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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

Artículo de verano

Me gusta comprar en las tiendas de mi barrio, recrearme, escuchar a la gente hablar de sus cosas, porque en las tiendas de barrio no solo se compra, también se hacen tertulias, gente que vive sola van todos los días para hacer la compra aunque no compren nada, casi todas las tiendas de barrio tienen unas sillas para que la gente se siente mientras esperan o mientras hablan o mientras escuchan sin prisas

Julio, un mes agreste de sol y fuego que ataca a la tierra cuarteándola con potentes rayos.

Julio, un mes agreste de sol y fuego que ataca a la tierra cuarteándola con potentes rayos. / Diego Algaba Mansilla

Hemos entrado en el mes julio, un mes duro. Un mes que se parece a esos pistoleros sudorosos de las películas del oeste, esos que salen en la pantalla con una pistola en una mano y en la otra una cuchara de palo comiendo unas judías a las que llaman frijoles, con la cabeza metida en el plato, y que son capaces de encender una cerilla raspándola contra su propia barba después de varios días sin afeitarse ni lavarse.

Julio, un mes agreste de sol y fuego que ataca a la tierra cuarteándola con potentes rayos de fuego, un fuego que daña las cosechas, los árboles, los cuerpos de los que tienen que trabajar al aire libre, y también los cerebros de los que trabajan pensando, hasta las lecturas de verano son más suaves para no darle una carga extra a la mente. Los expertos que siempre por estas fechas se atreven a recomendar libros, hablan de textos de entretenimiento: libros suaves, libros piscineros. Expertos y no expertos dan por hecho que es más natural una lectura ligera en verano y que hay que dejar para el invierno textos más densos. No es lo mismo leer, sudoroso, sin camiseta, con destellos de la luz solar y el aire acondicionado encendido todo el día y parte de la noche, que leer con el recogimiento de la luz de un flexo, con el brasero puesto y una manta encima de las piernas. Las listas de libros recomendados se pueden clasificar en lectura de brasero y lectura de ventilador.

Parece que mi cerebro también empieza a estar cansado y pesado como consecuencia de las elevadas temperaturas y después de un año de control para que tome decisiones correctas, lógicas. Las decisiones que hay que tomar para deslizarse sin pena, pero también sin gloria, por la cómoda inercia de lo correcto. Ahora, con el desgaste solar, el cerebro y el cuerpo tiene ganas de tomar otro rumbo más rumboso, menos formal, quiere tomar decisiones de verano, decisiones sin controlar al milímetro los gastos, las consecuencias, los perjuicios para la salud, para el sueño, para el trabajo de mañana, porque mañana no hay que ir a trabajar, han llegado las vacaciones, los días de tomar decisiones de bar, de chanclas, de pantalones cortos y camisetas sin mangas, días de ponerte una gorra y quitarte el reloj. Llega el tiempo de ser irresponsable por un día, por una semana, por un mes, como entonces, cuando éramos lo que no somos ahora y los años ni sobraban ni pesaban.

Creo que estoy diciendo tonterías de viejo nostálgico, de cuando miraba a las muchachas y ellas me miraban a mí, y no como ahora que solo miro yo y además las veo borrosas por culpa de la vista cansada. Así que va siendo hora de parar un momento este texto para hacer una pausa de hidratación. Mientras tanto, ustedes leen algo de publicidad, que los columnistas, igual que los futbolistas, también tenemos que cobrar, también tenemos que comer, incluso comemos más cantidad que ellos.

Qué sonido más agradable y refrescante hace la lata cuando tiro del abridor.

Parece que estoy más relajado después de la visita al frigorífico, y de las puntualizaciones de mi sentido común que me dice que no es necesario que haga más pausas de hidratación en la segunda parte de este texto, que yo no soy futbolista, que no es lo mismo el prestigio y caché que le da a una marca un futbolista, que la que le puedo dar yo, un tío que no corre detrás de un balón y lo único que hace es escribir desde casa. Un tío aburrido, que no vende ni la emoción ni la pasión ni el estrés de un futbolista. Dice mi sentido común que no es necesario que haga más pausas, que esto no es un multitudinario estadio de fútbol, esto es un solitario portátil, con las letras desgastadas por el uso y el cerebro de quién lo maneja derretido por el sol.

De todas formas voy a aprovechar que a los que escribimos no nos hacen controles antidoping para abrir otra lata, no diré la marca porque la publicidad que yo haga no va a tener ninguna relevancia. ¡Qué fresquita!

Después de la pausa de hidratación no me acuerdo por dónde iba, este parece otro partido, así que empiezo de nuevo en estos días de vacaciones, en este verano de fútbol, también verano de alguna jubilación. Y es que la generación baby boom no para de engrosar las listas de pensionistas, lo van a petar. La pregunta que preocupa a los pensionistas no es: ¿cómo no vamos a continuar?, la pregunta es: ¿Habrá pensiones para todos?.

Un julio de vacaciones laborales. Un tiempo libre que si te quedas en la ciudad da para comprar en las tiendas del barrio sin necesidad de desplazarte a las grandes superficies. A las grandes superficies se acude para hacer la compra de toda la semana de una sola vez y aprovechar el tiempo, el poco tiempo que dejan las obligaciones laborales, vivimos en obligaciones donde hay poco espacio para la imaginación.

Me gusta comprar en las tiendas de mi barrio, recrearme, escuchar a la gente hablar de sus cosas, porque en las tiendas de barrio no solo se compra, también se hacen tertulias, gente que vive sola van todos los días para hacer la compra aunque no compren nada, casi todas las tiendas de barrio tienen unas sillas para que la gente se siente mientras esperan o mientras hablan o mientras escuchan sin prisas. Hay clientes mayores, sobre todo mujeres viudas, que no tienen prisa, prefieren estar acompañadas que regresar a sus casas solas. El tendero hace recomendaciones que siempre son fiables: «llévate hoy aquella sandía negra, o estos tomates de Talavera». Hasta pueden dar un truco o alguna receta para cocinar el producto elegido.

No se puede comparar coger una bandeja de carne ya preparada en una estantería del Mercadona o Carrefour, a que esa misma pieza te la corte el carnicero como tú quieras, o como él crea que es mejor y llevarte lo que necesites. Me gusta observar la rapidez y habilidad que tiene Antonio, mi carnicero de cabecera. Antonio es un maestro con el cuchillo, algunas veces le piden que deshuese un muslo de pollo, me quedo embobado mirando cómo lo hace, la rapidez con la que trocea la carne y parte los huesos. Parece un prestidigitador manejando los cuchillos. Antonio en menos de un minuto saca un filete plano de un muslo con forma de cono.

Cuando termino de comprar en las tiendas del barrio y voy andando por la calle con las bolsas en la mano, siempre me acuerdo del Fary, el que cantaba lo de torito bravo. Me acuerdo del Fary cuando decía que detestaba al hombre blandengue, ese que van con la bolsa de la compra por la calle y con el carrito del niño. No sé qué pensaría el Fary si me viera, lo mismo no me montaba en su taxi.

Aunque unas líneas más arriba haya escrito que no, voy otra vez al frigorífico para hacer otra pausa de hidratación y así me despido de ustedes. Hasta el viernes que viene, a ver si hace mejor tiempo y se ha ido el calor. n

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