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Opinión | En confianza

Comunicador audiovisual

Se fue Gene, nos deja su Genealidad

Cada uno de nosotros conservará un pedazo distinto de Gene. Una conversación, una canción, una carcajada, un abrazo. Creo que todos esos recuerdos, juntos, construyen el puzle de quién fue, mejor que cualquier homenaje

El pasado sábado nos tocó despedir a un buen amigo mucho antes de lo que a cualquiera le hubiera gustado. Al artista, cantante, pintor y, sobre todo, buena persona, Gene García. Siempre es difícil despedir a un ser querido.

Una de las cosas que aprendí a su lado es el valor que tiene un abrazo en el momento exacto. Y si ese abrazo iba acompañado de unas palabras sinceras y de una canción interpretada con esa voz que te abrazaba por dentro, entonces es imposible olvidarlo.

Su entierro fue tan doloroso como hermoso. Decenas de personas abarrotaron la capilla para arropar a su familia y a su tribu más cercana. Lágrimas, silencios y una canción que nos recordó que, pese al dolor, seguimos aquí y que ahora nos toca lo más difícil de todo: aprender a convivir con su ausencia. Me gusta pensar que mientras alguien siga siendo recordado nunca se habrá ido del todo. Y quienes tuvimos la suerte de conocer a Gene guardamos muchos recuerdos que explican mejor quién era que cualquier biografía. Yo hoy quiero compartir uno contigo.

Conocí a Gene cuando colaborábamos en Canal Extremadura Radio, allá por 2013. Aunque antes ya me había atrevido a abordarlo por la calle para soltarle, con toda la cara del mundo: "Tío, me dicen mucho que me parezco a ti. Tanto, que ya voy diciendo que soy tu hermano". Me miró con una mezcla de sorpresa y sonrisa, como preguntándose de dónde había salido semejante personaje. No me mandó a paseo. Simplemente sonrió. Así era él.

En la radio coincidíamos cada semana. Él con su Gabinete del Doctor G. Nosotros, mi gran amigo Alberto Rodríguez y yo, con aquella gamberrada para cantar la actualidad, El Capitán Chanfaina y el Niño del Garfio. Siempre tenía una palabra amable, una broma y esa capacidad tan suya para hacer sentir importante a cualquiera que tuviera delante. Después llegaron conversaciones, proyectos compartidos y muchas risas. Incluso aceptó participar en el piloto de un programa de radio que montamos entre amigos, sin saber siquiera si aquello llegaría a alguna parte. Era así de generoso.

Pero el recuerdo que nunca podré borrar llegó unos años después. El 7 de septiembre de 2018 también despedimos a mi hermano Alberto Rodríguez, 'El Garfio'. Han pasado casi ocho años y sigo pensando que hay heridas que no cicatrizan nunca. Simplemente aprendes a caminar con ellas. Aquel día Gene me abrazó cuando estaba completamente roto. Me repetía una y otra vez: "Estate tranquilo, Pache. Quédate aquí conmigo". Yo le obedecía porque era él quien lo decía. Cuando sentía que iba a derrumbarme, me sostuvo. Después me pidió que lo acompañara hasta el frontal de la capilla. Me tomó de la mano y comenzó a cantar 'Amazing Grace' en homenaje a Alberto.

Nunca olvidaré cómo resonó aquella voz dentro de mí. Cómo consiguió, aunque solo fuera durante unos minutos, poner un poco de calma donde solo había desesperación. Aquella canción no borró el dolor. Nadie podía hacerlo. Pero me ayudó a seguir respirando cuando parecía imposible. Ese momento me unió a Gene para siempre. Aquella misma noche, desde el Teatro Romano de Mérida, volvió a acordarse de Alberto durante un concierto. "Hoy hay una estrella más en el cielo", dijo. Desde el sábado hay otra.

Gene tenía el raro don de tender puentes entre las personas. Lo hacía con su música, con su pintura, con su manera de mirar y, sobre todo, con su forma de estar en este mundo. Era una de esas personas cuya presencia hacía mejores los lugares por los que pasaba. Una luz en una tierra que demasiadas veces deja a sus artistas caminar entre sombras.

Cada uno de nosotros conservará un pedazo distinto de Gene. Una conversación, una canción, una carcajada, un abrazo. Creo que todos esos recuerdos, juntos, construyen el puzle de quién fue, mejor que cualquier homenaje.

Después del entierro coincidí con muchos de sus amigos en un bar. Poco a poco fueron llegando más. Alguien sacó una guitarra. Entre lágrimas, risas y recuerdos comenzaron a cantar. Pensé entonces que aquel era, probablemente, el homenaje que Gene habría querido. Transformar el dolor en música. Seguir celebrando la vida incluso cuando más cuesta hacerlo.

El sábado nos dejó Gene, pero no su "genealidad". Su pasión, su buen rollo y su alegría no se irán nunca. Seguirán vivas en nosotros mientras lo recordemos. Y esa, para quienes tuvimos la suerte de cruzarnos en su camino, será siempre la mejor manera de mantenerlo cerca.

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