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Opinión | In memorian

Antonio Vega Vega

Badajoz

Gene forever: blanco por fuera, negro por dentro

Lo vi salir de momentos muy difíciles y regresar a un escenario como si nada hubiera pasado y no sólo eso, sino que cuando regresaba, crecía

Antonio Vega con Gene y Porrina, en la plaza de la Soledad de Badajoz.

Antonio Vega con Gene y Porrina, en la plaza de la Soledad de Badajoz. / S. GARCÍA

«Antonio, soy como un Bollycao: blanco por fuera y negro por dentro». Así se definía Gene García entre risas. Era una de esas frases cargadas de humor, ironía y personalidad, que decía con frescura. En esa broma había una gran verdad: Gene nació en Badajoz, era extremeño hasta la médula, pero llevaba el blues, el soul, el rock, el rhythm and blues, el jazz y la música negra americana recorriéndole el alma.

Me resulta imposible hablar de Gene sólo como músico o pintor, porque fue una de esas personas que convierten su vida en una obra de arte.

Le admiraba desde mucho antes de trabajar con él. Su trayectoria con Los Inlavables formaba parte de la historia musical de muchos de nosotros. Después llegarían otros proyectos como TheMoochers; TheReverendoes junto a Gecko Turner; Los Cinco donde exploró el bolero y la canción en español, o la Iberian Big Band, demostrando una versatilidad poco común.

A raíz de la exposición ‘Black Portrait’, comenzamos a caminar juntos profesionalmente. Aquellos retratos dedicados a figuras fundamentales de la cultura afroamericana eran más que cuadros; eran una declaración de amor hacia una música y cultura que marcaron su vida. Después vendría ‘El Pellizco. Cante Gitano’, una exposición en la que Gene mostró puentes entre la música negra americana y el arte de los grandes cantaores gitanos. Veía en ambos mundos idéntica capacidad para transformar el dolor en belleza, la exclusión en identidad y la emoción en arte.

Con 'El Pellizco'.

Con 'El Pellizco'. / S. GARCÍA

Porque Gene no sólo cantaba o pintaba. Interpretaba la vida con una personalidad arrolladora. Tenía carisma: un porte elegante, una imagen cuidada y ese aire de crooner americano dentro del escenario, que alternaba fuera de él con otro de streetboy neoyorkino. Había algo cinematográfico en su manera de vestir, moverse y ocupar el espacio. Antes de cantar ya había captado tu atención y cuando empezaba a hacerlo, era imposible olvidarlo.

También era un magnífico armonicista. Recuerdo su participación con Raimundo Amador interpretando ‘Blues de los Niños’ en Badasom. Aquella armónica era otra extensión de su personalidad: intensa, emotiva y auténtica.

Y en la radio con El Club Privado del Doctor G, compartió durante años la música que amaba. No presentaba canciones: las vivía. Hablaba como si estuviera sobre el escenario de un club de Nueva Orleans presentando a los músicos de la noche.

Incluso realizó incursiones como actor, movido por la curiosidad artística que nunca dejó de acompañarle.

Pero quizá, una de las lecciones más importantes que deja Gene tiene poco que ver con el arte y mucho con la vida. Durante años convivió con enfermedades, trasplante, diálisis, diabetes, operaciones, problemas cardiovasculares y largas temporadas de hospitalización. Sin embargo, siempre encontraba la manera de volver. He visto a Gene salir de momentos muy difíciles y regresar a un escenario como si nada hubiera pasado y no sólo eso, sino que cuando regresaba, crecía. La enfermedad no derrotaba su espíritu.

En la grabación de 'Génesis'.

En la grabación de 'Génesis'. / Javier Pulpo

Aquellas experiencias fortalecieron una dimensión espiritual muy profunda que terminó reflejándose en su obra más personal que tuve la suerte de co-producir: ‘Génesis’, su primer y único disco en solitario. Un viaje vital y emocional que comenzaba con ‘The Journey’ y concluía con ‘The King of Universe’. Recuerdo la cara que se nos quedó cuando Radio 3 emitió nuestro disco íntegro: una canción tras otra. Aquello era algo extraordinario. Estábamos escuchando completo un disco que para nosotros era más que un álbum: era una parte de la vida de Gene convertida en música. Ver la sonrisa que se le dibujaba en la cara mientras comprobaba que seguían sonando las canciones es uno de los recuerdos que conservaré siempre.

Entre los proyectos que compartimos, hubo uno muy emocionante. El día de su cumpleaños, tras recibir el trasplante de riñón que le devolvió una nueva oportunidad de vida, llegó ‘If I Can Dream’, su homenaje a Elvis Presley junto a Los Inlavables y la Orquesta de Extremadura. Aquello no fue sólo un concierto, sino una celebración de la vida.

"Era un hombre libre, con criterio propio y rebeldía natural. No le gustaban los caminos marcados, ni las imposiciones"

Y en esa vida hay un nombre que merece ser recordado: Juana. Como todas las parejas que comparten décadas de camino, vivieron momentos buenos y malos, pero siempre existió un vínculo profundo entre ambos. Juana formó parte de la vida de Gene en muchos aspectos, aportando esa sensibilidad estética que acompañó su imagen. Juntos tenían algo de pareja cinematográfica. Y quienes conocimos de cerca su historia sabemos que los cuidados y la dedicación de Juana fueron fundamentales para que Gene pudiera seguir disfrutando durante más tiempo de la vida, de la música y de sus proyectos.

Gene tenía una personalidad fuerte. Era un hombre libre, con criterio propio y rebeldía natural. No le gustaban los caminos marcados, ni las imposiciones. Defendía sus ideas con pasión y rara vez renunciaba a aquello en lo que creía. Esa actitud formaba parte de su manera de crear, de vivir.

Pronto llegarán los homenajes. Merecidos todos. Pero creo que es el momento de ir más allá. Gene García forma parte de la historia cultural de Badajoz y Extremadura. Su legado debe permanecer vivo y ocupar un lugar visible en la memoria colectiva de esta tierra: una calle, una plaza o un espacio cultural. Es importante que se promuevan reconocimientos institucionales que agradezcan su legado.

En la presentación del concierto con la Oex.

En la presentación del concierto con la Oex. / S. GARCÍA

Quiero recordarlo como era: Rebelde. Libre. Bondadoso. Carismático. Un artista internacional y polifacético que nos dejó música, pintura, radio, recuerdos y amistades imposibles de borrar, pero también un hombre que, contra todo pronóstico, regresaba una y otra vez, después de cada batalla. Ahora no está entre nosotros y quiero imaginarlo llegando a un escenario eterno donde el soul, el blues y el jazz no terminan. Con su porte de crooner, con esa sonrisa entre pícara y entrañable. Miraría alrededor, comprobaría que todo sigue siendo una aventura y, con esa ironía tan suya, dejaría escapar una última sonrisa en forma de frase:

-¡Maldita sea!

Porque algunas voces se apagan, pero otras permanecen para siempre, algunos artistas tienen una carrera y otros dejan una huella. La de Gene García permanecerá en Badajoz, en Extremadura y más allá de nuestras fronteras, en la memoria de quienes tuvimos la suerte de escucharlo.

Durante años Gene nos trajo el Mississippi al Guadiana. Ojalá ahora sea el Guadiana quien lleve su nombre hasta el Mississippi. Ojalá su música siga viajando. Ojalá nuevas generaciones descubran su voz y el tiempo coloque a Gene García en el lugar que merece dentro de la historia cultural de esta tierra.

Gene Forever.

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