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Opinión | EL EMBARCADERO

Periodista y profesor

Humanidades

Cuando esos estudiantes con expediente académico excelente optan por las humanidades se convierten en disidentes del sistema, en navegantes que surcan un caudaloso río contracorriente

Mi sobrina mayor, Ángela, acabó en mayo 2º de Bachillerato y aprobó en junio la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) con buenas calificaciones. Como muchos otros estudiantes de ese nivel, tras realizar la preinscripción, están oficializando estas semanas la matrícula como nuevos estudiantes de grado de la Universidad de Extremadura (UEx), la pública, la de todos. Sigo sin entender muy bien la razón por la que se pretende dar cabida a dos universidades privadas en nuestra comunidad autónoma cuando, bajo mi punto de vista, ni son viables ni realmente necesarias. Desconozco qué aporta una universidad privada que no puede lograrse con una mejora de la UEx, y desde luego que no me creo la patraña de que proporcionará calidad, excelencia y ese tipo de milongas. Sí tengo claro que abrirá una brecha entre quienes puedan pagar la privada y quienes dependan de la pública, lo cual no querrá decir que la privada (un negocio puro y duro para ganar dinero, con su lógica mercantil) vaya a ser mejor que la pública. Desde luego que la UEx requiere de una financiación adecuada pero también de una buena estrategia para atraer talento, generar conocimiento y estar bien integrada en el tejido socioeconómico de la región. Algunos pasos se están dando en esa dirección, por ejemplo, con la implantación de su primer título dual: el grado en Documentación y Gestión de la Información Digital, en el que sus estudiantes combinarán la enseñanza en las aulas con formación práctica en empresas e instituciones. Un gran logro para acercar el conocimiento que se imparte en las facultades con la empleabilidad de los egresados.

Esta noticia, ‘a priori’ positiva, me da pie a reflexionar en torno a las carreras que se estudian y cómo, de manera solapada, hay una especie de ‘ranking’ de grados, de mayor o menor prestigio, más allá de la nota de corte, que esta sea o no de las más altas. En esa clasificación de los grados con más caché, vinculada sin duda con las perspectivas de empleo y su relevancia en el mercado, están Ingeniería Informática, Ingeniería de Telecomunicaciones, Ingeniería Industrial, Medicina, Enfermería, Matemáticas, Física, Farmacia, ADE, Derecho… Casi todos ellos de la rama científica y tecnológica. No se trata de confrontar estudios, no tiene sentido; aunque parece que unos tienen una mayor validez que otros, según lo que les atribuyen el mercado y una serie de imposiciones sociales y familiares.

Aún se sigue escuchando en institutos, y en general, comentarios del tipo: «¡Qué pena que te metas en Historia (o Filosofía, Antropología, Filología Clásica, Filología Hispánica, Periodismo, Geografía, Historia del Arte…)! Con las notas tan altas que tienes podrías estudiar lo que quisieras». Más de uno lo tuvimos que soportar, hace años, durante nuestra etapa escolar, y se repite la cantinela hoy en día. Con esa expresión se indica que los estudios de humanidades poseen un menor alcance social o laboral, algo que se refleja en el porcentaje, minúsculo, de estudiantes que acaban eligiendo una carrera humanística. De hecho, suele ser noticia cuando un alumno o alumna obtiene en la PAU una nota cercana a 14 y declara que quiere estudiar Filología Clásica. Me da rabia y me molesta esa percepción social y económica según la cual las humanidades no son útiles para el mundo o para ganar mucho dinero, como si el objetivo de la educación superior fuese forrarse.

Cuando esos estudiantes con expediente académico excelente optan por las humanidades se convierten en disidentes del sistema, en navegantes que surcan un caudaloso río contracorriente. Se ha de valorar cómo priman, en la selección de la titulación universitaria, una serie de motivaciones internas (como la vocación o el propio interés personal) sobre las externas (empleo, estatus o influencia familiar). Saben que la carrera no es simplemente el modo de procurarse un buen trabajo en el futuro, máxime en unos años en los que no todos los jóvenes tienen tan claro en qué quieren formarse y desempeñarse.

Me sorprendió gratamente que un centro educativo extremeño como el IES Javier García Téllez, de Cáceres, celebrara el pasado mes de mayo unas jornadas, dirigidas a alumnado de 3º y 4º de ESO, encaminadas a reivindicar el valor de las Humanidades y las Ciencias Sociales, en un momento en el que este tipo de enseñanzas atraviesan una pérdida progresiva de peso. Y con el fin de dar idea de las posibilidades académicas y laborales vinculadas con estas disciplinas, con perfiles profesionales tan dispares como los de historiadores, arqueólogos, docentes, investigadores, periodistas, divulgadores culturales, geógrafos, expertos en museos, teatro y cine… Quienes estudian estos grados conocen la vigencia que tiene cultivar los valores humanísticos, asociados a «las letras», como la reflexión filosófica, la belleza artística, la dimensión poética y lírica de la literatura, la importancia de la información de actualidad rigurosa o el desarrollo de un verdadero pensamiento crítico para comprender el mundo actual a través de una mirada al pasado con perspectiva.

Hace unas semanas, Irene Vallejo explicaba en una entrevista en TVE que su pasión por el mundo clásico comenzó cuando tenía tres o cuatro años y su padre le relató la ‘Odisea’. ¡Cuán grande sería la impresión, en la pequeña Irene, de las aventuras de las sirenas, Circe, Nausícaa, Calipso o Polifemo! Reconoció la autora de ‘El infinito en un junco’ que ella se hizo filóloga clásica ese día, a partir de esas palabras seductoras que sembraron en ella la bendita semilla de la curiosidad por la antigua Grecia y Roma.

El pensador italiano Nuccio Ordine, en su maravilloso ensayo ‘La utilidad de lo inútil: Manifiesto’, concibe a las humanidades como un factor clave en la configuración social. Lo plantea en estos términos: «Existen saberes que son fines por sí mismos y que -precisamente por su naturaleza gratuita y desinteresada, alejada de todo vínculo práctico y comercial- pueden ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad». Nada más que añadir.

Por cierto, mi sobrina quiere estudiar en la UEx el doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. ¡Ánimo con ese reto!

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