida de muerte. Esa nueva aprobación no fue casualidad, solía ser el mecanismo legal para limpiar el pasado y empezar de cero. Lo demuestra un texto de 1720, donde se citaba que "la Cofradía de la Santa Vera Cruz, que primeramente fue servidera en la ermita de Calatrava, luego en la parroquial de la Señora Santa María del Castillo, y hoy está y se sirve en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción".
Vemos cómo acabó siendo nómada por varios templos de la ciudad, ya sin el hospital, con su capilla profanada y convertida en patio de comedias. En 1706 tenía su sede en el convento de Madre de Dios de Valverde. En 1757, al agregarse el Hospital de la Vera Cruz al Real Hospicio, se citaba que su cofradía estaba extinguida. Creo que la peor humillación fue que la Vera Cruz acabó sus días en el templo de la cofradía ‘enemiga’ en el pleito: la parroquia de San Andrés. Se debió de refundar de nuevo, pues hay datos de ella en ese templo hasta 1824.
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