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Opinión | Talento y territorio

Presidente de Aspremetal

Un problema social con un nombre claro: absentismo

Si fuéramos capaces de reducir de forma significativa el absentismo y destinar parte de los recursos que hoy se consumen en cubrirlo a mejorar la sanidad, ¿no estaríamos atacando el problema en su raíz?

Durante años hemos abordado el absentismo como un dato más. Un indicador que sube o baja en función del ciclo económico. Pero esa visión ya no es suficiente. Hoy estamos ante un problema social que impacta directamente en la actividad empresarial, en el empleo y en la calidad del servicio que prestamos como sociedad.

Los datos más recientes lo confirman. España se mueve en tasas cercanas al 7%-7,5%, lo que supone que más de un millón de personas no acuden cada día a su puesto de trabajo. Y su impacto económico es creciente: más de 5.300 millones de euros en un solo trimestre de 2026 entre empresas y sistema público. Pero el dato, por sí solo, no explica el problema.

En Extremadura, donde predominan las pymes y los autónomos, el absentismo tiene un efecto inmediato. Cada ausencia obliga a reorganizar el trabajo, a asumir sobrecargas o a reducir capacidad de respuesta. No hay margen estructural para absorberlo.

Ahora bien, es importante poner el foco donde corresponde. Cuando se comparan territorios, se observa que comunidades como el País Vasco registran tasas cercanas al 9,8%, mientras Extremadura se sitúa en el entorno del 7%. Y, sin embargo, es aquí donde los procesos duran prácticamente el doble: más de 73 días frente a 38 de media nacional. Este dato es clave. No estamos ante un problema de compromiso o de cultura laboral. Estamos ante una diferencia clara en el funcionamiento del sistema. Porque el absentismo no elimina trabajo, lo desplaza. Y ese trabajo recae, en gran medida, sobre los equipos y sobre estructuras empresariales que ya operan al límite. Ese es el impacto real, el que no siempre aparece en las estadísticas.

Por eso, enfocar este debate desde la confrontación sería un error. Aquí no hay bandos, por tanto, no hagamos trincheras, exijamos una solución de impacto real para todas las partes afectadas, empresas y trabajadores. Hay trabajadores que necesitan recuperarse en condiciones adecuadas. Hay empresas que necesitan estabilidad para sostener su actividad. Y hay un sistema que debe ser capaz de dar respuesta a ambas necesidades con eficacia.

Hablar de soluciones es, por tanto, imprescindible. Y exige actuar con claridad:

• Reforzar los medios del sistema sanitario, especialmente en la gestión de la incapacidad temporal

• Agilizar los procesos de baja y alta, evitando demoras innecesarias

• Mejorar la coordinación entre sanidad, mutuas y empresas

• Impulsar la prevención y la salud laboral en los entornos de trabajo

Porque la pregunta es inevitable: si fuéramos capaces de reducir de forma significativa el absentismo y destinar parte de los recursos que hoy se consumen en cubrirlo a mejorar la sanidad, ¿no estaríamos atacando el problema en su raíz? Seguramente sí.

El absentismo ya no es solo un indicador laboral. Es un reflejo de cómo funciona nuestro sistema en su conjunto. Y por eso exige una respuesta colectiva, desde el rigor, la cooperación y el compromiso compartido. Nombrarlo ha sido necesario. Ahora toca resolverlo.

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