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Opinión | EL CHINERO

Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Directora de La Crónica de Badajoz

Directora de La Crónica de Badajoz

Nos quedará La Legión

No hay que ser adivino para saber que el declive de estos cines tiene que ver con la apertura en el centro comercial El Faro de los Yelmo

La entrada a los cines Conquistadores con la persiana a medio bajar.

La entrada a los cines Conquistadores con la persiana a medio bajar. / Diego Rubio Paredes

Que haya trascendido, el motivo del cierre de los cines MK2 Conquistadores en Badajoz está en el declive de la asistencia, con una caída del 70% en el número de espectadores, que han pasado de 411.000 en 2019 a 130.000 a 2025. Este desplome no hay negocio que lo soporte. 27 años han aguantado abiertos en la margen derecha, en un centro comercial que tampoco se ha caracterizado por un trasiego continuo de público ni por locales aparentemente boyantes. Hasta El Corte Chino acabó yéndose.

Los cines Conquistadores cerraron el mismo día que se acabó la Feria de San Juan. El domingo 29 de junio ofrecieron sus últimas proyecciones y ni siquiera ese día las salas se llenaron, aunque hubiese sido simbólicamente, como clamor de despedida. Paradójicamente, las redes sí se han colmado de lamentos de quienes lloran por que se arranca «un trozo a la memoria colectiva» y desaparece un espacio de actividad cultural de la ciudad. Con estos argumentos se inició una campaña de recogida de firmas en una conocida aplicación que ha llegado a reunir más de 2.500. 2.500 personas con nombres y apellidos que, en su mayoría, se quejan de una decisión que supone un fiasco en sus vidas, en sus costumbres, en su ocio, en su amor por el cine. Cómo es posible que haya más de 2.500 personas reclamando que no cierren unas instalaciones que se han visto abocadas a la clausura porque precisamente la gente no acude a sus salas.

No hay que ser adivino para saber que el declive de estos cines tiene que ver con la apertura en el centro comercial El Faro de los Yelmo. Su puesta en marcha supuso todo un acontecimiento para los aficionados al séptimo arte (aunque su cartelera peque en exceso de comercial) por los avances que ofrecen sus salas. Si se consideran avances los sillones reclinables, no aptos para los propensos a las siestas en cuanto oscurece. No recuerdo más avances significativos. Pero sin duda supusieron toda una novedad. Su competencia directa, los cines Conquistadores, intentaron adaptarse modernizando también sus instalaciones. Sus salas eran cómodas y su oferta interesante y diferenciada. Intentaron conquistar a los espectadores con propuestas novedosas. Lo intentaron.

Los cines Yelmo abrieron en 2020. En 2019 los cines Conquistadores tuvieron 411.000 espectadores y a partir de entonces empezaron a bajar. La relación causa efecto es incuestionable. Es la ley del mercado. Un mercado en el que no solo estaban ellos dos. En otro ámbito, pero con mayor fuerza, entraron en el tablero las plataformas. Solo había que echar números para comprobar que en casa sale más barato ver una película de estreno. Por supuesto que no es lo mismo la pantalla del cine que la televisión del salón, por muchas pulgadas que se marque. Sea como sea, los hábitos de consumo evolucionan y siempre hay quien pierde en el proceso de cambio. Ha ocurrido con el comercio de proximidad, que ha tenido que reinventarse y diferenciar su oferta para poder competir con las ventas online.

Si estos 2.500 que ahora firman para salvar los cines Conquistadores hubieran ido todas las semanas a sus salas, serían 130.000 espectadores asegurados al año, los mismos que tuvo en 2025 y que resultan insuficientes para la viabilidad del negocio, si es esa la única razón para su cierre.

Cerró el cine Menacho en la calle del mismo nombre, los Avenida de San Roque (donde después estuvo el COC, sede de la Filmoteca de Extremadura, que también cerró). Cerraron los cines Puente Real y ahora los cines Conquistadores. Solo nosotros, los espectadores, que dejamos de frecuentarlos, tenemos la culpa de esta sucesión de cierres. Nos ciega la novedad y nos condiciona el bolsillo. Ya es tarde para lamentos en forma de recogida de firmas. Teníamos que haberlo previsto antes, cuando preferimos la pantalla chica, que nunca será tan grande como la de una sala de cine, o el sillón reclinable tras una tarde de compras. Yelmo seguirá, de momento y, si no, como diría Bogart: «Siempre nos quedará el parque de La Legión». Por el cine de verano, digo. Si es que continúa. Si no lo hace, habrá que recoger firmas.

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